El Magazín Cultural

25 Feb 2020 - 5:25 p. m.

Rumbos y derivas de Héctor Calderón Bozzi

Exhibición de pinturas que define como: Umbrales, grietas,  naufragios y retratos en construcción en el Museo Naval del Caribe en Cartagena.

Pilar Cabrera

Una de las obras de Héctor Calderón Bozzi de la muestra "Derivas", que se exhibe en el Museo Naval de Cartagena, y consta de 23 pinturas al óleo y ocho mosaicos en rakú, una técnica japonesa de cerámica que coprodujo con el ceramista Jaime Villa, de Barichara.  / Deigo Garcés
Una de las obras de Héctor Calderón Bozzi de la muestra "Derivas", que se exhibe en el Museo Naval de Cartagena, y consta de 23 pinturas al óleo y ocho mosaicos en rakú, una técnica japonesa de cerámica que coprodujo con el ceramista Jaime Villa, de Barichara. / Deigo Garcés

Héctor Calderón Bozzi, cartagenero de nacimiento, con amplio reconocimiento como arquitecto restaurador explora una nueva faceta del arte, que estará exhibida durante el mes de febrero en el Salón Cultural del Museo Naval del Caribe de su ciudad natal. La muestra Derivas consta de 23 pinturas al óleo y 8 mosaicos en rakú, una técnica japonesa de cerámica que coprodujo con su amigo el ceramista Jaime Villa, de Barichara. Son pinturas abstractas, aunque tienen referentes en la realidad. Su autor las define como umbrales, grietas, naufragios, mosaicos y retratos.

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No es casual que la muestra sea presentada en el Museo Naval del Caribe. Ha despertado su interés desde que realizó estudios de diferentes construcciones para elegir el tema de su tesis de grado para optar por el título de arquitecto de la Universidad de los Andes. El edificio fue construido por la Compañía de Jesús hacia 1603, 70 años después de la fundación de Cartagena y tuvo la particularidad de ser la única construcción -además de las bóvedas- que se hizo sobre la muralla. Las protestas de los militares a la corona hicieron eco y el rey de España declaró que el edificio debía de ser demolido porque exponía la seguridad de la ciudad. “Ninguna construcción podía estar sobre la muralla porque la muralla cumplía con un patrón defensivo y militar. Para dirimir el conflicto, los jesuitas durante 10 años apelaron esta decisión hasta que el rey aceptó que se construyera una segunda muralla”, comenta.

Calderón Bozzi es un apasionado del conocimiento. La antropología, la biología, la literatura y los viajes son su pasión a la que ha dedicado más de la mitad de su vida.  “Si no hay una filosofía detrás de la arquitectura, no hay arquitectura, si no hay una argumentación y un ideario, entonces la arquitectura se vuelve un ejercicio ligero, insulso, incluso, inútil”,comenta.

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Ha construido proyectos y estaciones científicas en muchas áreas naturales protegidas en diferentes partes del país, donde enseñó a edificar con madera a los pobladores para que sirvieran de constructores. En 1993 participó en el proyecto del “Expreso del hielo” una quimera que llevó a Manu Chao y a un grupo de teatreros franceses en un tren con un vagón que producía hielo y uno que despedía fuego, desde Santa Marta hasta Facatativá durante 45 días presentando una obra de teatro en los pueblos del recorrido.

Arquitecto restaurador

Manifiesta que más que un arquitecto restaurador es un arquitecto reciclador, ya que la restauración la ve como algo más purista y formal, y el reciclaje en cambio, como algo que además de restaurar, transforma. Ha transformado viviendas y construcciones en los barrios bogotanos de La Soledad y La Candelaria, Cartagena, Barichara y Madrid.

El Espectador conversó con él sobre la exploración personal materializada en Derivas que se exhibe en el Museo Naval del Caribe en Cartagena, donde nos muestra su nueva faceta que es la de pintor, un oficio que ejerce como labor complementaria a la de arquitecto desde hace 16 años y al que considera más una experimentación y una introspección. Conversa con voz suave y pausada, con mucho respeto hacia el oficio de pintor en el que se considera un diletante, un investigador.

¿Qué lo llevó a la pintura?

Vengo de una generación de arquitectos en la que estamos más entrenados para “pintar” los proyectos que para expresarlos en un computador.
La mano y las ideas espaciales están íntimamente conectadas. De todos modos dibujar, y después pintar, fueron siempre complementos perfectos al ejercicio de la profesión en sí. Empecé a pintar con acrílicos hace unos 15 años, y hace 5, con óleos, siempre autodidacta, si es que semejante categoría en verdad existe, y en privado, para mí, para ahorrarme los psiquiatras. Siempre abstracto, también, hasta que aparecieron esas especies de retratos.

A instancias de amigos afines, Calderón Bozzi realizó hace dos años una primera exposición en Babel, un lugar especial de Asturias. A continuación se desencadenaron, casi sin planearlo, exposiciones también individuales en la Tabacalera de Madrid y en la Galería Balmes de Chamberí, también en Madrid, donde como secuela hubo una extensión a una colectiva, todas ellas con cierta resonancia. Entre tanto se produjo la gestión para presentar los  trabajos en el Museo Naval del Caribe, que están abiertos al público hasta el 1º de marzo  

¿Cómo funciona ese espacio íntimo en el que desarrolla su trabajo como artista?

Soy un poco anárquico y desordenado en esos ritmos. Tengo la suerte de contar con magníficos estudios en Barichara, Cartagena y Madrid, entre los cuales roto durante el año de un modo que parece aleatorio.
El único ritual es el vacío, la soledad y el silencio, inherentes a esta especie de convocación de imágenes que surgen un poco a su antojo a través de las telas. Por cierto, no logro identificarme con la palabra “artista”. Me siento más como un diletante de la pintura que navega entre intereses existenciales y siento un gran pudor con mis amigos pintores profesionales.

¿Qué significa regresar a Cartagena su ciudad a presentar esta muestra y además en el espacio del Museo Naval?

Nací y crecí en Cartagena de Indias. Mi padre fue marino, y una parte de mi vida estuvo relacionada con temas del mar. Mi estudio queda a pocas calles de distancia. De cierto modo nunca me he ido de esta ciudad pues he vivido a pedazos en los últimos 15 años en Cartagena. Significa muchísimo. Una manera de conectarme con mis padres también, a quienes extraño de un modo especial en este momento.

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¿Por qué se llama Derivas esta exhibición? ¿En qué consisten las series que presenta en sus pinturas: umbrales, grietas, naufragios, retratos?

El nombre lo encontró Víctor Sánchez, artista colombiano que vive en España, aludiendo un poco al transitar entre una y otra vertiente pictórica, a ese tejido con la vida que explica y posibilita el arte. Un poco asociando a los significados del espacio donde se expone y a la definición de “deriva” como término náutico. Todos los temas abordados son en realidad el mismo, el interés en lo que no está a la vista, en los pliegues de lo visible, en las zonas difusas de la realidad, que es de lo que se trata lo abstracto: de la realidad. Fijándose, se notaría que los umbrales están relacionados con las grietas, estas con los naufragios y los mosaicos, y los retratos con los primeros, todos interconectados, y todos partiendo de ideas y conceptos aunque se hayan terminado bautizando con referentes figurativos.

¿Por qué la exhibición tiene piezas con la técnica de Raku? ¿Qué explicación hay en el Raku que le interese?

Viajando por el Orinoco y por Islandia encontré muy sugestiva la línea que separa del origen de la vida y exalta el valor de la alquimia. Luego conocí
conocí el Raku de la mano de mi amigo Jaime Villa, prácticamente coautor de estas piezas, sentí que era una manera de meter las manos en esos procesos casi geológicos, que se caracterizan por la combinación de una parte planeada y otra accidental o aleatoria, aunque irrestrictamente anclada a la precisión de las reacciones físicas y químicas.

¿Cómo funciona la técnica con la que trabaja sus pinturas?

Todos los colores contienen a los otros colores, los preparo con unas fórmulas que me he inventado antes. En esta exploración intento lograr una estructura y una coherencia tanto formal como cromática. Todo es parte de un proceso experimental, hay una pretensión, eso es lo interesante. Hay una estructura cromática que trata de unir los opuestos. Es una exploración que trata de la unión de las cosas diferentes, del lugar en que se encuentran

¿Qué relación hay entre su trabajo como arquitecto y su obra? ¿Dónde confluyen?

La arquitectura, que sigo ejerciendo y amando, es de donde emanan algunas de las reflexiones claves de la pintura. Muchas de las aproximaciones en pintura tienen acentos en la espacialidad. La esencia de la arquitectura es también invisible, como su nombre lo indica, que significa algo así como “más allá de lo físico “. O sea que hay una “estructura invisible” que sostiene lo que vemos y denominamos como arquitectura.
En la pintura diría que hay un fenómeno análogo, donde lo eminentemente físico y sensorial surge de algo conceptual y mental. Está sostenido en una estructura que no vemos a simple vista. Un buen ejemplo de la incidencia de la arquitectura sobre la pintura es la serie Umbrales. También diría que ambos oficios se complementan, y que me aportan la distancia justa para enriquecer al otro.

¿Cuál es la relación de su trabajo pictórico con el color?

Después de todo este palabrerío que uno habla de la poesía y yo qué sé, como cosas intangibles, inasibles, yo creo es en este mundo físico. Y nada más físico que la óptica y la percepción del color. El color es la evidencia más contundente  de que estamos en un mundo físico. Una de las manifestaciones más rotundas de que esto es una cosa física y ya. Un cuadro es como una celebración de la vida, un acto primigenio de observar y ejercer la forma física como estamos en el mundo.

 

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