Imaginen por un momento que empiezan una travesía que los va a llevar desde Camerún, África, hasta un país de Europa, que lo harán sin conocer el camino, con unos pocos ahorros, con mucha incertidumbre y que el mayor aliciente es encontrar un lugar pacífico en el que los acepten con su color de piel, su religión y su nacionalidad y que, sobre todo, les den la oportunidad de estudiar.
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Eso fue lo que hizo el camerunés Sani Ladan cuando, a los 15 años y sin decirle nada a sus padres, Hannatu y Moussa, abandonó su país porque allí no era posible lograr la educación de calidad que él soñaba. Sólo dos años después de su partida, y ya viviendo en España, se comunicó con su familia para avisar que estaba vivo.
Hoy, Ladan tiene 31 años, se graduó de Relaciones Internacionales y Educador Social y trabaja como analista internacional e investigador especializado en temas de Oriente Medio y África. Es también panafricanista, antirracista y activista por la defensa de los derechos humanos, miembro de la Asociación Elín (Ceuta) y creador del podcast “África en 1 click”, que se encuentra en todas las plataformas de streaming.
Ladan es autor del libro “La luna está en Duala. Y mi destino en el conocimiento” (Penguin Random House, 2023), presentó recientemente su libro en Colombia. Además, junto a Laura Restrepo, conocedora de varios países africanos, ofrecieron al público una conversación que abrió los sentidos del público hacia los temas del mundo que deberían estar en la agenda social y política de cualquier país: la migración, los derechos humanos, el dolor, la empatía y la necesidad de unir nuestros pueblos, no importa qué mares nos separen. Durante su estadía en Armenia, en el marco de los encuentros organizados por el Teatro Azul, el escritor asistió a la obra “Entre Líneas”, creada por el director del teatro, Leonardo Echeverri, y en buena parte inspirada en la experiencia del exilio del escritor.
El Espectador habló con el escritor camerunés en Armenia antes de su retorno a España.
¿Cómo se sintió en Armenia?
Venía con muchas expectativas y puedo decir que se han cumplido. He estado muy bien en todos los sentidos de la palabra. Aquí he podido conectar con la naturaleza, estar con la gente y creo que he cumplido el propósito que me traía aquí.
¿Qué sintió al ver representada una parte de su vida en la obra “Entre Líneas”?
Cuando uno hace frente a esto, va con recelo porque se toca tu vida, se toca tu historia y entonces uno se pregunta si la cuidarán o si es solo algo sensacionalista, porque esos temas son muy delicados. Pero me sentí bien, orgulloso y honrado. Para mí es un honor ver que, al otro lado del Atlántico, la gente tiene una preocupación común por los derechos humanos y también quiere hacer visible la realidad de las personas migrantes.
Lo que, además, demuestra que la migración es un tema universal, que no importa de dónde salimos y hacia dónde vamos, al final, terminamos siendo los mismos seres humanos unidos por la misma preocupación, por los mismos intereses, ¿verdad?
Claro, la migración es algo inherente al ser humano, siempre hemos migrado de una manera u otra por un motivo u otro. Lo que pasa es que en la época en la que estamos viviendo se está criminalizando un tipo de migración, porque no se criminaliza toda la migración, sino que es generalmente la que viene del sur global hacia el norte global y también la migración de la capa de la sociedad más vulnerable.
Su libro “La luna está en Duala. Y mi destino en el conocimiento” empieza con lo siguiente: “Te invito a guardar silencio (…) traslada tus pensamientos, solo un momento, hacia las víctimas de las fronteras de todo el mundo. Asimismo, te ruego que mandes fuerza a todas aquellas personas que, en estos instantes, están iniciando su proceso migratorio, también a las que ya se encuentran de camino, en la más absoluta soledad, lejos de sus seres queridos y de sus tierras, porque se vieron obligadas, o por la necesidad de mejorar sus vidas”. Esta también es una invitación a la empatía que es escasa frente a los migrantes. ¿Está de acuerdo?
Esa invitación la hice precisamente para que, antes de empezar la lectura, la gente entendiera que está entrando en un espacio sagrado, el espacio de la vida de las personas migrantes, el espacio donde las personas que lo han dejado todo quieren que, cuando lea esto, no les vean como víctimas, sino como sujetos políticos, sujetos de derechos. A través de esta lectura, el lector puede tomar conciencia, no solo de todo lo que hace que la persona tenga que salir de esta manera, sino también se acerque y sienta, aunque sea un poco, lo que viven las personas cuando deciden dejar su hogar y sus seres queridos.
Este es un mundo lleno de denuncias, entre ellas, sobre las arbitrariedades e injusticias del sistema colonial que han vivido y padecido, entre otros, los países de África. Pero me parece que no son tantas las acciones para lograr, primero, sensibilizar al mundo frente a eso y, segundo, para lograr transformaciones reales. ¿Es así?
Es verdad esa afirmación primero, porque nos han enseñado que la colonización ya pasó y eso hace que la gente se haya relajado. Pero la colonización sigue existiendo a través de cómo hacen y deshacen, ponen y quitan los dirigentes en los diferentes países. El imperialismo, el saqueo de los recursos naturales son realidades que nos hacen ver, desde el sur global, que todavía seguimos bajo el yugo colonial. A veces son residuales, otras veces es a través de acuerdos políticos, económicos o comerciales. Y desde el sur global, todavía hay escasez de conciencia de que todavía no somos soberanos. Hablamos de la autodeterminación y la soberanía como algo del pasado, pero hoy siguen siendo cosas muy vigentes. Afortunadamente se está volviendo a hablar del tema, pero porque el imperialismo ha llegado a Europa. Cuando Trump señala Groenlandia, es cuando el mundo entero dice: “cuidado, está volviendo el imperialismo”, cuando realmente nunca se fue. Entonces, si se tiene que tocar a Europa para que la gente despierte, también es una buena señal.
¿Qué tal le pareció el anuncio que hizo el gobierno español la semana pasada sobre la regularización extraordinaria para cerca de quinientos mil migrantes?
Es una decisión política muy valiente, pero, al mismo tiempo, no es mérito del gobierno español. Esto es mérito de la lucha de las personas migrantes y de los colectivos, que desde el año 2020 introdujeron la iniciativa legislativa popular para recabar firmas y exigir que se debatiera en el Congreso la regularización a las personas migrantes. Esa idea se llevó en ese momento porque durante el Covid las personas migrantes eran las que trabajaban en primera fila, en el campo recogiendo frutas y verduras para que los españoles de bien se pudiesen confinar en sus casas sin poner su vida en riesgo. Así se demostró que fue gracias a los migrantes que se sostuvo el país durante la pandemia. A partir de ese momento se organizaron en colectivos para llevar a cabo esa iniciativa. Ahora bien, también hay que reconocer que fue valiente y generoso de parte de Pedro Sánchez porque estamos en un momento en el que en Europa hay un auge de la xenofobia. Entonces, que un gobierno de este paso es de valorar positivamente.
Sobre ese tema entrevisté para este periódico a Daniel Sánchez, abogado experto en Derecho de Extranjería, quien me dijo que es más fácil para un migrante iberoamericano acoplarse a las costumbres españolas por el idioma y la religión católica, en contraste con un migrante africano, por ejemplo. ¿Qué piensa de eso?
Esa tesis es ambigua. Guinea Ecuatorial es África y fue colonia española. No podemos hablar de África como un todo porque, al final, si un ecuatoguineano viene a España, es católico, habla español, fue colonia española y también se acoplaría igual que la persona de América Latina. Ahora, en temas de políticas migratorias por la ley de extranjería en España, sí diría que en algunos aspectos es más fácil para las personas de América Latina acogerse a ciertas políticas que favorecen la integración. Por ejemplo, las personas de América Latina pueden solicitar la nacionalidad con solo dos años de residencia legal en España y eso es diferente en relación con lo que pasa con cualquier otra persona migrante. En cuanto a la adaptación a una cultura, yo no creo que esto tenga que ver con una religión o una región determinada. Esto va en las propias personas. Por ejemplo, el hecho de que los migrantes vivan entre ellos, es algo natural del ser humano y eso lo utiliza mucho la extrema derecha en España para dividir a los migrantes, para hacer ver que hay migrantes buenos que sí se adaptan y son más cercanos y hay otros que vienen de culturas arcaicas y que no se pueden adaptar por mucho que se haga.
En una entrevista reciente en la BBC usted señaló que, si trasladamos el acto de migrar hacia una mirada racial, “el negro es un sujeto al que hay que disciplinar; de ahí los látigos en la época de la esclavitud. Cuando decides salir queriendo desafiar al sistema, tengo que hacer lo que históricamente he hecho: disciplinarte; de ahí la utilización de la violencia en la frontera, que se ha normalizado contra ciertos cuerpos, los cuerpos negros, en este caso”. ¿Cómo se puede transformar esa realidad?
Hay que transgredir las normas. A mí no me gusta quedarme en mi sitio y, como digo siempre, las personas migrantes, las personas del sur global, las personas negras no se tienen que quedar en el sitio donde se supone que es su sitio. Hay que transgredir esas normas y esos sistemas porque es la única manera de conseguir derechos. Los derechos no se regalan, se arrebatan.
Hay que seguir diciendo que no es normal el hecho de que una mercancía tenga más derecho a moverse que una persona. Yo lo digo muchas veces: para que África se levante, Europa tiene que caer. Hay una generación de africanos que no van a aceptar que la historia se repita una y otra vez. Hay un despertar de una juventud muy consciente en el continente africano que está poniendo debates sobre la mesa que antes no se ponían.
África es un continente de treinta millones de kilómetros cuadrados, tiene 55 países con 1.500 millones de habitantes y 2.000 lenguas y, aún así, es poco, cuando no malo, lo que trasciende para el resto del mundo. ¿Por qué cree que pasa eso?
Primero, porque cuanto más lejos y más desconocido es algo, más miedo genera, y eso es lo que ocurre con el continente de África. El continente africano no es desconocido para los dirigentes europeos. Ellos lo conocen perfectamente, incluso mejor que algunos africanos, pero alejan a sus ciudadanos de conocer la verdadera África. Si se conoce un lugar, si se conoce lo que puede dar, puede haber una conexión entre ciudadanos y eso es lo que no se quiere. Yo estuve leyendo la prensa colombiana cuando Francia Márquez anunció su viaje a África y me entristeció muchísimo. Se me caía el alma a los pies de ver la visión tan equivocada que tiene la gente. Leía los periódicos y los comentarios en las redes que decían a qué va esta señora, es que va a buscar a sus ancestros, que no nos traiga enfermedades aquí, etc., y te das cuenta de que hay un enorme desconocimiento que impide las relaciones humanas. Entonces, yo abogo más por el hecho de que los pueblos se conozcan, pero no nos podemos conocer si no nos contamos como somos realmente. Esa es la labor que hago a través de mis divulgaciones, a través del pódcast, yo quiero que la gente conozca la verdadera África porque es la única manera que hay para tumbar el muro que tienen delante, los prejuicios, los mitos alrededor de ese continente. Lo que quiero es que la gente diga que quiere viajar y conocer África.
También el continente se ha visto afectado por una histórica desinformación que ha enriquecido la prevención contra los africanos.
Sí y eso es algo histórico que empezó con la época de la Ilustración. Los autores de la ilustración han hecho mucho daño a África con sus relatos. Yo recuerdo que en Camerún se exige que leas lo que se ha llamado la intelectualidad universal. La primera persona que conceptualiza la idea de una África negra oscura, sin historia, estática, sin movimiento, es Hegel. Es cuando él dice que Europa tiene su historia, Australia tiene su historia y África es ese lugar que no tiene historia y que fue Dios el que le dio África a Europa para que la civilizaran. Y esto hizo que, poco a poco, la idea de esa África, donde nada bueno puede salir de ahí, se pasara de generación a generación. Un ejemplo es que se decía que la civilización en Egipto era muy avanzada para ser de África. Se decía incluso que las pirámides las habían construido extraterrestres para no aceptar que las habían hecho los africanos. Cuando vas a Egipto, te das cuenta de que todos los faraones, las estatuas, no tienen la nariz porque se la han quitado. Un autor senegalés llamado Cheikh Anta Diop, fue quien trabajó el tema para demostrar que los antiguos egipcios eran negros.
El podcast que usted creó “Africa en 1 click” tiene como objetivo situar a África en el lugar del que nunca tenían que haberla desplazado. ¿Lo está logrando?
Yo puedo decir que sí. Empecé a hacer “África en 1 click” en mi habitación de estudiante porque tenía que hacer un trabajo sobre África y no quería buscar fuentes en francés o en inglés. Me empeñé en buscar fuentes en español y no había absolutamente nada. En aquel momento, cuando yo era estudiante de Relaciones Internacionales, África era una asignatura optativa en la universidad y una de mis primeras luchas fue hacer que África pasase a ser una asignatura obligatoria con los créditos que tienen una asignatura normal en España. Al final lo logré y creé el pódcast con el fin de hacer algo divulgativo para que esa África llegara a la gente. Hoy en día se está consiguiendo porque se escucha en muchos sitios y es también la magia de esa democratización de la voz de la digitalización. Lo más bonito es cuando me escriben docentes de distintos países y me dicen que han utilizado el pódcast en sus clases para visibilizar y trabajar cosas relacionadas con África.
A veces parece que la educación se está volviendo un valor social poco apreciado. ¿Qué le podría decir a los lectores sobre la importancia de la educación?
Hay una frase que creo que es de Mandela, que decía que la educación es el arma más poderosa que se puede utilizar para el despertar de una sociedad. Yo creo en esta frase porque muchos sufrimientos se evitarían si le diésemos el valor que se merece la educación. Para mí todo parte de ahí, ya sea a nivel de la educación que recibes en casa o a través de la educación obligatoria. Y pienso que esta última no es la única educación válida. Por ejemplo, mi proceso migratorio fue también mi educación. La universidad es importante, pero muchas veces, la educación de la convivencia, de cómo veo al otro, lo aprendemos socialmente y eso no lo tenemos que dejar de lado. Cuando yo entro en el campo con mi abuela, ella me enseña lo que estoy seguro de que un ingeniero agrónomo no me puede enseñar porque no tiene la sabiduría ancestral. Tenemos que poner el foco en la diversidad de lo que entendemos por educación.