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Ángel Salazar: “Siempre algo dentro de mí no me dejaba tocar fondo”

Desde 2008, Todo Copas, agrupación de hip-hop, organiza el Festival de Arte Callejero, que busca dignificar a los habitantes de calle, acercando la música y el arte a esta población.

Danelys Vega Cardozo
05 de agosto de 2022 - 09:00 p. m.
En este 2022, Todo Copas, la agrupación a la que pertenece Salazar, cumple 15 años.
En este 2022, Todo Copas, la agrupación a la que pertenece Salazar, cumple 15 años.
Foto: Jose Vargas Esguerra

Usted logró superar su etapa de habitabilidad de calle gracias a la música, sobre todo al rap. Hablemos un poco acerca de esto.

Yo, por diferentes circunstancias de la vida, quedé huérfano a los doce años, tanto de papá como de mamá. Estaba solo con mi mamá y ella falleció cuando tenía doce años. Nosotros vivíamos en un sector que era conocido como el Cartucho. Pasé por algunas instituciones, pero no me amañé en ninguna, entonces empecé a habitar la calle. Debido a eso pasé por muchas circunstancias difíciles, por hambre, por necesidad, por sentirme como un cero a la izquierda en la sociedad. En algún momento llegué a perder todo tipo de esperanza de que iba a lograr algo en la vida. Tiempo después conozco al difunto padre Javier De Nicoló, que tiene una institución en donde me dieron la oportunidad de empezar a estudiar, de tener un techo, y a pesar de toda mi renuencia me di cuenta de que tenía que aceptar algo así porque si no, iba a estar mal. Ya estando en esta institución comienzo a conectarme más con el rap, con el freestyle, entonces comienzo a hacer improvisaciones.

Quiero retomar lo que acaba de mencionar con respecto a las pérdidas familiares. ¿Cómo le afectó eso a usted?

Yo crecí solo con mi mamá, no tenía más familia. Cuando ella llegó a Bogotá estaba sola en la ciudad, su familia la había dejado en Ibagué. Nunca más tuvo contacto con ellos, entonces por esa misma razón yo tampoco tuve contacto con esas personas. Con mi mamá nos tocó guerrearla solos. Entonces por problemas de salud mi mamá fallece. Esa fue la única y más grande pérdida, pues porque era mi madre. Decía yo, hace poco, que si mi mamá me viera creo que estaría orgullosa de mí, porque si bien tengo muchos defectos —por eso no me gusta venderme como el redentor—, he logrado salir adelante, no me quedé en la calle, no me quedé en un andén pidiendo monedas o limpiando vidrios o los cientos de trabajos que he tenido. Entonces, las pérdidas familiares fueron básicamente mi mamá, pero también amigos que estuvieron conmigo cuando viví en la calle, que fueron víctimas de la violencia policial y fueron violentados y asesinados, amigos que murieron por la misma situación de droga. Todas esas experiencias lo van construyendo a uno y van construyendo las letras y los contenidos que uno divulga a través de sus canciones.

Debe ser tal vez muy curioso pensar en que uno pudo ser uno de ellos, una de esas muertes…

Exacto, una cifra más o un NN en alguna esquina; afortunadamente no fue mi caso. Si bien pasé por circunstancias muy cercanas a la muerte, en algunos momentos en que yo dije “aquí me mataron o aquí me maté”, la vida me daba una cachetada, luego me halaba y me decía: “¿Y entonces?, ¿va a seguir así o qué?”. Yo como que recogía un poquito de eso y decía: “No, debo mejorar en este aspecto”. Durante muchos años fui construyendo la persona que soy hoy en día y sigo construyendo la persona que seré en unos años.

¿Qué le enseñó la calle?

A sobrevivir, a no confiar, a reconocer la resiliencia de sus habitantes, a reconocer las oportunidades, a enfrentar la adversidad, a no evadir los problemas cuando uno es el mismo causante de estos, a no evadir las responsabilidades y el autocompromiso. La calle también me enseñó que es dura como un “berraco”; es difícil, pero también tiene un lado muy humano que es el que está constituido por muchas personas que han llegado a la calle por diferentes situaciones adversas de la vida, quienes también están buscando una luz y ese camino que les ayude a salir de esa situación. También hay personas que están ahí por decisión propia y por gusto, que ven la calle como su único mundo y no quieren salir de ahí, y es algo muy respetable y también valioso porque es renunciar y ser una persona que dice: “no soy de este sistema”.

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Durante su etapa en la calle para sobrevivir usted llegó a vender sustancias psicoactivas, y aunque también consumía, no llegó a quedarse ahí como un adicto…

Sí tuve períodos de adicción, decir que no sería mentirte, sí los tuve, pero los pude superar.

¿Cómo?

Con la música, por ejemplo. Cuando estuve fuertemente pegado a una sustancia, veía que en el rap no se me veía bien llegar todo vuelto nada a una presentación o a una improvisación o a un escenario, también veía que muchos de mis amigos que me estaban tendiendo una mano en ese momento, me empezaban a perder la fe, porque veían que yo, ni para un lado ni para otro, sino como estancado. El darme cuenta de todas esas situaciones me abrió los ojos. Y si bien no llegué a cargar un costal o a estar sucio, habité la calle, pero siempre tenía ese llamado dentro de mí de no dejarme hundir: siempre buscaba un espacio donde bañarme, fuera la casa de alguien, una institución del Distrito, había varias oportunidades o personas o amigos o instituciones que me ayudaban con eso. Siempre algo dentro de mí no me dejaba tocar fondo.

¿Qué cree que lo impulsaba a no dejarse hundir?

Hubo varios factores. Un llamado dentro de mí que no contemplaba verme hundido, si bien yo estuve muchas veces muy grave, había una vocecita que me decía: “Ángel, no”. Después aparece la música y toda la motivación que me empieza a dar la gente. (…) En la época que salió la canción “Todo Copas” yo todavía tenía problemas muy fuertes de adicción, de calle, de andar en malos pasos, pero ver cómo la gente en verdad creía en mí empezaba a motivarme, también conocí personas que me aconsejaron, que me ayudaron con oportunidades de trabajo, y aprendí ese valor del trabajo y de uno también ganarse las cosas por mérito. Entonces, pues, claro, llega la música y me dice: “sí se puede, Ángel. Hágale, todo bien. Va por buen camino”. (…) Yo he pasado incluso por depresiones donde he dicho: “no he logrado lo que quisiera, yo a esta edad ya me imaginaba un poco mejor”, pero uno por tonterías o por cosas infantiles a veces desconoce todo lo que le ha tocado pasar (…) Hay que perseverar, hay que luchar y no esperar en la cama a que todo le llegue. Muchos colegas cometen ese error de creer que solo es el talento y no es solo eso, es el talento cuando tú lo sumas con el esfuerzo y lo multiplicas por el trabajo y las acciones que realizas para cumplir con ese objetivo, que da como resultado llegar a concretar metas.

Mencionaba que a veces tiene periodos de depresiones en donde siente que no ha alcanzado lo que usted quisiera. ¿Qué es eso que no ha logrado?

Yo a estas alturas quisiera vivir de la música, levantarme a trabajar, pero al estudio. Si bien yo soy muy agradecido con la vida, porque ha sido muy amable conmigo y me ha permitido; por ejemplo, ahorita trabajar en algo que me gusta. Yo hago trabajo social, trabajo comunitario, trabajo con proyectos de cultura ciudadana, con proyectos de gestión social y cultural en los territorios; eso me gusta y me apasiona y no está mal, pero a veces quisiera vivir de la música. En algún momento se dará porque estamos en la búsqueda de ese objetivo.

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Algunos dicen que la música que hace “Todo Copas” es rap conciencia. ¿Qué opina al respecto?

No, a mí no me gusta encasillar el rap. Yo tengo una frase que dice: “Yo no hago rap conciencia, yo hago rap con coherencia”. Me gusta ser más coherente con lo que digo. No me puedo vender como ese ejemplo de conciencia. No podemos hablar de una conciencia como tal, cuando a nosotros todavía nos gusta hacer ese rap de calle. Y si bien nuestras temáticas han cambiado a través de los años y hemos cambiado algunos aspectos de nuestra creación y hacemos ya una música que trata más es de hacer un llamado de atención, como despertar a mucha gente o dejar nuestro punto de vista sobre diferentes situaciones de la sociedad, nosotros hacemos rap de la calle para la calle, pero no me gusta encasillarlo en esos términos de rap conciencia, porque conozco muchos raperos que cantan este tipo de rap y en su casa son malas personas, entonces prefiero ser coherente.

¿Para qué la música que hace?

Primero que todo, para alimentar mi vida; me alimenta mucho, me llena de motivación y de ganas de seguir y de construir. Segundo, para que las personas se sientan identificadas con ella, puedan encontrar ahí un soporte, un mensaje, una voz de aliento, un llamado de atención, un lugar donde puedan refugiarse. Y tercero, para que sea una música que ojalá les llegue a muchísimas personas y que me permita algún día cumplir este sueño de vivir de la música. (…) Quisiera tener más tiempo de crear, pero espero en algún momento se dé esa oportunidad y pueda hacerlo como yo quisiera (…) Hay que reconocer también a los raperos y a los artistas en general que le apuestan a renunciar a todo por seguir ese sueño, yo lo reconozco como un acto de valentía.

¿Qué le hace falta para que también usted tenga ese acto de valentía?

No sé… Como te digo, lo que hago me gusta, me apasiona. No estoy en una empresa trabajando doce horas al día y me toca como un esclavo, si estuviera en esa situación no lo hubiera dudado mucho. Entonces, creo que lo que me frena es que lo que hago, me gusta. Si bien quisiera vivir de la música, lo que estoy haciendo no está mal, porque es un trabajo que me gusta, que me llena, y me pagan por eso, es una buena combinación. Si en algún momento la vida me pone en un escenario que sea realmente adverso con mis ideales o con lo que yo busco en mi vida, ahí sí le apostaría a irme solo por la música.

Hablemos un poco acerca del Festival de Arte Callejero, que surgió en el 2008, una iniciativa que busca dignificar a los habitantes de calle, acercando el arte y la música a esta población.

Nosotros reconocemos que no hay escenarios culturales abiertos para el habitante de calle (…) Quisimos hacer un escenario cultural en territorio que permitiera que ellos se sintieran parte activa y elemento indispensable dentro de la actividad. Entonces, nace la idea del Festival de Arte Callejero con unos elementos muy bonitos que con el paso de los años han ido creciendo, se han ido fortaleciendo. En un principio empezamos solo con música y olla comunitaria; un sancocho y conciertos de rap, más que todo. Después nos dimos cuenta de que no a todo el mundo le gustaba el rap en ese escenario y comenzamos a diversificar, a buscar artistas que por su voluntad quisieran apoyar el escenario, entonces empezó a llegar la música popular, el vallenato u otros géneros que nos quisieran acompañar (…) Después se sumó el “ropero callejero”, que son donaciones de ropa de mis amigos o mía (…) A veces nos ha acompañado el doctor Rodrigo Meléndez, quien se ha dedicado a todo el tema de atención de salud a habitante de calle.

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Las letras de “Todo Copas” están cargadas de un fuerte contenido social. ¿Por qué?

Porque nuestro trabajo es muy social. Nosotros no nos quedamos solo en las canciones, sino que también pasamos a las acciones como con el Festival de Arte Callejero, pero sí creemos que el rap es una herramienta para llevarle el mensaje a muchas personas sobre lo que desconoce. Entonces, a veces mucha gente ni se imagina lo que está pasado a su alrededor y nosotros podemos decirles: “mira aquí pasan cosas”. Mensajes también de nuestra forma de pensar frente a la política, pero no a la política politiquera, sino como ser político, como nosotros humanos y habitantes de esta sociedad, que debemos adoptar una posición política más no partidista (…) Entonces es como llevar esos mensajes fuertes y recalcarlos para que muchas personas puedan salir de sus burbujas, puedan reconocer esa realidad o si ya la reconocen puedan ahondar en la necesidad y en la importancia que tiene reconocer que no todos tenemos las misma oportunidades.

De hecho, me gustaría que habláramos de una parte de la canción “Ni perdón ni olvido”, que dice: “De nosotros depende cambiar el rumbo de la historia, recordar a nuestros muertos, homenajear la memoria, buscar nuestra libertad, transformar la realidad, acabar con el monopolio que brinda necesidad”.

Esa canción tiene una connotación bien importante y es que venimos de muchas décadas de corrupción, de abuso de la fuerza pública, de paramilitarismo, de guerrilla, de facciones delincuenciales. Entonces, “Ni perdón ni olvido” es una canción con la que pretendíamos más que hacer un llamado a escoger un bando u otro es un llamado al cambio personal, (…) Siempre tener presente en la memoria a quienes han luchado y entregado sus vidas por las causas sociales, quienes han logrado que muchos de nosotros disfrutemos de los derechos y privilegios que tenemos como ciudadanos. Reconocer que esas luchas que se han gestado desde los sindicatos de los trabajadores, o los grupos organizados de personas, nos han permitido hoy, por ejemplo, contar con algunos beneficios a nivel laboral. Entonces, es un llamado a reconocer, también un llamado a la acción a la gente, a que como personas podemos transformar nuestra realidad desde lo micro hasta lo macro, desde cómo me comporto en mi casa hasta cómo me comporto en sociedad (…) Dejar actitudes fascistas, racistas, que solo nos dividen y crean brechas sociales.

También me gustaría que habláramos de la canción “Hoy quiero”, que lanzaron hace un mes. ¿Para qué destacar, como usted dice en la canción, “a los olvidados, a los que son ignorados, perseguidos y maltratados”?

Porque muchas veces pasamos por la calle y es como si ignoráramos todo lo que está a nuestro alrededor. Si bien uno quisiera tener el dinero para apoyar a todo el mundo, a todo emprendedor, pues no se puede. Entonces, es un ejercicio de resaltar a quienes son ignorados, a ese mesero que nos sirve el plato de almuerzo, a ese vendedor ambulante, a esa persona que está barriendo en la calle, al vigilante, a todas esas luchas y causas individuales que son muchas veces invisibilizadas por todos nosotros, porque muchas veces en el afán del día a día ignoramos eso (…) Esta canción de “Hoy quiero” es un brindis por aquellos que no pueden brindar, por aquellos que por estar en esa lucha de sus vidas no pueden a veces ser reconocidos por la sociedad (…) Por eso soy explicito y digo en la canción: “hoy quiero levantar mi copa por aquel que no puede, hoy quiero destacar a los que son ignorados, hoy deseo de corazón que el destino mejore y que los malos momentos se queden en el pasado”.

¿Cree que ese destino en verdad mejorará?

A veces tiendo a ser pesimista, pero a nivel global. Como sociedad es muy difícil que logremos rescatar muchos valores que se han perdido, como sociedad es muy difícil que se merme la ambición, es muy difícil que logremos hacer muchas cosas, pero desde el cambio que hacemos tú y yo como seres individuales podemos aportar y alegrarle el día a una persona. Los pequeños cambios creo que son los que suman y aportan. Creo que podemos hacer más amable nuestro paso por este mundo que es efímero. Somos un suspiro, pero las pequeñas acciones cambian realidades y los pequeños aportes transforman.

Danelys Vega Cardozo

Por Danelys Vega Cardozo

Comunicadora social y periodista de la Universidad de La Sabana con énfasis en periodismo internacional y comunicación política, y un diplomado en comunicación y periodismo de moda. Perteneció al semillero de investigación Acción social y Comunidades, bajo el proyecto Educaré.danelys_vegadvega@elespectador.com

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