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“Siervo sin tierra”, una obra en tensión

Una obra escrita por Eduardo Caballero Calderón para conocer el periodo de la violencia, más específicamente de la bipartidista, que se vivió entre los años 40 y 50 en Colombia.

Jahir Camilo Cediel Rincón
22 de diciembre de 2022 - 04:14 p. m.
Portada del libro "Siervo sin tierra": el tiempo narrativo de la obra es simultáneo al periodo de su creación, por lo que el texto mantiene vivas y frescas al día de hoy todas las imágenes y descripciones campesinas.
Portada del libro "Siervo sin tierra": el tiempo narrativo de la obra es simultáneo al periodo de su creación, por lo que el texto mantiene vivas y frescas al día de hoy todas las imágenes y descripciones campesinas.
Foto: Archivo particular

Cuando se pueda andar por las aldeas

y los pueblos sin ángel de la guarda (…)

Cuando la sombra que hacen las banderas

sea una sombra honesta y no una charca (…)

Solo en aquella hora

podrá el hombre decir que tiene patria

- Carlos Castro Saavedra

La violencia en Colombia es un asunto que nos acontece, nos interpela e interpreta, que nos atraviesa y radiografía en nuestros orígenes y desarrollo como nación; la violencia ha sido tan descarnada y visceral que pareciera que yace detrás de nuestra memoria y consciencia, por lo que desconocerla es ignorar lo que nos constituye. Personalmente, re-conocer el periodo de la violencia, y más específicamente de la bipartidista entre los años 40 y 50 por medio de Siervo sin tierra, de Eduardo Caballero Calderón, ha sido una experiencia enriquecedora.

Siervo sin tierra es un libro que Panamericana Editorial ha tratado con mucho mimo. Cuenta con una bella portada minimalista con tipografías texturizadas y en relieve; unas guardas diseñadas conceptualmente, por lo que son temáticas a la obra, e inicios de capítulo juiciosamente tratados, entre muchas otras cosas. Me gusta pensar en la expresión mimo porque hace parte de mis palabras rutinarias. Caballero Calderón hace lo mismo con su obra, donde habitan palabras que me transportan a una Boyacá rural, llena de neblina y cultivos, de seres maravillosos, amables y humildes que, afectados por la violencia, resuelven unirse cada vez más para evitar lo peor.

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El tiempo narrativo de la obra es simultáneo al periodo de su creación, por lo que el texto mantiene vivas y frescas al día de hoy todas las imágenes y descripciones campesinas, las cuales nos evocan una Colombia más simple, donde la mayor innovación es una pequeña y destartalada buseta que conecta municipios y pueblos con su ensordecedor rumor metálico. En este contexto literario, Siervo sin tierra es una obra intermedia, en constante tensión entre la ficción literaria y la crónica social, entre la narrativa particular de Siervo, su protagonista, y la violencia social, en medio del partido liberal y conservador, entre la esperanza que se anhela y la muerte que se aproxima.

Siervo Joya es un campesino que acaba de prestar el servicio militar, por ello decide volver a la tierra donde vivió él y su madre Sierva, quien cocinaba para la familia de Don Ramírez, dueño de las tierras de esa zona. Siervo es un personaje pobre, humilde, analfabeto y sumamente bondadoso quien, en compañía de Tránsito, su mujer, y Emperador, un perro que lo siguió durante el camino, vivirá en carne propia los inicios y desastres de la violencia bipartidista en Colombia. El nombre del protagonista es un indicador de su posición jerárquica en la obra; cuando llega a las tierras que lo vieron nacer, es obligado a trabajar para pagarlas a Don Floro, latifundista encargado por Don Ramírez.

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La violencia es presentada en el libro como una constante, que en un inicio actúa bajo el poder del dueño de la tierra, mientras que la violencia bipartidista es un leve murmullo trasero que pareciera funcionar tan solo como un contexto narrativo, una ambientación. Al final del libro la violencia provocada por godos y cachiporros es el eje central, de modo que esta somete a todos los personajes a sus horrorosas implicaciones. Siervo tan solo es una víctima de su tiempo, un personaje en tensión, los problemas que le habitan son producto de las preocupaciones del entorno, de ahí que Siervo sea un personaje tan valioso para la literatura colombiana porque es la más profunda representación de su tiempo y espacio. Él no posee ninguna tierra y su deseo más anhelado es tener ese puñado de metros cercados por palos, una gran piedra y un árbol de naranjo que él mismo plantó cuando era niño. No importan para Siervo las estafas, penurias y vicisitudes que tenga que pasar, la tierra es su deseo más querido; no importan el prestigio, valor social o reconocimiento entre los vecinos, lo que Siervo quiere es tener la tierra por una fuerza antigua, una nostalgia que lo ata a sus raíces más primigenias e inocentes.

La belleza de los paisajes, la vida que germina de los más humildes hogares y la bondad de los personajes hacen que quiera volver una y otra vez a Siervo sin tierra, queriendo caminar de nuevo junto a Siervo, explorando sus anhelos, sus miedos y sus más hondas preocupaciones. Siervo Joya somos todos en nuestro más antiguo recuerdo, él representa ese abismo pendiente de nuestra historia, esa herida aún por sanar, aquél todo que nos ha vuelto nada, aquella violencia que ha formado nuestra más profunda esperanza de seguir cambiando como individuos y como nación.

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Por Jahir Camilo Cediel Rincón

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