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7 Nov 2021 - 4:01 p. m.

Sonora novena profana y una ñapa contra la Dictadura (I Parte)

Cuando mi amigo Andrés Lautaro, maestro de la guitarra, me propuso una charla/concierto en torno a nueve canciones contra la Dictadura en América Latina, no dudé un instante en hacerlo desde esta columna, La Fábrica de Sueños.

Luis Carlos Muñoz Sarmiento* – Especial para El Magazín Cultural

Serú Girán – La banda hispánica
Serú Girán – La banda hispánica
Foto: Archivo particular

Se me vino encima una avalancha musical por causa de la memoria, ese dispositivo que permite recordar u olvidar, depende de qué lado de la dicha o de la desgracia esté uno. El proceso de organización de la lista definitiva planteó una dicotomía: hacerlo desde una perspectiva cronológica u otra aleatoria, es decir, según me iba surgiendo desde el recuerdo inconsciente, desde la libertad de la transmisión sináptica vía neuronas.

Así, la emoción me trajo a Daniel Viglietti, de Uruguay, con A desalambrar; Víctor Jara, de Chile, con El derecho de vivir en paz; Pablo Milanés, de Cuba, con Yo pisaré las calles nuevamente; Charlie García, con Los dinosaurios, León Gieco, con La memoria; Mercedes Sosa, con Como la cigarra; Víctor Heredia, con Sobreviviendo, los cuatro, de Argentina; Silvio Rodríguez, de Cuba, con Testamento; y Chico Buarque de Hollanda y Milton Nascimento, de Brasil, con Cálice. Y una ñapa lusófona: Renato Russo y Cazuza. Luego, al terminar el ensayo y pensar en un epígrafe hice un descubrimiento, lo que para Milan Kundera constituye la labor del crítico: “El crítico es un descubridor de descubrimientos”, dice. Ese descubrimiento fue el de la canción El desembarco, con letra de León Gieco y música de Luis Gurevich, frentero homenaje a las Madres de la Plaza de Mayo.

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A la luz del nexo canciones/Dictadura nada fácil sintetizar lo ocurrido desde 1964, cuando se instaló en Brasil “el día que duró 21 años” o la Dictadura de Castelo Branco, Ernesto Geisel y Garrastazu Médici, entre otros, que acabó con la presidencia legal de João Goulart, a causa de la injerencia gringa, hasta la actualidad. Aun así, algo se dirá sobre cada intérprete y su respectiva canción. Las nueve aquí escogidas, son de antología y tienen que ver con personajes, varios de ellos, que fueron víctimas directas de la dictadura: en su orden, Daniel Viglietti, por la de Bordaberry; Víctor Jara por Pinochet; Mercedes Sosa, por Videla; y Chico Buarque, por Garrastazu Médici.

Por su parte, Milanés, García, Gieco, Heredia y Rodríguez, tampoco la han tenido fácil en sus respectivos países bajo la lupa de diversos tiranuelos. Cada canción contiene su propio/diferenciado universo relacionado con el contexto nacional o mundial. Castelo Branco, luego, Da Costa e Silva, Bordaberry, Stroessner, Pinochet, y Videla, recibieron el apoyo logístico, económico, político, de EEUU para poner a andar en América Latina la máquina de muerte que hasta hoy no para, aun con los esfuerzos populares, de movimientos sociales, algunos sindicales, otros obreros, campesinos, negros e indígenas.

Tampoco podría desconocerse lo que, en Fosa Común, ex Colombia, ocurre desde el Paro Nacional 28A, esto es, desde abril de 2021, en plena epidemia vuelta pandemia, con un manipulador virus/negocio apartheidista y anti huelga y su vacuna divisionista, interesada y poco ‘filantrópica’ que viene rigiendo, a contra corriente, los destinos de los pueblos, sin contar para nada con la opinión de sus habitantes.

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Todo, bajo la égida de la globalización, esa suerte de abstracción/concreta o de oxímoron real que, poco a poco, desde la caída del Muro de Berlín, en 1989, y la desaparición de la URSS, en 1991, ha venido drenando la capacidad/resistencia de los Estados nacionales, bajo la trinca del poder económico empresarial (Corporaciones o transnacionales), sistema financiero, capital industrial, complejo militar/industrial carcelario y la industria farmacéutica: esta, la que pone o quita presidentes o dictadores, según sean vistos como tales por la que, desde 2004, ya no es la primera potencia del planeta, sino la segunda: EEUU, porque ya China la desplazó para a su vez dar fin al mundo bipolar (por neurótico) y establecer hacia adelante otro, multipolar.

I. A desalambrar: Una metáfora del golpe (literal)

Daniel Viglietti (1939-2017), fue un cantautor y guitarrista/violinista, considerado la voz de la música popular uruguaya (desde luego, sin olvidar a Alfredo Zitarrosa) y uno de sus mayores promotores desde el programa radial Tímpano y de TV Párpado. Viajero incansable, fue a su vez testigo de las luchas populares durante 1970 y 80, v. gr., en Nicaragua, desde donde dejó una versión en vivo de la que se considera un himno de la canción política, más que social o de protesta: A desalambrar, justo. Ella constituye una literal metáfora del ‘golpe’, la herramienta (anti)política más usada por EEUU por estos lares para instalar a los títeres que le animan la fiesta voraz del despojo, la expoliación, el vasallaje, la violencia y la muerte.

No puede olvidarse que previo al golpe de Estado ‘cí(n)ico militar’ del 73, Viglietti cayó preso en 1972 y que personajes como Sartre, Cortázar y Niemeyer (para no citar al fariseo de Mitterrand, que tanto tuvo que ver con la caída de Th. Sankara, en Burkina Faso), lideraron una campaña internacional por su liberación. Fue parte del semanario Marcha y fundó/dirigió el Núcleo de Educación Musical (Nemus). Se educó con los maestros Atilio Rapat y Abel Carlevaro, y quiso ser concertista, aunque pronto derivó hacia la ‘música popular’. 1963: produce su primer disco, Impresiones para canto y guitarra y canciones folclóricas, al que siguen cinco más hasta 1973 cuando se exilia en Argentina. Luego, vive hasta 1984 en Francia.

Durante el exilio, su labor de composición se ve afectada, los temas de esa época son grabados, todos, en vivo, en el disco Trabajo de hormiga, sigue su labor periodística y radiofónica, hace giras por el mundo y denuncia la dictadura de Bordaberry (1973-76). Volvió a Uruguay el 1.sept.1984. Miles de personas van al recital que él llamó ‘el más emocionante en 40 años de carrera’. Entre sus muchos trabajos posteriores, destaca el que hizo con Benedetti, en 1985, A dos voces, apenas uno de los muchos recitales del exilio que ambos compartieron. Debido a la compra del sello Orfeo (uno de los tres para los que grabó) por transnacionales con turbios intereses y contratos leoninos, sus discos anteriores a la Dictadura se hicieron casi imposibles de conseguir durante décadas.

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Apenas en 1999, tras largo juicio, recuperó sus derechos, remasterizó sus discos de los años 1960 y 70 y los reeditó en CD gracias al sello Ayuí / Tacuabé. Ya antes, en los 50 y 60 había grabado con Antar-Telefunken, sello de Uruguay/Alemania. Es importante señalar que A desalambrar fue grabado, primero, en un sencillo junto a Me gustan los estudiantes, en 1969, y que, al año siguiente, fue incluido en una reedición para el sello EMI. Luego, aparece en cinco discos más: Uruguay – Canciones para mi América y Tear Down the Fences, de 1973; Trabajo de hormiga, ediciones de 1986 y 2008; y en Canciones para el hombre nuevo, de 2001. Viglietti mezcla elementos de música ‘clásica’ y del folclor latinoamericano. Desde su segundo disco, Hombres de nuestra tierra, comparte trabajo con escritores; luego, musicaliza poemas de César Vallejo, García Lorca, Rafael Alberti y Nicolás Guillén, entre otros.

Aparte de A desalambrar, sus creaciones más conocidas son: Canción para mi América, Milonga de andar lejos y Gurisito. Su obra ha sido interpretada por artistas como Víctor Jara, Amparo Ochoa, Isabel Parra, J. M. Serrat, Alí Primera, M. Sosa, Chavela Vargas y Soledad Bravo. Los temas en A desalambrar se remiten, en lo básico, a la (eterna) lucha por la tierra; esta, para el que la trabaja, no desde una óptica socialista/comunista, sino de simple justicia social y laboral; las manos que producen deben ser depositarias de los frutos que se cosechan; las alambradas físicas (y culturales: Cortázar) deben desaparecer para que la tierra sea, por fin, de todos; y que si el autor causa disgusto/malestar a alguien, el disgustado/inconforme tiene que ser un ‘gringo’ o uno de los dueños del Uruguay. De ahí, una (literal) metáfora del golpe. (1)

II. Víctor Jara (Chile) – El derecho de vivir en paz

Si hay una víctima propiciatoria de la dictadura de Pinochet, entre tantas otras, fuera de Pablo Neruda, esa es Víctor Jara (1932-1973), figura egregia de la canción social o ‘protesta’, como quiera llamarse, pero con la que no se identificaba. Hijo de campesinos, su lugar natal es incierto pues, aunque él aseguraba que nació en Niblinto, no se sabe si fue en San Ignacio, o Quiriquina.

Se sabe, sí, que fue en Ñuble, como dijo en Moscú (1970): “Yo nací en el sur de Chile, en la provincia de Ñuble, […] provincia muy lluviosa y también sacudida por terremotos. Mis padres eran inquilinos en un fundo y mi madre fue la que me estimuló en la música porque ella cantaba, en la casa siempre había una guitarra. Más adelante, cuando yo [tenía] 12 años y por razones de trabajo, nos acercamos a la capital”.

De Ñuble su familia salió para Lonquén y, más tarde, para Los Nogales, donde tuvo como compañeros de primaria a Julio y Humberto Morgado. Cuando Víctor desertó del estudio, la familia Morgado le ofreció trabajo en su fábrica de muebles, como transportador. Con apenas 15 años, pierde a su madre, Amanda Martínez (de ahí Te recuerdo Amanda / la calle mojada / corriendo a la fábrica / donde trabajaba Manuel), lo que significó la disolución de la familia y su ingreso al seminario, que abandonó dos años después por falta de vocación. Allí, aprendió el canto gregoriano y la liturgia y de ahí pasó a la milicia. Convivió tres años con la actriz Gabriela Medina. Al ingresar al coro de la U. de Chile, hizo parte del montaje de Carmina Burana, obra profana del repertorio operístico, para dar inicio a su labor como investigador y recopilador de folclor. Con 24 años se unió a la Compañía de Mimos de Noisvander e inició estudios de actuación y dirección en la Escuela de Teatro de la U. de Chile. Sin tener dónde dormir, pernoctaba en cercanías de la Escuela. Un año después, en 1957, ingresa al grupo de folclor Cuncumén, conoce a Violeta Parra y es animado por ella a seguir su carrera musical. Fue director artístico de Quilapayún entre 1966 y 69 y hasta 1970 solista en la Peña de los Parra. En 1969, monta Antígona, de Sófocles, con la Escuela de Teatro de la U. Católica.

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Con Plegaria a un labrador, obtiene el 1er premio en el primer festival de la Nueva Canción Chilena. Viaja a Helsinki y participa en un acto mundial de protesta contra la guerra de Vietnam, además de presentar el álbum Pongo en tus manos abiertas, en el que figura Preguntas por Puerto Montt que se inspira en la masacre de Pampa Irigoin, donde once personas fueron asesinadas por la represión de Frei, predecesor de Allende. Al asumir éste, Jara es nombrado ‘embajador cultural’, y en el 71 compone la música para el ballet Los siete estados, de Patricio Bunster, puesto en escena luego por el Ballet Nacional. Con el sello Dicap, editó El derecho de vivir en paz, Laurel de Oro a la mejor composición del año. La canción como manifiesto. Una declaración de amor y ya se sabe, por el Che, que el amor es el sentimiento revolucionario por excelencia. Tributo a Ho Chi Minh y a su pueblo que en 15 años de guerra sacó a EE. UU. de su tierra, como ya antes a la ‘perrita faldera’, Francia: otra es UK, según Pinter. Expresa cómo ningún arma vence a la cultura de un pueblo, simbolizada por un alimento: pueblo, cuya agresión más latente es una metáfora: el napalm revienta la flor, per se un genocidio. En últimas, un canto general que hará triunfar ‘el derecho de vivir en paz’, deseo de la Humanidad.

El 12 de septiembre de 1973 fue detenido en la U. Técnica del Estado y llevado al Estadio Chile, campo de concentración milico, por cuatro días. Torturado largas horas, quemado con cigarrillo, le quebraron los dedos, cortaron sus manos y lengua, para no oír sus quejas, y sometieron a mofas de fusilamiento. El 16, lo acribillaron con 44 balazos: su cadáver solo fue hallado el 19, cerca al Cementerio Metropolitano, junto a Littré Quiroga, director de Gendarmería, y Eduardo Paredes, director de la Policía de Investigaciones. (2)

III. Pablo Milanés (Cuba) – Yo pisaré las calles nuevamente

La música es el puente más eficaz para unir a los pueblos. Eso lo puede decir Pablo Milanés, nacido en Bayamo, oriente de Cuba, y residente desde 2010 en Vigo, España, sobre todo con este tema dedicado a Miguel Enríquez, asesinado el 5.oct.74, y a Chile. Milanés crea la Nueva Trova cubana (NTC), al lado de Silvio Rodríguez, Noel Nicola (1946-2005) y Vicente Feliú. Cuando se decía al inicio que tampoco él la ha tenido fácil con el gobierno, es porque en 1966 fue enviado a un campo de trabajo de la Unidad Militar de Ayuda a la Producción (UMAP) en Camagüey.

Tras fugarse a La Habana, denunció la injusticia de lo que llamó, en 2015, ‘un campo de concentración estalinista’. Fue encarcelado dos meses en La Cabaña y llevado a un centro de castigo hasta cuando la UMAP fue disuelta en 1967. Aún espera que el gobierno cubano le ofrezca disculpas por lo sufrido. Sus canciones de contenido político surgieron en Varadero, 1967, por la influencia que recibió del I Encuentro Int. de la Canción Protesta.

En el 68, ofrece su primer concierto en Casa de las Américas, junto a Silvio, lo que, en 1972, da origen al movimiento popular de la NTC: luego, c. 1991, ambos se distancian de manera rotunda por su posición política y en 2011 tienen una disputa en Red. Silvio recordó que Pablo y él hace muchos años no se ven ni han hablado por teléfono: “El Pablo que conozco tiene casi un cuarto de siglo de retraso”. Milanés no demoró en contestar: “[…] esta es una más de las diatribas incontroladas de Silvio frente a mí, llena de mentiras y tergiversaciones, como cuando me venía pidiendo perdón por todas ellas desde hace más de 20 años, y yo no lo perdono”, evoca Guillermo Nova en Pablo Milanés y Silvio Rodríguez enfrentados en internet (Rebelión, 11.sept.2011). Allí, conoce a miembros de la élite de otros países de América Latina con los que se identifica desde lo socio/político: Violeta Parra, Mercedes Sosa, Simone Bittencourt, Daniel Viglietti, Chico Buarque, Milton Nascimento, Víctor Jara, entre tantos más que pasaron por la Casa de Haydée Santamaría, su primera directora (1959-80), Mariano Rodríguez (1980-86) y Roberto Fernández R. (1986-2019).

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Ojalá la política, pero antes los políticos, tuvieran la capacidad que tiene el arte, aunque antes los artistas, para dar de sí antes que pensar en tomar del Otro, todo lo que quieran o puedan usurpar. Se dice esto porque, en el caso de Yo pisaré las calles… tiene el poder de llevar al paroxismo por la emoción del arte de percepción inmediata que es la música: como también lo es el cine.

La razón de tal éxtasis artístico, quizás sea la letra, “la única que me ha salido en 10 minutos”, y que escribió “20 minutos después” de que Miguel Enríquez (1944-1974), fundador del MIR, fuera asesinado por Miguel Krassnoff, Teresa Osorio y Rodolfo Concha, agentes de la DINA, condenados en 2019. Lo que a su vez recuerda que el arte es emoción, antes que coherencia, y que una creación es producto de los abismos y demonios del artista antes que de la razón o de su lucidez. Canción que habla del regreso y de la ausencia; de la Naturaleza y de la muerte; de la unión con los fuertes y los débiles y del valor oportuno y sin reparo; del regreso de la cultura que fue calcinada por los asesinos; del renacer de un pueblo que cae y de la responsabilidad que los felones pagarán; del niño que juega con sus nuevos amigos y de la elegía a un grande como Allende; por último, del regreso a la ciudad hundida en sangre para, en la plaza de la liberación, poder hacer una pausa para llorar por los ausentes.

Aunque se sostenga que Pablo Milanés ha mantenido una posición de crítica abierta a las fallas que, según él, ha cometido la dirigencia de Cuba y que del mismo modo se declara defensor de la Revolución Cubana, se entiende que es más bien fácil hacerlo desde Vigo. Así de paso no pueda negarse que cualquier ser humano tiene derecho a marchar de su pueblo cuando lo desee, pero sin caer en el mismo terreno pantanoso de la traición que se denuncia. (3)

IV. Charly García (Argentina) – Los dinosaurios

Charly García (Bs. Aires, 1951), es una de las figuras del rock argentino, pero no del ‘rock en español’, toda vez que se trata de música (sonidos), no de lenguaje (palabras). Hecha la salvedad, uno de los ‘dinosaurios’ del rock gaucho al lado de Luis A. Spinetta, Gustavo Cerati, ‘Fito’ Páez, ‘Litto’ Nebbia, ‘Tanguito’ Iglesias, Andrés Calamaro, entre tantos más, no los del tema en cuestión. En 1987 vino a Colombia a presentarse en Keops Club, el inicio del concierto se atrasó y al poco tiempo de aparecer frente al público (yo estuve ahí), bajo el efecto del whisky cogió los micrófonos a patadas, se fue al camerino y no volvió más.

El 30 de agosto de 2002, estuvo en El Campín e hizo, por contraste, también bajo el efecto de alcohol y cocaína, un concierto impecable de principio a fin. Charly es uno de los pocos seres humanos contestatarios e insobornables de la escena musical argentina junto a León Gieco, Mercedes Sosa, Víctor Heredia, por citar solo tres más. Su vida refleja la consecuencia política y esta es reflejo de su vida. El ‘Mozart argentino’ fundó los grupos Sui Generis y Serú Girán y lideró PorSuiGieco y La máquina de hacer pájaros. 1985: Premio Konex de Platino por Mejor Instrumentista de rock de la década. 2009: Premio Grammy [de perico] a la Excelencia Musical. 2020: Premio Mega a mejor trayectoria, en su I Edición. Entre sus canciones memorables: Yendo de la cama al living, Vida, Bicicleta, Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, PorSuiGieco, El fantasma de Canterville, Rasguña las piedras, Canción para mi muerte, Demoliendo hoteles, Seminare, Yo no quiero volverme tan loco, No llores por mí, Argentina, Cerca de la revolución, Nos siguen pegando abajo y, cómo no, Los dinosaurios (penúltima en El Campín) entre tantas otras.

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Charly creció entre el amor de la madre, Carmen Moreno, y la pugna con el padre, Carlos Jaime García-Lange, de ancestro holandés. Para ilustrarlo, baste decir que cuando ellos viajaron a Europa, los niños quedaron a cargo de niñeras y de una abuela. La ausencia, estresó a Charly hasta derivar en el mal cutáneo crónico vitiligo. Al regreso, su madre notó que aquél había aprendido ‘de oído’ Torna a Sorrento, que venía en una caja musical. Carmen, dijo entonces: “Cuando lo escuché tocar esa canción, lo llevé al [apartamento] de un vecino que vivía en el piso de arriba y tenía un piano grande y enseguida se puso a tocar como si nada. Al otro día fui y le compré uno”.

La noche que Mercedes Sosa fue a casa de los García Moreno, al escuchar a Charly al piano le dijo a Ariel Ramírez: “Este chico es como Chopin”. Charly, igual que sus padres, odiaba ‘lo popular’ y ‘amaba la música clásica’: ‘clásico’, para aclarar, es lo que cada vez que se escuche resulta nuevo, lo infinito en significaciones, lo perpetuamente contemporáneo, sin obedecer a tópicos de clase, racismo, poder político o clerical. Como dormir era ‘una pérdida de tiempo’, poco lo hacía: pasaba días enteros tocando a Chopin y a Mozart, de ahí, el ‘Mozart…’. The Beatles supuso un cambio radical en su vida y con ellos vinieron Rolling Stones, Bob Dylan, The Who. Adiós a lo ‘clásico’. Exigió una guitarra eléctrica, se dejó crecer el pelo, peleó con el padre, que esperaba de él un concertista si no un ingeniero. El vínculo ya jamás mejoró. Aun sin cuitas económicas, le insistió en hallar trabajo ‘para sus vicios’.

Con Carmen la cosa era distinta: “Yo siempre supe adónde iba a llegar Carlitos. Después de que nacieron mis otros hijos y nietos me di cuenta que él era especial. A […] veces hasta me daba miedo porque decía: ‘¿Cómo puede ser que un chico de tres años pudiera tocar cualquier cosa en el piano?’. Charly fue una cosa especial; hago mal en decirlo, pero era así”. Los dinosaurios: todos los demás ‘pueden’ desaparecer, pero los tiranos/dictadores/genocidas, van a desaparecer. Cuando las cosas van mal, mejor no estar a atado a nada: a un pasado tétrico, a una causa anómala, a una injusticia por saldar. Contra la idea de desaparecer, la utopía viable del amor. (4)

No es fácil resumir la vida de Charly: en él se reúnen el genio precoz, el talento/talante para convertir la vida en obra de arte, la personalidad extrovertida, el ser humano generoso y entregado a su causa y a su público, pero también el animal político controvertido y no poco equivocado. Dos temas compiten por su primera canción: Corazón de hormigón, escrita a los ocho años, en 1959, dedicada a su madre, Carmen Moreno, cantada a dúo con Palito Ortega e incluida en el disco Kill Gil, editado apenas en 2010; Espejos, compuesta a los diez años e incluida en el disco/reunión de Sui Generis, Sinfonía para adolescentes, del 2000.

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Charly se salvó del servicio militar por ‘neurosis histérica, personalidad esquizoide’: el ladrón (militar, claro) juzga por su condición. El mismo que cuando salió La hija de la lágrima (1994) se tiñó de rubio el pelo en homenaje al miembro del ‘club de los 27′ Kurt Cobain, quien decía: “Se ríen de mí porque soy diferente, yo me río de ellos porque son todos iguales”. Y Charly era igual a Cobain: diferente. El 2 de marzo de 2000, un policía quiso hacerle saber, de mal modo, que ante el guardián de la ley ‘todos somos iguales’: al día siguiente, Charly saltó desde el noveno piso del hotel Aconcagua a una piscina semillena. Nadie se explica cómo se salvó: Marthica, mi esposa, piensa que es ‘un reptiliano’. Antes de lanzarse, había tirado, para probar el ‘agüero’, no el terreno, un muñeco de caucho del Gato Silvestre: luego salió de Mendoza en camilla. Charly es tan contradictorio como García.

En 1989, dijo: “Es un burro el que crea que Nemen [sic], o como se llame, es solución a algo”, como en Fosa Común se podría decir de tantos. Mientras, le hacía barra al candidato radical Eduardo Angeloz. Diez años después, en junio de 1999, fue a la Quinta de Olivos a tocar Los dinosaurios para el dinosaurio más ‘estirado’ que Berlusconi, Carlos Menem. Silvio, Il Divo, a la inversa, de Paulo Sorrentino, fue el mismo al que un airado (con razón) italiano le estrelló una virgen en su pómulo (ultra)derecho. El 27.feb.1999, Charly, hizo subir a las Madres de Plaza de Mayo en Pto. Madero, ante 250 mil personas, luego de parar su plan de tirar maniquíes desde un helicóptero, en pleno concierto, como metáfora de los ‘vuelos de la muerte’.

Pablo Alonso, de Clarín, pregunta: “¿Qué fue lo de Olivos? ¿Gesto de confusión? ¿Intercambio de favores políticos por causas judiciales? ¿O solo un gran performance?” Ahora, ¿fue Cortázar el inventor de esa suerte de scat literario llamado ‘glíglico’? ¿Fue el periquero Charly imitador del marihuanero Julio en esa jerga basada en la ‘g’? ¿Alguien sabe qué es ‘Cosmigonón, gisofanía, Serú Girán’? En 1982, Gloria Guerrero, de revista Humo, lo sorprendió entrando al estudio de grabación. Antes de hacerlo, Charly le dijo: “Rogué que no bombardearan Bs. Aires y seguí haciendo mi trabajo. Si me enganchara con lo que pasa afuera, me volvería loco. Porque no quiero planificar mi vida al compás de la realidad absurda que me rodea”.

Así, en plena dictadura, pedía ‘No bombardeen Bs. Aires”. Sin embargo, el clímax fue el bombardeo escenográfico realizado por su socia Renata Schussheim al final del tema: Bs. Aires fue otra vez… Ya lo había sido en tiempos del milico ‘demócrata’ Perón. A quien Gatica, El Mono, en histórico encuentro, al ser presentados, le planteó la igualdad: “General, dos potencias se saludan”. Ahí en ese ‘bombardeo’ había nacido el Ch. García que, con Clics Modernos en 1983, fue la voz de la ‘transición hacia la democracia’ merced al himno Los dinosaurios. Para terminar, a las dos ‘primeras canciones’, Corazón de hormigón y Espejos, podría sumarse Desarma y sangra, la que cantó junto a D. Lebón, P. Aznar y O. Moro.

Charly hizo la música a los 12 años, lo que derivó en un existencialista camusiano, no sartreano: “Se necesita tiempo para vivir. Como toda obra de arte, la vida exige que se piense en ella”: La muerte feliz (Noguer, 1971: 97). Suma filosófica sobre la dictadura: “El ángel vigía / descubre al ladrón / le corta las manos / le quita la voz // La gente se esconde / o apenas existe […] y aquí estoy / pensando en el alma que piensa / y por pensar no es alma, desarma y sangra”. (5)

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V. León Gieco (Argentina) – La memoria

Pocos himnos como La memoria con una historia detrás tan llena de referencias sociales, políticas o culturales. Tema del disco Bandidos rurales (2001).

En él, León Gieco vuelve sobre ciertos temas: la defensa de los más débiles, el rescate de la memoria y el sincretismo de culturas. Una placa repleta de colaboraciones ‘famosas’. Un disco parejo, con un mensaje corrosivo que exalta a bandoleros románticos de leyenda e historias que se remontan a inicios del siglo XX. Western’rock, historias de vida, polvo, campo, caballos y guitarras son ingredientes de una obra en la que vuelve a intentar ese gran abrazo que permite figurar a músicos como Sixto Palavecino, Charly García, Víctor Heredia y Ricardo Mollo, entre otros. El CD contiene doce temas: Bandidos rurales, Buenos Aires (de tus amores), Sin querer, Ídolo de los quemados, Uruguay, Uruguay, Ruta del Coya, Las madres del amor, Canción para luchar, La guitarra, De igual a igual, La memoria, Viejos amores.

La memoria va sobre los desaparecidos, las promesas incumplidas, los que se llevó la guerra. Las variantes de la memoria, en tanto permite guardar, clavar, pinchar y mientras es sueño, espina, refugio, de la vida y de la historia. Aquí ‘los dinosaurios’ son ‘los genocidas sueltos’, ‘las bestias del infierno’, todo mediando ‘el mal trato y su mal recuerdo’: opresores y oprimidos, sujetos, situaciones, hechos, pasados por las metáforas de la muerte, la violencia, el despojo. El símil ayuda a encontrar la diferencia entre hambre/educación y costo militar, entre esclavitud y libertad ‘por el precio de una bomba al mar’.

Si, en el caso de Chile más de 4.000 personas fueron víctimas de los ‘vuelos de la muerte’, imagínese cuántas más habrán ido al mar por capricho de los milicos, en el caso de Argentina. Los muertos de AMIA/embajada de Israel, que tanto afectó al gobierno de CFK: la Fiscalía la acusó de encubrir a iraníes por la masacre, cuando, lo ratificó el Congreso, medió con autoridades de Irán para hacer una investigación conjunta; y la venta de armas que auxilia USA para producir golpes vía Lawfare.

El Mundial de Argentina, un ‘tongo’, solo por los partidos con Perú y Holanda, y, en paralelo, la sangre de Palotinos y Angelelli entre el lodo, con el ‘estirado’ Menem tras bambalinas. El crimen del brasileño protector de la selva Chico Mendes, miles de guatemaltecos/mineros y estudiantes asesinados aquí y allá por las únicas dictaduras permitidas: las aupadas por EEUU. América, pero no el país/hemisferio de los gringos sino el hemisferio de todos, de Alaska a La Patagonia, en las garras de la droga y el alcohol para no solo diezmarlas sino obligarlas al diezmo.

El asesinato del padre villero Carlos Mugica (1930-1974), los niños que caen por los escuadrones de la muerte, la desaparición y asesinato del periodista Rodolfo Walsh (1927-1977) y su famosa, por justa, carta a su hija María Victoria y al dictador Videla y sus esbirros Massera/Scilingo/Acosta y demás lacayos de EE. UU., por vía de Kissinger, el callado/taimado artífice de los ‘Golpes’ que van y vienen para favorecer los intereses del Imperio sionista/gringo por doquier.

He ahí, en parte, lo que hay detrás de una canción y los hechos que se esconden (o son escondidos) en la entraña de la bóveda del recuerdo: dirigida a quienes olvidan que en efecto la memoria apunta hasta matar a los pueblos que la callan y no la dejan volar libre como el viento. León Gieco, también vino a Colombia, con Víctor Heredia y Piero y se presentó en el parque Simón Bolívar, adonde iba con mis hijos, Santiago y Valentina, a leer a Jack London desde lo alto de los árboles. De allí bajé a saludarlos, para luego unirme al coro en Solo le pido a Dios y mientras este ateo cantaba, los parroquianos me miraban como si la ‘estrella’, una muy lejana, Venus tal vez, la que más brilla tras el sol y la luna, fuera yo, y no tales genios, hasta la apoteosis final de un concierto que quedó esculpido para siempre en la memoria de los concurrentes. El milagro laico de la música. (6)

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VI. Mercedes Sosa (Argentina) – Como la cigarra (María Elena Walsh)

Quizás solo Camilo Torres, a quien se le llamó, de modo peyorativo, como si fuera un loquito de barrio, Ex sacerdote, Honesto pero equivocado, Profeta, Camiloco, Chiflado, ‘Por ahí sí es’, Bandolero, Revolucionario, Predicador del odio, Apóstol de los pobres, pueda disputarle en apodos a La Negra, La Negra Sosa, La Voz de América, La Mamá Grande, La voz de la tierra, Mecha, La Voz de América Latina. La ‘cantora’, antes que ‘cantante’, le daba la razón a F. Cabral: “Cantante es el que puede y cantor el que debe”, Haydée M. Sosa n. en Tucumán, 1935, y m. en Bs. Aires, 2009.

En su libro Voces desde mi exilio (Amazon, 2021), del que fui corrector y escribí en Rebelión, mi amigo Antonio Dumetz dedica Un pájaro extraño y cromo a la ‘cantora’, idea que ella concretó en Canciones con fundamento (1965) y Yo no canto por cantar… (1966) e incluso en Cantora, un viaje íntimo (2009), álbum de duetos en vivo. De tal prosa poética, tres fragmentos: “Un pájaro extraño y cromo anidó anoche en el árbol de mi memoria y con él la noticia que me embarga de ti. […] Ofreciste tu corazón como un gigante porque no eras tú una mujer, sino un continente que enfrentaba la crueldad de aquellas pardas y negras camisas […]. Madrugada levantas el vuelo Mercedes, hoy 4 de octubre en ese pájaro extraño y cromo. Pero derramas tus alas de amor en un canto de esperanza, […] vendando los huesos quebrados de esta América herida”.

Antonio habla de un pájaro raro, por único, que se alojó en la memoria, pero ya está ausente: de ahí, el dolor. Luego, retoma el título de Fito Páez que ella popularizó, con su grandeza de continente, no solo de ser humano, enfrentando al fascismo: los milicos la tenían en la mira desde que se afilió al PC argentino. Tras el golpe fue incluida en la Lista Negra del sátrapa, y sus discos, prohibidos. Debió salir de su país en 1979, luego de que en el 78 fue requisada/detenida en La Plata.

Una admiradora, llamada como ella, que fue al recital, dejó un mensaje en su página oficial tras su muerte: “La única noche que estuve presa fue después de un recital tuyo […] en el viejo Almacén San José. Te habías entusiasmado y cantado canciones no permitidas, […] abierto las ventanas para que [escucharan] los que no podían pagar. Estábamos todos eufóricos. Pero llegaron ellos con sus armas, haciendo por fin visible lo que pasaba. Nosotras en fila en el patio, apuntadas, aterradas; vos, tal vez con tu propio miedo, en una oficina donde te hacían escuchar los temas que cantaste, [mostrándoles] tu desobediencia. A las 6:00 a. m., consideraron que ya nos habían dado la lección y salimos al sol. ¿Sabés qué? Valió la pena. Si estás cansada, que tu partida sea en paz. Sabremos entender”.

La (ninguna) Sosa se exilió en París y luego en Madrid. En Dictadura lanzó álbumes como Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui (1977) y Serenata para la tierra de uno (1979), cuyo mensaje toma del título de la Walsh: “Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy”. Lo que le trae de vuelta el inxilio a Dumetz. Quien, por último, vuelve sobre el 4.oct en que el pájaro extraño voló, trasmutando su amor en esperanza para soldar así los quebrados huesos de esa América que nadie más quiere ya herida. En su último DVD, Cantora, definió la función socio/política de tal voz: “Estos premios […] en las paredes de mi casa no son solo porque canto, sino porque pienso. […] en los seres humanos, en la injusticia. […] si yo no hubiera pensado [así], otro hubiera sido mi destino. Ni me equivoqué cuando comencé a pensar ideológicamente”.

Como tampoco cuando se casó con Oscar Matus, al enamorarse de sus canciones, las del disco de debut. Con él y otros cuyanos, fundó el Movimiento del Nuevo Cancionero, que marcó el canto popular en los 60. Pocho Mazitelli, su segundo esposo, había m. en 1978, así que el exilio le dolió mucho: pensó en el suicidio. Por fortuna no pasó: en el 80, pude abrazarla en el Colón. Como la cigarra es otro himno contra la Dictadura argentina. (7) Continuará…

Notas y enlaces:

(1) https://www.youtube.com/watch?v=BBWVQF8C0yQ

(2) https://www.youtube.com/watch?v=XkXise2bHE0

(3) https://www.youtube.com/watch?v=n9X3loxh5iQ

(4) https://www.youtube.com/watch?v=Zx_5AEx4-F8

En entrevista con la revista Rolling Stone (2002), Charly García dijo: “Juro que cuando la escribí no pensé en los militares. La letra tenía que ver más con el sentimiento de ausencia que se produce en uno cuando pierde algo, desde un amor hasta el cepillo de dientes”. Mejor disculpa no podía encontrar.

(5) https://www.youtube.com/watch?v=8q2zpv1DE7A

(6) https://www.youtube.com/watch?v=9JeJS5FtGCw&t=18s

(7) https://www.youtube.com/watch?v=FnxfPBIbcek

* (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y de jazz, catedrático, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Colaborador de El Magazín de EE, 2012, y columnista, 23/mar/2018. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, fue lanzado en la XXX FILBO (Pijao Editores, 2017). Mención de Honor por Martin Luther King: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, en el XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Siete ensayos sobre los imperialismos – Literatura y biopolítica, en coautoría con Luís E. Soares, fue publicado por UFES, Vitória (Edufes, 2020). El libro El estatuto (contra)colonial de la Humanidad, producto del III Congreso Int. Literatura y Revolución fue lanzado por UFES, el 20/feb/2021. Autor, traductor y coautor, con Luis E. Soares, en el portal Rebelión. E-mail: lucasmusar@yahoo.com

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