El movimiento squatter (okupa en español, con k, como símbolo de rebeldía) es un fenómeno social y cultural, originado entre los años 60 y 70 en Europa occidental, que consistía en la ocupación de edificios abandonados, ante la imposibilidad de sus propietarios para mantenerlos y pagar sus impuestos.
Los ocupantes eran mayormente artistas inmigrantes (pintores, escultores, poetas, fotógrafos, audiovisuales, entre otros), y algunos nacionales, que buscaban satisfacer, no solo su necesidad de vivienda, sino también, la de contar con un espacio propio para ejercer sus actividades, en un ambiente de libertad, rebeldía y solidaridad comunitaria.
Este fenómeno rápidamente se trasladó a Estados Unidos, tomando fuerza en la Nueva York de los años 70, un escenario propicio para su desarrollo por causa de la inmigración de miles de latinos, la escasez de vivienda y una gran cantidad de edificios y lotes abandonados en sectores deprimidos y considerados peligrosos.
Uno de estos sectores fue el Lower East Side de Manhattan: durante veinte años cientos de familias ocuparon predios abandonados y sin servicios públicos, rehabilitándolos y convirtiéndolos en viviendas asequibles.
En 1995, en el Lower East Side, la directora y documentalista colombiana Catalina Santamaría conoció de cerca a los ocupantes de dos edificios, llamados por ellos mismos Umbrella House y Casa 10.
Parecían edificaciones en ruinas, se veían peligrosas, pero en su interior, para sus ocupantes y visitantes, había magia. La alegría se convertía en euforia y la incomodidad en resistencia contra el sistema; todo cohesionado por la amistad y la solidaridad.
Sus ocupantes, en su mayoría, eran jóvenes artistas colombianos y algunos de otras nacionalidades, quienes fueron su inspiración y los protagonistas del documental Squatters / Okupas, el cual ya ha sido presentado en diferentes escenarios, ganando varios reconocimientos. Este documental es un homenaje a aquellos que fueron capaces de construir sueños en medio de la adversidad. El Espectador dialogó con la directora.
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¿Cómo conoció el movimiento squatter de Nueva York?
En agosto de 1995, vine a Nueva York a estudiar producción de cine en The New School. Poco tiempo después, conocí a Ricardo Peña, un poeta colombiano que llevaba varios años viviendo acá. Él me invitó a su apartamento que quedaba en Umbrella House, un edificio squat que había sido tomado en 1998 por una artista holandesa y dos norteamericanos.
Yo llevaba viviendo aquí poco tiempo y a veces sentía la soledad de quien está lejos de su tierra. Umbrella House se convirtió en mi refugio; podía ir cuando quisiera; solo tenía que gritar desde la calle a la ventana de Ricardo en el apartamento 3D, cuyas paredes estaban llenas de escritos por los visitantes. La puerta del edificio estaba abierta, porque allí todos eran bienvenidos. Las escaleras fueron hechas por ellos mismos, de cemento relleno de muñecos, fotos y trastos viejos. El edificio estaba en proceso de construcción, el piso, el techo… todo, estaba a medio hacer. Desde los apartamentos sonaban desde tangos y blues, hasta salsa. La euforia era contagiosa.
Cuando muere Ricardo en 2011, me entra mucha nostalgia y entonces siento la necesidad de contar su historia y la de otros amigos cercanos, artistas y squatters. Así surgió primero, el cortometraje Umbrella House.
¿Cómo fue el proceso de realización del documental?
El cortometraje Umbrella House se proyectó en varios lugares y la historia conmovió mucho a la gente, que siempre quería saber más. En una ocasión, invité a mi amigo Orlando Godoy a verlo a mi apartamento; y cuando se terminó me di cuenta de que estaba muy conmovido, casi llorando. Me contó que él había sido squatter, y que él, junto a Héctor Quintana, en 1987, abrieron Puerta 10 y que, de eso, tenían grabadas muchas horas de video del proceso de construcción del edificio, con el fin de hacer un documental. Como ya habían pasado muchos años, Orlando me entregó todo ese material de video que tenía archivado. Empecé a visualizarlo y quedé fascinada con lo que veía.
Aquí empieza a extenderse poco a poco Umbrella House para convertirse en el largometraje documental Squatters. Decido entonces entrevistar a Orlando, quien conocía muchísimo del movimiento squat y de la historia del barrio. Y así fueron surgieron otros personajes y cada entrevista me llevaba a otra e iba descubriendo más material de archivo; películas en 16mm, videos y fotos que ellos me iban consiguiendo, sumadas a las que yo había hecho durante mis visitas a mi amigo Ricardo Peña.
Mientras tanto, consulté a los dos asesores creativos del documental: Alan Berliner, cineasta independiente en Nueva York, y Luis Ospina, cineasta caleño, quien me estimuló para que hiciera un largometraje cuando el proyecto estaba solo en 45 minutos.
Tardé muchas horas editando. La música la compuso mi primo Aurelio Caro. Él me enviaba sus composiciones y yo editaba sobre la música. Hasta que lo finalicé a mediados de 2021.
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El documental cuenta con una serie de elementos que van desde la denuncia de problemáticas, hasta la exaltación de los valores humanos. Pero para usted, ¿cuál es el mensaje central de Squatters / Okupas?
Para mí, el mensaje principal es que un grupo de personas unidas por un mismo fin pueden lograr, a través del arte y el apoyo comunitario, construir su propio lugar en el mundo. Es mucho más que la búsqueda de un espacio en el cual quedarse, es una decisión de vida, es creer en una sociedad diferente y más justa.
Squatters / Okupas invita a reflexionar sobre lo que significa crear, en pleno corazón del modelo capitalista estadounidense, un hogar autónomo, dedicado a un proyecto cultural construido a través del trabajo comunitario.
¿Ha vuelto a visitar Umbrella House y Puerta 10? ¿Qué sabe de los colombianos que conoció allí?
Después de haber acabado el documental, mis visitas a Umbrella House y Puerta 10 se han hecho menos frecuentes. Después de la muerte de Ricardo Peña y mientras hacía el documental, murieron otros de ellos, y algunos regresaron a Colombia. Otros aún viven en los edificios, ya legalmente como propietarios.
Una de las frases que resaltan en el documental es “ojalá el mundo se pareciera más a esta casa”, ¿qué cree que le hace falta al mundo, para que se parezca más a un edificio de estos?
Pienso que al mundo le hace falta tiempo para sí mismo. En los squatters el tiempo se sentía diferente, como si no importara, ni existiera. Eso daba una sensación de libertad, imprescindible para su existencia. Y el espíritu de cooperación como esencia de la existencia misma.
La premier del documental “Squatters / Okupas” se realizará el próximo 7 de mayo a las 6:30 p.m., en el Centro Cultural Skandia en Bogotá.
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