14 Feb 2019 - 12:00 a. m.

Te arrebataron hasta la voz

No sé si estés preparada para esto, pero de todos modos te lo voy a decir. Siéntate, respira conmigo y cierra los ojos. Las peores noticias se reciben mejor si nos refugiamos de la realidad.

Juliana Vargas @jvargasleal

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Te lo voy a decir de manera escueta, directa, cruel. Te lo voy a decir sin adornos, sin querer protegerte. Te lo voy a decir de tal forma que sientas cómo el cuchillo atraviesa tu piel y apenas jadees: No tienes voz.

Abres los ojos enfurecida. Abres la boca, me gritas, me criticas, me contradices. Después de unos cuantos minutos, te das cuenta que lo que sale de tu garganta no es más que intermitencia, ruido sin sentido, interferencia que al cabo te molesta. Te rebulles en la silla, cierras los ojos y la boca, y vuelves a escucharme.

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Como decía, no tienes voz. En el país del Sagrado Corazón, en la Tierra del Olvido, en Macondo no existe tal cosa. Si aquí nos persiguen los muertos, la amnesia nos arrebata la memoria y nos envuelven mariposas amarillas, por qué no nos van a robar la voz. Piénsalo, la historia se ha vuelto interpretación del partido político de turno, los historiadores de la urbe y universidades extranjeras escriben sobre el dolor ajeno, los artistas lo inmortalizan, los escritores lo transforman en prosa poética y tú, dime ¿Qué tienes que decir?

“Pero si lo ocurrido me pasó fue a mí, no a ellos”, me dirás. El dolor es tuyo, las lágrimas son tuyas, la sangre que derramaste aún te palpita dentro; pero eso no es más que un pequeño escollo para quienes tornan hasta el pasado en una relación de poder. Ya en 1651 Thomas Hobbes escribía que imaginación y memoria son una misma cosa que para diversas consideraciones posee, también, nombres diversos, y de eso sí que sabemos. El recuerdo tiene tanta validez como los cantos de las sirenas, y aquellas celestiales pero mortíferas melodías se transmutan en fantasía, invención y una memoria que tan solo obedece a aquellos que deciden quién fuiste, quién eres y quién serás.

Te repito: no tienes voz. Intenta verbalizar el sufrimiento que has resistido y que ahora te tiene el alma lisiada. No puedes otorgarle significado, no puedes racionalizarlo. Cuando lo intentas, la sangre te hierve, tus pupilas se dilatan, tu cuerpo se estremece. Antes de que vinieran los políticos, historiadores, artistas y escritores, ya habían llegado las bestias para abusarte, desgarrarte, despojarte. Ya te han desollado la tranquilidad y tu identidad. Así que intentas re-crearte, re-imaginarte, re-memorizarte. Los artistas saben que nunca te entenderían, por lo que te invitan a fundir las armas de quienes te hirieron. Los escritores saben que las palabras se les resbalan, así que te piden que les hables, que les supliques, que les expliques. Los historiadores recuerdan, imaginan e inventan por igual; por tanto, te cogen la mano para no caer por el barranco del pasado. Los políticos dudan de tus sentimientos y tu ceño fruncido, por lo cual, deciden bajo la presión de sus prejuicios y la barahúnda de sus votantes.

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No tienes voz, pero tampoco tengas miedo. El dolor es solo tuyo, las lágrimas son solo tuyas, la sangre aún hace parte de ti, y solo de ti. “Con tu mano quemada, escribe sobre la naturaleza del fuego”, como te recomendaría Flaubert. Será un diario sin cronología, un discurso vacío, pero será tuyo, y solo tuyo.

 

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