Hay elementos que atraviesan nuestras vidas, pero en los que poco pensamos. Aquello que más nos desvela, nos alegra, nos hace doler la cabeza, nos cuestiona y nos emociona es poco meditado por nosotros. Entre esas cosas, me refiero al amor. El amor es un tema antiguo: desde Platón, con El banquete, hasta el mandamiento máximo que profesó el cristianismo primitivo. En la Edad Media, Abelardo y Eloísa. En el siglo XVIII, Casanova. En nuestros tiempos, el cine, la literatura. Sin embargo, pese a todo aquello que se ha dicho sobre el amor, seguimos sin reflexionar sobre él.
Recientemente, una amiga me recomendó un libro de bell hooks, Todo sobre el amor. Aunque el título me pareció pretencioso en un inicio, al terminar de leer el libro siento que sí abarca el amor como una opción vital, como una forma de estar en el mundo. El libro fue publicado originalmente a finales de 1999, aunque la primera edición de William Morrow aparece catalogada como de 2000. Hay referencias que tal vez los más jóvenes no entenderían, pero no son esenciales, como la de Mónica Lewinsky y el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton.
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El resto del libro es un gran acercamiento al amor. Hubo algunas cosas que me parecieron reveladoras. Una de ellas: para poder amar se hace necesario primero amarse a sí mismo. Esto parece un cliché. No obstante, el amor propio es un amor muy difícil. Fruto de la lectura, hice una lista en la que escribí cómo me gustaría ser amado, independientemente de la relación que fuese, amistad, filial o de pareja: ser tratado siempre con dulzura, corregido con sinceridad y con afecto, ser escuchado con una atención que, como dice Simone Weil, es la forma más rara y pura de la generosidad. Escribí estas y otras cosas. Las dejé en mi libreta. A medida que avanzaba en la lectura, noté que bell hooks proponía que, de esa forma en que quisiera ser amado, debería amarme a mí mismo. Algo así como el postulado estoico de clasificar todas las cosas en lo que depende de mí y lo que no depende de mí. El único amor que depende de mí es el propio.
Tal ejercicio me permitió darme cuenta de que, en muchas ocasiones, el amor más vulnerado es el amor propio. En ocasiones, nos tratamos con desdén. A veces nos hablamos a nosotros mismos como nos hablaría un enemigo. Es más, si alguien nos tratara como en ocasiones nos tratamos a nosotros mismos, evitaríamos a esa persona.
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Otro aspecto que invita a leer el libro de bell hooks está relacionado con intentar definir qué es el amor. Una definición, que nunca es completa, recorre el libro: el amor busca el crecimiento espiritual del otro. A través de las palabras de la autora, quien no solamente echa mano de los autores que ha leído, sino también de su propia historia, el lector puede sentir qué significa buscar el engrandecimiento espiritual del otro a través del amor.
Además de ello, el libro piensa el amor como una forma de situarse en el mundo, es decir, plantea el amor en el ámbito político. A muchos esto del amor en la política les parecerá cursi. No obstante, bell hooks plantea que el patriarcado es contrario a las lógicas del amor, que, en últimas, son lógicas de dominación, de vencedores y vencidos.
Ahora bien, en esta época en que parece que el odio fabricado es el alimento diario, valdría la pena leer y reflexionar sobre el amor. Una forma de hacerlo sería a través de este libro, por el cual me siento muy agradecido con mi amiga. Indudablemente, recomendar libros también es una forma del amor.
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