
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
¿Cuál es el fantasma que nace cada noche y muere al amanecer? ¿Qué arde como la fiebre cuando se piensa en grandes actos y se hiela con la muerte? ¿Qué es el hielo que te prende fuego? Esos son los tres acertijos que debe resolver quien pretenda desposar a la princesa Turandot.
El que falle debe morir. Esa es la condición que la fría y despiadada princesa china ha establecido y que, al inicio de la ópera, ha determinado la suerte del príncipe de Persia. En medio del tumulto que quiere presenciar la ejecución, el viejo Timur, antaño rey de los tártaros, resulta herido y es rescatado por un desconocido que resulta ser Calàf, su hijo, a quien creía muerto. Timur está acompañado por la esclava Liù, la única que ha permanecido leal, pues alguna vez en el palacio Calàf fue amable con ella. Turandot sale a dar la orden de ejecución. Calàf la ve y se enamora de ella irremediablemente. Decide entonces someterse a la prueba a pesar de que todos los que, incluida la princesa, intentan disuadirlo. Él insiste y para sorpresa de todos, acierta las respuestas. Turandot ruega a su padre que no la entregue en matrimonio. Calàf no quiere tomarla por la fuerza y le ofrece la libertad y su propia vida si antes del amanecer ella adivina su nombre. Esa noche nadie duerme (Nessun dorma). Liù es torturada y prefiere morir antes de revelar el nombre. Turandot no consigue saber el nombre del príncipe. Pero en ese tiempo se enamora de él. Calàf, arriesgando su propia vida, le revela su nombre a la princesa y ante el pueblo, ella da a conocer el nombre del príncipe: Amor.
Le sugerimos: Una ópera en la que todos son villanos
Un final feliz para un gran drama que podremos apreciar en el maravilloso montaje de Franco Zeffirelli, quien falleció el pasado 15 de junio a los 96 años.
El Met, que fue su casa por mucho tiempo, rinde homenaje al legendario director de escena, escenógrafo y cineasta en esta temporada con esta producción y la de Bohème. El arte de Zeffirelli buscaba fascinar al público, por eso concebía la ópera como un espectáculo fantástico y preciosista, lleno de colorido y esplendor visual. Esto es evidente en esta producción de Turandot, pensada como un cuento de hadas que impacta con cada detalle escénico, cada movimiento, cada luz y cada color, recursos todos que están íntimamente ligados al desarrollo de la música y de la trama.
Turandot fue la última ópera de Puccini. De hecho, quedó inconclusa y fue estrenada póstumamente en Milán en 1926 bajo la batuta de Arturo Toscanini. En la mitad del último acto, tras la muerte de Liù, el célebre director detuvo la música y explicó al público que en ese punto el maestro no había podido seguir escribiendo. Franco Alfano, amigo de Puccini, fue el encargado de terminar la partitura siguiendo los esbozos de Puccini (muchos consideran que Alfano estaba muy lejos de las habilidades de Puccini y en 2002 los editoresde Puccini encargaron al compositor Luciano Berio otro final).
El libreto, de Giuseppe Adami y Renato Simoni, está basado en el drama homónimo del noble veneciano del siglo XVIII Carlo Gozzi, autor también de El amor de las tres naranjas que Prokofiev musicalizó, y de obras dramáticas admiradas por Goethe o por Schiller, quien hizo su propia versión de Turandot. No fue la primera vez que Puccini se interesó en culturas lejanas. Recordemos el Japón para Madama Butterfly o el lejano oeste para La fanciulla del West.
En Turandot Puccini crea un asombroso dramatismo gracias al uso de atrevidas armonías, una voluptuosa orquestación y un magistral efecto del papel del coro.
El director musical del Met, el canadiense Yannick Nézet-Séguin, estará a cargo de este montaje que cuenta en el papel de la gélida princesa con Christine Goerke. La cantante estadounidense regresó a los escenarios en 2005 tras afrontar una crisis vocal en 2003, para consagrarse co- mo una de las más destacadas sopranos dramáticas. Asumió entonces roles de gran dificultad en óperas de Strauss y Wagner. Recientemente representó a Brunhilde en el ciclo completo de El anillo del nibelungo en el Met. En esa nueva etapa de su voz ha asumido con gran éxito el rol de Turandot. El reparto lo completan el tenor Yusif Eyvazov, que encarna al príncipe Calàf, y la soprano italiana Eleonora Buratto, que representará a Liù. Emociones profundas, música maravillosa, producción de lujo para iniciar esta temporada de trasmisiones del Met.