En vivo
Defensa de Enrique Vives apela la medida de aseguramiento en su contra
A esta hora el abogado Álex Fernández, defensor del empresario Enrique Vives, presenta sus argumentos de apelación en contra de la medida de aseguramiento.
A esta hora el abogado Álex Fernández, defensor del empresario Enrique Vives, presenta sus argumentos de apelación en contra de la medida de aseguramiento.
Minimizar
9 Apr 2021 - 6:05 p. m.

Un 9 de abril murió Jorge Eliécer Gaitán, pero sus ideas siguen vivas

En su desempeño público, por ejemplo, a lo largo del año en el que estuvo a la cabeza de la alcaldía de Bogotá (1936-1937), Jorge Eliécer Gaitán hizo énfasis en la cultura y en la construcción de una sociedad moderna. Además de ser congresista y de haber ocupado la jefatura de las carteras de Educación y Trabajo, Gaitán también es recordado por su faceta como abogado penalista. Hoy 9 de abril, en el aniversario de su muerte, recordamos quién fue Jorge Eliécer Gaitán.

“Caudillo popular, intelectual, jurista, parlamentario, profesor y rector universitario. Conocedor de la realidad nacional y de los problemas del Estado”, así define Hernando Roa a Jorge Eliécer Gaitán en el ensayo Caudillo liberal, en un intento por sintetizar quién fue el líder político asesinado el 9 de abril de 1948.

Le puede interesar: Letras de un pasado incendiario: un recorrido literario por “El Bogotazo”

Nacido el 23 de enero de 1902, Jorge Eliécer Gaitán creció en el barrio bogotano Las Cruces. Recibiendo una educación con orientación liberal, se gradúo como abogado de la Universidad Nacional, con la tesis titulada Las ideas socialistas en Colombia, así como de la Real Universidad de Roma, luego de especializarse en Derecho Penal. A lo largo de su vida, fue representante a la Cámara, profesor de Derecho en la Universidad Nacional y Libre, así como rector de esa última, y desempeñó distintos cargos públicos: fue ministro de Educación y de Trabajo, además de haber sido alcalde de Bogotá.

Amante del derecho y con un fuerte arraigo en lo social, Gaitán tomó vocería frente a la Masacre de las Bananeras. En medio de un contexto en el que se escuchaban algunas voces justificando lo sucedido, como la del general Carlos Cortés Vargas, jefe civil y militar de la zona bananera, quien dejó testimonio de su postura en el libro Los sucesos de las bananeras, el líder liberal contraargumentó dicha posición oficial. En el artículo La masacre de las bananeras sí tiene quién la estudie, publicado en este periódico, se lee que Gaitán, en el debate que realizó en el Congreso en 1929, “denunció la abierta connivencia del Gobierno con la compañía bananera United Fruit y aseguró que los muertos entre los trabajadores habían sido más de mil. Algunos sindicalistas que habían estado presentes durante la huelga, como Alberto Castrillón y Raúl Eduardo Mahecha, escribieron sus propios testimonios, que coincidían en gran medida con la versión de Gaitán”.

En su desempeño como abogado, el caudillo liberal también es recordado por tomar casos vinculados a las desigualdades sociales. Según se lee en Ámbito Jurídico, y con base en el libro Mataron a Gaitán, de Herbert Braun, el primer caso que Gaitán tomó fue el de un comerciante condenado en primera instancia por robar a un negociante tolimense que tenía el monopolio del aguardiente. “En su defensa, el abogado resaltó las desigualdades sociales que permitían a los poderosos obtener ventajas sobre los más débiles y la injusticia cometida por las deudas que explotaban a los comerciantes”, se lee en el portal web del medio jurídico. Sin embargo, el líder político también es recordado por la defensa que hizo del teniente Jesús Cortés Poveda en el caso del asesinato del periodista Eudoro Galarza, propietario del periódico La Voz de Caldas.

Le sugerimos: Algunos libros para entender qué pasó el 9 de abril de 1948

En cuanto a su desempeño público, por ejemplo, a lo largo del año en el que estuvo a la cabeza de la alcaldía de Bogotá (1936-1937), Gaitán hizo énfasis en la cultura y en la construcción de una sociedad moderna. En el artículo La alcaldía de Jorge Eliécer Gaitán, publicado en Blogs de Cultura de este periódico, Nicolás Pernett menciona que durante su gobierno se inauguró la primera Feria del Libro en Bogotá (el 10 de octubre de 1936), además de que se impulsaron las bibliotecas móviles. A esto se sumó, amparado en la idea de que “un país moderno no solo debe contar con mecanismos democráticos de participación política sino tener una población bien alimentada”, el apoyo a los comedores estudiantiles, cuando trabajó como ministro de Educación.

Recordado como un líder político que reunía multitudes en las plazas, sus discursos estaban cargados de crítica social. En Oración por la paz, en el marco de una marcha contra el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez, Gaitán se refirió a la defensa de la vida, a la construcción de paz y al cumplimiento de la ley, entre otros temas más. El 7 de febrero de 1948, el caudillo liberal pronunció estas palabras:

“Señor Presidente Mariano Ospina Pérez:

Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a vuestra Excelencia, interpretando el querer y la voluntad de esta inmensa multitud que esconde su ardiente corazón, lacerado por tanta injusticia, bajo un silencio clamoroso, para pedir que haya paz y piedad para la patria.

En todo el día de hoy, Excelentísimo señor, la capital de Colombia ha presenciado un espectáculo que no tiene precedentes en su historia. Gentes que vinieron de todo el país, de todas las latitudes —de los llanos ardientes y de las frías altiplanicies— han llegado a congregarse en esta plaza, cuna de nuestras libertades, para expresar la irrevocable decisión de defender sus derechos. Dos horas hace que la inmensa multitud desemboca en esta plaza y no se ha escuchado sin embargo un solo grito, porque en el fondo de los corazones sólo se escucha el golpe de la emoción. Durante las grandes tempestades la fuerza subterránea es mucho más poderosa, y esta tiene el poder de imponer la paz cuando quienes están obligados a imponerla no la imponen.

Señor Presidente: Aquí no se oyen aplausos: ¡Solo se ven banderas negras que se agitan!

Señor Presidente: Vos que sois un hombre de universidad debéis comprender de lo que es capaz la disciplina de un partido, que logra contrariar las leyes de la psicología colectiva para recatar la emoción en su silencio, como el de esta inmensa muchedumbre. Bien comprendéis que un partido que logra esto, muy fácilmente podría reaccionar bajo el estímulo de la legítima defensa.

Ninguna colectividad en el mundo ha dado una demostración superior a la presente. Pero si esta manifestación sucede, es porque hay algo grave, y no por triviales razones. Hay un partido de orden capaz de realizar este acto para evitar que la sangre siga derramándose y para que las leyes se cumplan, porque ellas son la expresión de la conciencia general. No me he engañado cuando he dicho que creo en la conciencia del pueblo, porque ese concepto ha sido ratificado ampliamente en esta demostración, donde los vítores y los aplausos desaparecen para que solo se escuche el rumor emocionado de los millares de banderas negras, que aquí se han traído para recordar a nuestros hombres villanamente asesinados.

Le puede interesar: Miguel Torres: La memoria del Bogotazo hecha literatura

Señor Presidente: Serenamente, tranquilamente, con la emoción que atraviesa el espíritu de los ciudadanos que llenan esta plaza, os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, para devolver al país la tranquilidad pública. ¡Todo depende ahora de vos! Quienes anegan en sangre el territorio de la patria, cesarían en su ciega perfidia. Esos espíritus de mala intención callarían al simple imperio de vuestra voluntad.

Amamos hondamente a esta nación y no queremos que nuestra barca victoriosa tenga que navegar sobre ríos de sangre hacia el puerto de su destino inexorable.

Señor Presidente: En esta ocasión no os reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen ante propios y extraños. ¡Os pedimos hechos de paz y de civilización!

Nosotros, señor Presidente, no somos cobardes. Somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. ¡Somos capaces de sacrificar nuestras vidas para salvar la paz y la libertad de Colombia!

Impedid, Señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo que puede pedir un pueblo. En vez de esta fuerza ciega desatada, debemos aprovechar la capacidad de trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia.

Señor Presidente: Nuestra bandera está enlutada y esta silenciosa muchedumbre y este grito mudo de nuestros corazones solo os reclama: ¡que nos tratéis a nosotros, a nuestras madres, a nuestras esposas, a nuestros hijos y a nuestros bienes, como queráis que os traten a vos, a vuestra madre, a vuestra esposa, a vuestros hijos y a vuestros bienes!

Os decimos finalmente, Excelentísimo señor: bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio.

¡Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia!”.

Dos meses después, el 9 de abril de 1948, Jorge Eliécer Gaitán fue asesinado a la salida del Edificio Agustín Nieto, en la carrera 12 con séptima, en el momento en el que se dirigía al Hotel Continental, pues iba a reunirse con sus amigos, entre ellos Plinio Mendoza Neira. Una ola de violencia y destrucción se desató, y con ello tomó lugar El Bogotazo, un hecho que representa la violencia que Colombia vive desde el siglo pasado.

Comparte: