El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

El libro bajo los escombros: lo que queda del ecosistema lector en el Eje Cafetero tras el terremoto


A casi un mes del terremoto, varias librerías y editoriales todavía no recuperan sus espacios de trabajo y las actividades culturales de la región siguen aplazadas. En medio de ese panorama, ciudadanos y voluntarios han empezado a impulsar iniciativas para sostener al sector.

Camilo Perdomo*

06 de septiembre de 2026 - 09:23 p. m.
El Festival de Poesía Luna de Locos fue uno de los eventos culturales afectados por el terremoto del pasado 10 de agosto.
Foto: Cortesía del Festival de Poesía Luna de Locos
PUBLICIDAD

El mundo del libro y la edición atraviesa una crisis que ya no puede considerarse un fenómeno aislado. En los últimos meses, distintos países han visto desaparecer editoriales y librerías que durante décadas fueron parte fundamental de su entramado cultural.


Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

Pero si el panorama del libro ya resultaba desalentador, el terremoto de magnitud 7,5 que afectó el occidente colombiano lo hizo aún más frágil para el país. El pasado 10 de agosto, el sismo golpeó espacios que durante años habían servido como lugares de encuentro alrededor de los libros. Libélula, en Manizales, anunció el cierre de su sede principal después de 25 años de actividad debido a los daños estructurales ocasionados por el terremoto.


Para una librería o editorial independiente, una circunstancia como esta puede convertirse en un golpe definitivo, pues suelen contar con recursos limitados para afrontar una emergencia, asumir reparaciones, trasladarse temporalmente o mantener sus gastos mientras permanecen cerrados. Así, a una crisis que ya venía de antes se suma un desastre natural capaz de acelerar cierres.


Le recomendamos: Cooltivo y el oficio de sostener una librería independiente

El Eje Cafetero es hogar de numerosas editoriales independientes. Allí trabajan proyectos como Alto del Nudo, Ataraxia, Tres Cantos, Casa de Asterión, Homérica, Klepsidra, La Cebolla Azul, El Buitre, Pijao, Piélago Perpetuo, Jaravela, entre otras, algunas de ellas gravemente afectadas. Y concentra también una pequeña red de librerías (Savia, Livraria, Roma, Tintea, Lumbre, Casa del Libro, Libélula, Refugio...) que cumplen un papel fundamental en la circulación de libros en la región. Algunas han conseguido mantenerse abiertas; otras han tenido que cerrar temporalmente; otras funcionan de manera virtual mientras esperan saber qué ocurrirá con sus espacios físicos.

Dos de los casos más preocupantes dentro del sector son los de las editoriales Tres Cantos y Klepsidra. Tres Cantos sufrió importantes afectaciones en su sede. Por ahora, para su editora Adriana Forero, no existe certeza sobre cuándo retomarán actividades.

En el caso de Klepsidra, la situación es todavía más grave. El edificio donde funcionaba la editorial se derrumbó. Según su editor, John Jairo Carvajal, la pérdida de libros fue del 100 % y él, además, fue uno de los pocos sobrevivientes del edificio que colapsó.

A ellos se suma una larga lista de trabajadores del ecosistema del libro cuya situación también resulta difícil de dimensionar, por ejemplo, escritores que viven de dar clases y talleres de escritura o de vender sus propios libros, u otros proyectos independientes y autogestionados que dependen de una actividad cultural que, de un momento a otro, quedó interrumpida.

El panorama del sector revela una particular vulnerabilidad, pues el espacio de trabajo y la vivienda del editor o librero a menudo son el mismo lugar, y cuando ese espacio resulta inhabitable, no solamente se daña una oficina o una bodega, se paraliza todo un proyecto cultural y toda una vida.


No ad for you

Mientras las máquinas retiran escombros y los ingenieros evalúan edificios, queda una pregunta difícil de responder: ¿cómo se reconstruye la vida cultural de una ciudad? Es una reconstrucción que no se limita a levantar paredes. También tendrán que reconstruirse los espacios de encuentro y las comunidades que durante años hicieron posible que la cultura existiera.


Pero el golpe al sector del libro no afectó solo a comercios privados. La Biblioteca Nacional emitió un informe sobre las afectaciones registradas. La Red Nacional cuenta con un total de 223 bibliotecas en el Eje Cafetero, el Valle del Cauca y el Chocó. De las 99 bibliotecas que fueron censadas —alrededor del 40 % del total de la región—, 62 se encuentran cerradas al público y 10 están en riesgo o sufrieron algún tipo de colapso. En total son 72 bibliotecas afectadas, es decir, más del 70 % de las bibliotecas incluidas en la muestra.


No ad for you

Por su parte, en un boletín de prensa, el secretario de Cultura de Risaralda, Andrés García, informó sobre los “daños irreparables en la Sala de Patrimonio Bibliográfico y Documental” del departamento, con pérdidas críticas en sus colecciones. Se trata de un acervo estimado en unos 13.000 ejemplares que resguardaban la memoria bibliográfica de los catorce municipios. La valoración preliminar fue contundente: “enfrentamos una pérdida total”.


La afectación a las actividades culturales

Sin embargo, una de las mayores preocupaciones no está únicamente en los edificios y materiales afectados, sino en lo que ocurre con las actividades culturales que dependen de ellos. Adriana Villegas, periodista y fundadora del portal Barequeo, señala que, más allá de lo estructural, “la afectación más grave tiene que ver con la suspensión y cancelación de actividades culturales”. Entre ellas las ferias del libro de Manizales, Armenia (FILAQ) y Pereira, que tuvieron que modificar sus fechas. También quedaron aplazados otros dos acontecimientos importantes de la agenda cultural risaraldense: el Festival Internacional de Poesía Luna de Locos y la Muestra del Libro Autogestionado (MULA).


No ad for you

La interrupción de la programación cultural significa, además, la suspensión de circuitos económicos de los que dependen trabajadores de toda la cadena cultural.

Pero no todo ha sido catástrofe. En medio de la emergencia, han surgido iniciativas como la Bibliosilleta, así como el trabajo de distintos mediadores y promotores de lectura que, optando por llevar las bibliotecas a la calle, se han desplazado hasta albergues y comunidades para llevar cuentos y lecturas que permitan a los niños salir, aunque sea por un momento, del estupor, o que ayuden, a través de la conversación, a atravesar el duelo.


No ad for you

A pesar de estas iniciativas, el panorama cultural sigue siendo desalentador. Aunque todavía es demasiado pronto para calcular con precisión la magnitud de las pérdidas, estas podrían ser millonarias.


Los cierres, las restricciones de circulación para vehículos particulares, las dificultades de movilidad y los toques de queda, que estuvieron vigentes hasta la semana pasada, han hecho prácticamente imposible que muchos establecimientos retomen su actividad normal. A esto se suma que varias librerías quedaron sin techo, sin ventanas o con daños tan graves que muchos de sus espacios quedaron a la intemperie, y durante el primer fin de semana después del sismo Pereira soportó una lluvia de más de 30 horas que agravó las condiciones de algunos establecimientos y puso en riesgo libros y mobiliario, como en el caso de Savia.


No ad for you

Las pérdidas no se limitan a editoriales y librerías. También habrá que evaluar los daños en los cafés culturales, las imprentas y encuadernadoras de la ciudad y todos aquellos pequeños puestos callejeros de revistas que forman parte, aunque poco visible, de la circulación del libro.


Hay preocupación por la falta de respuesta institucional

Pese a la importancia que ha demostrado tener el sector cultural durante la emergencia, hasta el momento la comunicación institucional con sus trabajadores y espacios ha sido escasa. Un sector que ya se sentía olvidado corre ahora el riesgo de ser abandonado, y hasta el momento, el apoyo dirigido específicamente a las editoriales, librerías y demás actores del libro ha sido, según los testimonios recogidos, prácticamente nulo.

No ad for you

En muchos casos han sido los propios ciudadanos y voluntarios quienes han removido escombros, sacado libros de los establecimientos afectados, ayudado a trasladar inventarios y acompañado a los libreros en los primeros días de la emergencia.


Ciudadanos han buscado libros entre los escombros.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

Tampoco existe información suficientemente clara sobre posibles ayudas, auxilios o mecanismos de recuperación a los que puedan acceder los afectados y la respuesta administrativa se ha limitado, en buena medida, a formularios y enlaces que circulan por redes sociales para registrar daños.


No ad for you

Estos mecanismos pueden ser útiles para comenzar a levantar un diagnóstico, pero resultan insuficientes frente a la realidad de un sector que, en muchos casos, no puede simplemente esperar a que termine el proceso de evaluación para volver a trabajar; su subsistencia está en riesgo.


Lea aquí: Entre márgenes ajustados y competencia digital: el panorama de las librerías independientes

No ad for you

La Cámara Colombiana del Libro no se ha pronunciado sobre lo sucedido. No hay una estimación de actores afectados ni tampoco un comunicado, y desde la Cámara Colombiana de la Edición Independiente comentan que aún es demasiado pronto para establecer la magnitud de los daños.

Leonardo Archila, integrante de la junta directiva, explica que esto se debe a que “primero, hay personas con las que no ha sido posible establecer contacto; segundo, porque algunos de los afectados no quieren hablar del asunto todavía”. Archila, sin embargo, reconoce que la situación dentro del sector es preocupante. “Estamos volcados en apoyar, ayudar y colaborar, no solo ahora con lo urgente y necesario, sino más adelante, cuando toque echar mano para reiniciar el trabajo de estas empresas culturales”, señala.


No ad for you

Por eso agrega que permanecen atentos a las medidas que se adopten y a las ayudas que puedan ofrecerse, aunque muchos colegas han comenzado sus propias acciones para ayudar a quienes más lo necesitan, apoyar iniciativas existentes o desarrollar proyectos propios de solidaridad. Hay, entonces, algunos indicios de esperanza. Pero también persiste la necesidad de hacer un llamado urgente a atender la crisis cultural.

Quienes se encuentran lejos de las zonas afectadas pueden observar las imágenes, leer las noticias y seguir las cifras, pero difícilmente pueden dimensionar la magnitud del desastre material y humano. Hay una distancia entre mirar la fotografía de una calle destruida y caminar por ella; entre leer que una biblioteca fue afectada y entrar al espacio donde los libros que durante años conservaron la memoria de una comunidad están cubiertos de polvo, agua o escombros. Quizá por eso resuenan las palabras de José Emilio Pacheco: “El lugar de lo que fue casa lo ocupa ahora un hoyo negro”.


No ad for you

“Necesitamos ser visibilizados”

La vida continúa con sus gastos, sus arriendos, sus deudas y sus responsabilidades. El duelo, por necesario que sea, no siempre puede ocupar el tiempo que necesitaría. Hay quienes tienen que reconstruir mientras todavía están intentando entender lo que perdieron. La librera de Livraria, Camila Reyes, sabe que el camino será largo. “Tendremos que reinventarnos y esperar meses para volver a conseguir lo que perdimos, y la afectación laboral y económica es bastante fuerte, la librería era el sustento de mi familia”, cuenta Reyes e insiste en algo fundamental: “Necesitamos ser visibilizados y que de alguna forma se nos ayude a promover nuestro ejercicio, que no solo es la venta de libros, sino de espacios culturales, sociales y reflexivos”.

Hasta ahora, la librería no ha recibido comunicación ni visitas de ninguna institución. La situación se complica todavía más por la crisis de vivienda provocada por el colapso de numerosos edificios y por las miles de personas que quedaron sin hogar. En una ciudad con una enorme demanda de viviendas y locales comerciales, conseguir un nuevo establecimiento para reabrir resulta, por ahora, casi imposible, sobre todo en medio de la crisis provocada por el aumento de los cánones de arrendamiento.

No ad for you

“Estamos en un limbo porque los libros no son objetos de ‘primera necesidad’, lo que vuelve más complicado reactivarse”, explica la librera.

No es una contradicción menor. Para quien está fuera del sector cultural, puede parecer razonable que una librería espere hasta que se hayan resuelto las necesidades más urgentes y aunque el arte puede no ser lo primero que se necesita cuando se está bajo los escombros, para muchos es precisamente aquello que les permite salir de ellos.

No ad for you

En La Casa de los Libros, la situación es algo distinta, aunque tampoco sencilla. La librería, fundada por Marianne Ponsford, no sufrió daños estructurales graves, pero sí resultaron afectados parte del mobiliario y algunos libros. El establecimiento permaneció cerrado mientras se realizaban las reparaciones y volvió a abrir esta semana. Pero abrir una puerta no significa necesariamente volver a la normalidad. “Es como una sensación de empezar todo de nuevo y es muy duro”, explica Ponsford. Durante los primeros días no acudió prácticamente nadie a la librería. “No hubo una sola persona”, cuenta, aunque inmediatamente matiza que entiende perfectamente el estado de desconcierto en el que se encuentra la ciudad. La librera prevé, por ello, pocas ventas y pocas visitas.

Quizá todavía estamos, como escribió Belli, intentando aprender de nuevo a confiar en nuestros pasos. Los primeros datos de ventas permiten, al menos, aproximarse a una de las consecuencias económicas del terremoto sobre el sector del libro. Según Nielsen BookScan, firma que realiza una medición semanal de los libros vendidos en el país, la semana del sismo —la semana 33 del año— registró una caída de las ventas del 16,1 % frente a la semana anterior: se pasó de 133.295 a 111.865 ejemplares vendidos.

No ad for you

La cifra es significativa, pero sería apresurado atribuirla directamente al terremoto. El mercado del libro ha registrado durante el año descensos incluso mayores en otras semanas, por lo que no es posible establecer, con los datos disponibles, una relación causal entre el sismo y esta caída. Será necesario esperar los datos de la semana 34 y 35, para observar si la disminución se mantiene o se profundiza.

Algunas formas de ayudar al ecosistema del libro

Las instituciones públicas tienen la mayor responsabilidad. El Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional podrían contemplar la compra de libros de las editoriales afectadas para sus colecciones. No sería únicamente una ayuda económica inmediata, sería también una manera de garantizar que esos catálogos continúen circulando y formen parte de la memoria bibliográfica del país.

No ad for you

Pero si las instituciones tardan en reaccionar, quizá sea precisamente la sociedad civil la que pueda comenzar a construir algunas de las respuestas más inmediatas. Por eso, una de las formas concretas de ayudar al sector del libro podría estar en las librerías independientes de las regiones que no resultaron afectadas: comprar y poner a la venta libros de editoriales damnificadas, abrir sus espacios a sus catálogos y permitir que esos proyectos continúen teniendo circulación comercial mientras consiguen recuperarse.

Parece entonces que, una vez más, serán los ciudadanos anónimos —el “junte”—, quienes terminen sacando adelante todo el sector. Una solidaridad que parte de una conciencia sencilla, pero profunda, como la que expresaba José Emilio Pacheco cuando escribió en 1985 “el otro soy yo, yo soy el otro, y tu dolor, mi prójimo lejano, es mi más hondo sufrimiento”.

No ad for you

El esfuerzo debe ser colectivo. Por ejemplo, los bookstagramers, booktokers y creadores de contenido literario pueden desempeñar un papel importante: visibilizar editoriales y librerías nacionales afectadas, recomendar sus libros y ayudar a que sus lectores conozcan las diferentes formas de apoyarlas.

Las próximas ferias del libro nacionales e internacionales también podrían abrir espacios especiales para las editoriales y librerías damnificadas, convirtiéndose no solo en escenarios comerciales, sino en plataformas de recuperación para quienes hoy han perdido sus espacios de trabajo.

No ad for you

Y, para quienes puedan hacerlo, existen formas mucho más sencillas de ayudar: comprar un libro, participar en una rifa, hacer una donación, recomendar un librero o simplemente volver y hacer comunidad cuando abran sus puertas.

Se necesitará, entonces, de un sólido apoyo institucional para la reconstrucción, pero también de una comunidad que vuelva a ocupar y dar vida a estos espacios. Porque reconstruir la cultura no será únicamente reparar edificios, será recuperar los lugares donde una sociedad se encuentra y se reconoce.


No ad for you

Este es el momento de recoger las palabras de Elena Poniatowska tras el terremoto que devastó Ciudad de México en el 85. Frente al desastre, la ciudadanía “mostró una solidaridad que ni ellos imaginaban”. Quizá una sociedad se mida por aquello que decide salvar cuando todo parece perdido.

La crisis de las librerías y editoriales golpea a distintos países

La crisis del libro y la edición va mucho más allá del terremoto y se ha hecho visible en distintos países. Hace apenas unos días, la mítica editorial argentina Ediciones de la Flor anunció el cierre de sus puertas después de 60 años de actividad. En México, Ediciones Era también cesó actividades después de 66 años. En España, librerías emblemáticas como Tipos Infames e Hijos de Santiago Rodríguez, esta última con 176 años de historia, cerraron sus puertas a mitad del año.

No ad for you

El problema tampoco se limita a las grandes editoriales. Librerías independientes, editoriales pequeñas y establecimientos dedicados al libro usado sobreviven con márgenes cada vez más estrechos, mientras una parte importante del mercado se concentra en grandes conglomerados editoriales y plataformas de venta.

No se trata de un fenómeno nuevo. Paradójicamente, mientras el libro físico ha demostrado una mayor resistencia frente al avance del formato digital y las ventas de libros en Colombia superaron en 2025, por primera vez, el billón de pesos, la estructura que permite que esos libros lleguen a los lectores atraviesa enormes dificultades.

No ad for you

*Filósofo, traductor e investigador literario.

Si le interesa seguir leyendo sobre El Magazín Cultural, puede ingresar aquí 🎭🎨🎻📚📖

Por Camilo Perdomo*

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.