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Un recorrido por el legado de la Academia Colombiana de la Lengua

A partir de las disputas recientes en torno a las entidades observadoras de la lengua castellana, hablamos con el director de la Academia Colombiana sobre el origen y funcionamiento de esta institución en Colombia y su evolución en el tiempo.

Micaela Chiliquinga

25 de enero de 2026 - 05:44 p. m.
La Academia Colombiana de la Lengua fue fundada el 10 de mayo de 1871.
Foto: Cortesía Academia Colombiana de la Lengua
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En medio del barrio La Candelaria se ha creado un paisaje marcado por el vaivén de los buses de TransMilenio, la amplia vista a los cerros y las características piletas del Eje Ambiental. Este espacio, atravesado por la Avenida Jiménez, se ha consolidado como uno de los tantos rincones urbanos que concentran el movimiento capitalino del día a día. Al caminar unos pasos, aparece el emblemático Parque de los Periodistas, dedicado al Nobel de Literatura Gabriel García Márquez y, justo a su lado, emerge un edificio de estilo neoclásico, en cuyo punto más alto se puede leer “Academia Colombiana”.

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La construcción está protegida por una serie de rejas negras y una estatua hecha en bronce parece invitar al transeúnte a interesarse por su fachada. Justo a sus pies se encuentra una inscripción: “Miguel Antonio Caro”. “Cuando se fundó la Academia Colombiana de la Lengua, fueron llamadas tres personas para organizarla inicialmente: don Miguel Antonio Caro, don José Manuel Marroquín y don José María Vergara y Vergara”, relató Eduardo Durán Gómez, director actual de la Academia en conversación para El Espectador.

Hace 155 años, un grupo de reconocidos filólogos, académicos y escritores, entre los que se encuentran los personajes mencionados, decidieron fundar la Academia Colombiana de la Lengua, siendo la primera en crearse en Hispanoamérica después de la Real Academia Española (RAE). Este hito, de acuerdo con Durán Gómez, se dio debido a “la calidad del español que se hablaba en Colombia” durante esta época.

La Academia Colombiana se creó bajo “la autorización y el auspicio” de la RAE y, actualmente, ambas desarrollan actividades en conjunto por medio de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), que es presidida por el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado.

Al igual que su homóloga española, la Academia Colombiana se encarga de preservar y cuidar el idioma español dentro del territorio nacional. Además, por ley, es asesora del Gobierno. Para cumplir con este propósito, la entidad ha reunido a grandes personajes que han contribuido a su funcionamiento. Durán Gómez explicó que actualmente la institución cuenta con tres categorías de académicos.

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En primera instancia, alguien puede ingresar a la Academia como miembro correspondiente, quien tiene derecho a la opinión, pero no puede intervenir en las resoluciones de la Academia ni hacer parte de la junta directiva. Posteriormente, la persona puede convertirse en miembro de número.

Los miembros de número corresponden a las letras del abecedario y son quienes toman las decisiones dentro de la institución. Actualmente, esta categoría, que está constituida por 25 personas, es de carácter vitalicio. En caso de que alguna de ellas fallezca o renuncie, se declara abierta la vacante y se elige al sucesor entre los miembros correspondientes. Por último, se encuentran los miembros honorarios, quienes han recibido este reconocimiento por su experiencia y méritos alcanzados.

En cuanto a la organización dentro de la Academia, el director colombiano manifestó que se da por medio de distintas comisiones. Entre ellas se encuentran la Comisión de Literatura, la Comisión de Lingüística, la Comisión de Vocabulario Técnico y la Comisión de Lenguaje Claro.

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El edificio neoclásico ubicado en la avenida Jiménez es el punto de encuentro actual para las reuniones de los miembros. Inaugurada en 1960, esta fachada alberga en su interior el paraninfo, salón de actos emblemático que esconde historia y arte en cada uno de sus rincones. Aquí se encuentran esculturas de grandes pensadores, como Platón, Shakespeare y hasta el mismo Jesucristo, además de un fresco creado por el maestro Luis Alberto Acuña Tapias, titulado “Apoteosis de la Lengua Castellana”. La institución también cuenta con una biblioteca pública que alberga más de 100.000 títulos.

Si bien los miembros de la entidad tienen una amplia experiencia, Durán Gómez expresó que existe un interés institucional por crear una Academia Joven. “La idea es que funcione como un semillero que, en el futuro, permita el ingreso de nuevos miembros a la Academia, de acuerdo con los estatutos”, expresó el director.

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Esta iniciativa pretende contribuir precisamente a instituir una trayectoria robusta para los futuros miembros, un elemento que se vuelve determinante para ascender dentro de la Academia. Esto es reconocido por Durán Gómez, quien pasó de miembro correspondiente a de número para luego ser vicedirector y, posteriormente, director.

Al preguntarle por el legado que quería dejar a partir de su cargo, manifestó que la inclusión ha sido uno de los factores que ha marcado la gestión de la Academia en el futuro. “Nunca antes se habían aceptado tantas mujeres como en los últimos años”, dijo. Esto se evidenció con el reciente ingreso de mujeres que han tenido un impacto notable en la evolución de la lengua, como Mary Grueso, la primera escritora y mujer afrocolombiana en ingresar a la Academia, y Bárbara Muelas, lingüista Misak, quien se convirtió en la primera mujer indígena designada como miembro correspondiente. Se trata de un hito que responde, a su vez, al llamado histórico por reconocer los aportes que personas con identidades diversas han hecho al desarrollo de nuestra lengua.

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La multiculturalidad del territorio nacional también ha sido reivindicada a partir de iniciativas como el “Diccionario de colombianismos”, así como los homenajes a manifestaciones culturales colombianas como el vallenato, la trova y la copla. “Con estos proyectos se busca rescatar expresiones populares que han sido herramientas fundamentales para el desarrollo y la valoración del idioma”.

La evolución de la Academia responde a las necesidades de un país atravesado por contextos plurales y expresiones diversas que enriquecen una lengua que hoy en día es la segunda con más hablantes nativos y que, por lo tanto, continúa en expansión. “La lengua es un instrumento fundamental para comunicar y desarrollar el conocimiento, así como para generar alternativas”. En el reconocimiento de esas alternativas, la Academia ha encontrado una manera de mantener vigente su legado en la defensa y promoción de una lengua que, en un mundo marcado por la conectividad, experimenta una transformación constante.

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Por Micaela Chiliquinga

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