Víctor Hugo (1802-1885) es recordado como uno de los grandes escritores de la literatura francesa gracias a obras como Nuestra Señora de París (1831), Los miserables (1862) o El último día de un condenado a muerte (1829). Sin embargo, una faceta mucho menos conocida de su trabajo fue el dibujo, una práctica íntima que ocupó un lugar central en su manera de concebir la arquitectura y que terminó influyendo en su escritura.
Esa relación entre el dibujo, la arquitectura y la literatura es el eje de Hugo y la Arquitectura. De la piedra a la pluma, una exposición que presenta la Casa de Víctor Hugo, en París. La muestra reúne dibujos de fachadas, iglesias, edificios reales e imaginados, además de cuadernos, fotografías y manuscritos que permiten entender cómo el escritor incorporó el espacio arquitectónico a su obra.
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Según explicó la comisaria de la exposición, Alexandrine Achille, “está omnipresente el motivo arquitectónico” en los dibujos. Esa misma presencia puede verse también en su escritura.
“Es interesante observar que en los manuscritos de sus obras de teatro, dibuja. No puede evitar, por así decirlo, dibujar y plasmar por escrito la forma en la que concibe el espacio. Así pues, hay una relación con el espacio que se manifiesta a través del dibujo y de la escritura”, señaló.
La obra en la que esa relación resulta más evidente es Nuestra Señora de París. Cuando conoció la propuesta de derribar la catedral de Notre-Dame, escribió una novela con la que buscó concienciar a la sociedad parisina sobre la importancia del edificio. El éxito del libro y sus extensas descripciones de la catedral contribuyeron a realzar su valor histórico.
Para la comisaria, más allá de la historia de Quasimodo y Esmeralda, la novela expresa la manera particular en que Hugo entendía la arquitectura. “Considera que la arquitectura, como la literatura, cuenta la historia de los hombres”, afirmó.
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La exposición reúne más de un centenar de dibujos procedentes de la colección de la Casa de Víctor Hugo, así como cuadernos prestados por la Biblioteca Nacional de Francia y fotografías y negativos de la París del siglo XIX pertenecientes al fondo Roger-Viollet y al Museo Carnavalet.
El recorrido incluye los croquis realizados durante sus viajes, una sección dedicada a la relación entre la escritura y la arquitectura, otra centrada en sus edificios imaginarios y una última que explora sus creaciones más surrealistas y místicas.
Entre las obras también figuran tres paisajes de España, país que visitó en 1812 y nuevamente en 1843. Según Achille, esos viajes marcaron profundamente al escritor e influyeron especialmente en su producción teatral. Uno de los ejemplos es Recuerdo de España, un dibujo en el que reunió distintos elementos arquitectónicos observados durante su recorrido por lo que hoy corresponde a Castilla y León.
Aunque hoy esos dibujos se exhiben públicamente, durante la vida del escritor permanecieron casi siempre en el ámbito privado. “Tenía un talento especial que es bastante desconocido, ya que en su época se trataba de una actividad muy, muy personal; muy íntima. Por eso nadie veía sus dibujos, salvo su círculo más cercano”, explicó la comisaria.