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Hacer de las imágenes y la música una sola historia

Aunque es un trabajo poco conocido, o del que no mucho se habla, el VJ se ha convertido en un elemento importante dentro de cualquier espectáculo en el que se busque crear una sinergia entre la música y las imágenes. Tatiana Solano, o mejor conocida como “Rabbeat”, es una experta en ello.

Samuel Sosa Velandia
17 de agosto de 2023 - 07:00 a. m.
Tatiana Solano es una las primeras mujeres en el arte del videojockey en Colombia.
Tatiana Solano es una las primeras mujeres en el arte del videojockey en Colombia.
Foto: Cortesía

Hablemos de su arte, ¿cuál es el rol de Rabbeat dentro de una fiesta o un espectáculo?

Llevo más de 15 años alimentando la estructura visual, en especial de la fiesta electrónica. Mi rol en la pista de baile es generar ambientes visuales, hacer un poco de sinergia con la música y crear historias con lenguajes visuales que jueguen con la psiquis de las personas mientras están escuchando a sus artistas favoritos.

¿Qué la llevó a interesarse por este mundo del videojockey?

Todo empezó cuando mi hermano me llevó a una fiesta de drum and bass en un bar llamado Piso 3. Cuando entré, vi unas visuales (muy “chimbas”), bailando al mismo tiempo que la música, y eso me atrapó. Desde pequeña veo mucho cine y animaciones, así que eso me dejó impactada. Me pregunté: “¿Qué es esto tan loco? ¿Quién hace esto?”. Entonces, mi hermano me presentó al VJ y, sin dudarlo, le dije que yo quería hacer eso que él estaba haciendo. Él me instaló el programa en mi computador, que se llama Resolume, y me dijo: “Mira, esto es lo básico, juega”.

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Y eso que empezó como un juego, la llevó a ser una de las primeras mujeres VJ en Colombia. ¿Cómo fueron esos inicios?

Con Premiere y Resolume, que es lo más básico y viejo que puede existir, me pongo en la tarea de estudiar. Cuando estaba un poco más grande, hablé con el líder de un colectivo de música electrónica que se llama Re-Set, y le dije que quería ser VJ en sus fiestas. Más adelante, él me incluyó en un montón de eventos, sobre todo de drum and bass. El nombre de Rabbeat se empezó a regar por toda Bogotá. Un VJ que había conocido mientras trabajaba con una banda llamada La Tostadora, me buscó para hacer parte del colectivo y ahí comenzó todo.

No soy la primera VJ de Colombia, ya delante de mí venían otras mujeres como Lili.Txt y Optical Lab, pero cuando empieza el furor de Baum, me convertí en la única mujer ahí en escena.

Dice que crea historias con las imágenes, ¿qué le gusta contar en cada una de sus sesiones visuales?

Para mí, esto es algo informativo, la onda visual es un medio de comunicación. Esto me salvó la vida, me ha conectado mucho con el mundo y siempre he querido hacer eso con las personas. Me gusta aprovechar que la gente tiene el subconsciente muy arriba en las fiestas, para meterles información que no ven ni en televisión y que de pronto no buscan en Internet. Me apropio de las pantallas para mandar mensajes, sobre todo de las guerras y todas las cosas locas que vivimos aquí en Colombia. Además, aprovecho para hablar de feminismo, de salud mental y política.

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El trabajo del VJ es poco reconocido, ¿casi que se vive a la sombra del DJ?

Yo me acuerdo que en el escenario de Baum siempre la gente se me acercaba a pedirme canciones y yo les decía: “No, yo no soy la DJ, soy la VJ”, y no me entendían. Entonces, yo les explicaba en medio del ruido de la fiesta qué era lo que hacíamos nosotros. Ahí comprendí que había que comunicar nuestro trabajo y desde entonces me puse a hacer contenido en redes explicando qué es un VJ y todo el arte que hacemos.

Me ayudó mucho la conexión de Baum con artistas internacionales, porque yo tenía siempre al DJ al lado y terminábamos hablando sobre las visuales y ellos se referían a mi trabajo, y a los tres meses estábamos laborando juntos. Creo que así ha sido con varios colegas, quienes entendimos la importancia de comunicar y visibilizar nuestro trabajo.

¿Qué significa para usted ser mujer y VJ?

Al comienzo fue muy difícil, porque había hombres que me trataban como a una niña, y más cuando desconocía muchas cosas. Entonces, hacían comentarios pesados y siempre era esa imagen del “macho que sí sabe”. Se unía mucha energía, como mucha testosterona, y siempre mi reto fue enfrentarme, no a pelear, pero tampoco a dejármela montar porque soy mujer. Pero realmente eso fue en las primeras fiestas en las que estuve y en las bandas. Ya en la escena electrónica no fue tan así.

Ahora hay muchas mujeres mandando la parada. Y sin desmeritar el trabajo de los hombres, siempre fue necesaria una VJ, porque nosotras tenemos un poco más de atención al detalle y vemos las cosas desde otro lugar.

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Samuel Sosa Velandia

Por Samuel Sosa Velandia

Comunicador social y periodista de la Universidad Externado de Colombia. Apasionado por las historias entrelazadas con la cultura, los movimientos sociales y artísticos contemporáneos y la diversidad sexual. Además, bailarín de danza folclórica en formación.@sasasosavssosa@elespectador.com

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