Memoria histórica en 3D

Trece capítulos, 170 minutos de animación, tecnología de captura de voz y movimiento por primera vez en Colombia: este ‘thriller’ cuenta la historia de nuestro país a través de un abogado defensor de derechos humanos.

Todos los domingos por Canal Capital, a las 7:00 de la noche. / Fotos: Cortesía

Sabogal es un thriller de ficción animado basado en hechos reales. El personaje representa un conjunto de veintidós abogados defensores de derechos humanos entrevistados en el proceso de investigación y escritura. Sabogal ejerce el derecho legítimo en defensa de las víctimas. (Ver Detrás de cámaras de 'Sabogal').

La serie empieza con el asesinato de Jaime Garzón y continúa con otros cuatro casos: dos masacres en Cajamarca (Tolima), la “Operación Génesis” (Chocó), los asesinatos de los profesores de Barranquilla y las interceptaciones ilegales del DAS. “Buscamos casos que fueran muy conocidos en la opinión pública y otros que lo fueran menos, y empezamos a buscar que efectivamente existieran imágenes de archivo para trabajar sobre ellas. Incluso introdujimos al personaje en algunos momentos de esa imagen: la línea de archivo nos ayudó a definir la narrativa en cada capítulo. Conseguimos mucho material en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Allí se graban todas las audiencias y el material está abierto al público. Conseguimos la visita de los abogados que hicieron las defensas, por ejemplo, en el caso de la ‘Operación Génesis’, allá en la Corte”, dijo Sergio Mejía, codirector de la serie. La idea fue suya y de Juan José Lozano, cuando venían trabajando en un largometraje que involucraba investigación documental y animación. A raíz de la investigación tecnológica que hicieron para el largo (todavía en proceso) le presentaron a Canal Capital la propuesta. Que un canal público le apueste a respaldar algo totalmente novedoso en el país es digno de resaltar. Usaron tres técnicas de animación mezcladas con imagen de archivo. La técnica principal es la animación 3D. Las otras son motion comic (animación “ilustrada”) y motion graphic (infografía). Pero lo más innovador fue que, por primera vez en Colombia y América Latina, se hizo al mismo tiempo captura de movimiento (corporal y facial) y grabación de la voz de los actores. Los directores se dedicaron casi tres meses a la investigación tecnológica y se aliaron con Signos Studio (Zipaquirá), que había hecho captura de movimiento corporal. La técnica que usan es la que se utilizó, por ejemplo, para darle vida al personaje de Gollum de El Señor de los Anillos. “Hicimos una cantidad de pruebas, incluso creamos los cascos necesarios”.

¿O sea que en Colombia no existían los equipos?

No, todo lo de captura facial, por ejemplo, no existía. La forma de capturar tampoco, porque no se había hecho antes en el estudio. Las luces del estudio no servían para la captura facial porque interrumpían la información que registraba la cámara frontal. El actor se agachaba y las luces traseras generaban un efecto indeseado de contraluz. La captura, además, dependía de más o menos dieciocho puntos en la cara. Lo que hicimos fue oscurecer completamente el estudio y pusimos una luz alrededor de las cámaras. Fue una cosa bien difícil para los actores, que venían del teatro y tenían que trabajar con una luz en la cara. Además, la actuación para captura de movimiento es un poco como de mimo, porque los elementos no existen. Hay que imaginar que hay una silla allí, una mesa acá, que se tiene un vaso en la mano. Gastamos cinco semanas sólo en captura de movimiento. Pero ahí no termina: luego, los animadores en el estudio deben coger toda la información y traducirla a los personajes. Sabogal tiene alrededor de 38 personajes, interpretados sólo por ocho actores. De acuerdo con su fisionomía, iban representando a uno y a otro.

¿Podría hablar del personaje?

Antes de empezar el proceso de producción hicimos una investigación periodística para escoger los casos y construir al personaje, que parte sobre todo de los abogados que estaban siguiendo los casos. Con ellos hablamos mucho, les hicimos entrevistas que aparecen a veces en la serie. Con ese material y varias historias personales fuimos creando a Sabogal, que se enfrenta a un enemigo que no identificamos fácilmente. Es un tipo que está buscando la verdad, es un héroe anónimo. Por eso mismo no queríamos que fuera tan amable; entonces es un tipo medio antipático, tiene líos personales, vive en una lucha entre su vida profesional y su vida personal, que es un poco lo que les pasa a muchos de estos abogados, que tienen familia y deben lidiar con las amenazas. Sus familias no entienden el papel que ellos desempeñan en la sociedad, entonces hay una ruptura. Con Sabogal tratamos de presentar esa dicotomía entre su vida personal y lo que significa su vida profesional. Finalmente, alguna de las dos le pasa factura.

¿Qué otros referentes hubo aparte de estos abogados? Otras animaciones, libros...

Narrativas visuales hay varias. Como la serie es un thriller, quisimos hacer una cosa muy contrastada, con claroscuros, al estilo de un cómic. Hay una referencia fuerte a la narrativa de la novela negra de Frank Miller, a Sin City. Pero partimos, sobre todo, del documental animado Vals con Bashir, y de la francesa Renaissance, que es un thriller que también utilizó captura de movimiento y tiene mucho del claroscuro que nosotros queríamos imprimir en la imagen. Otra película que tuvimos en cuenta fue Blade Runner, que muestra una ciudad lluviosa e inhóspita. Bogotá nos asedia tanto que es difícil tomar distancia para contar cosas sobre ella. Pero nuestra historia tiene otro foco y un pasado en el que Bogotá sirve como telón de fondo, no como temática. La serie también aborda hechos que no sucedieron en Bogotá y que le incumben a todo el país.

¿Por qué quisieron hablar de lo que hablan con ‘Sabogal’?

Hace rato queríamos hacer un argumental sobre derechos humanos. Desde Tres Dados, gran parte de las historias las hemos contado desde el lado de las víctimas y la defensa de derechos. Son piezas de comunicación sobre población vulnerable, y con Juan habíamos trabajado también temas documentales recorriendo el país. Llegamos a la conclusión de que hay un público desatendido con la situación del país, que se ha cansado de ver los hechos sólo desde el formato documental —del que yo me cansé antes que Juan en mi vida, por eso empecé a hacer animación—. Quisimos, así, salir de los esquemas y de las expectativas del público. Tal vez con animación, la historia les llegue, por ejemplo, a los jóvenes. Por otro lado, es la primera vez que Tres Dados asume un proyecto de tan gigantes dimensiones. Más de 150 personas han trabajado con nosotros, gente de diversas partes del país, de varios países de Latinoamérica —es decir, mucho se hizo por teletrabajo— y muchos jóvenes. Nos sorprende mucho lo que descubren y cómo se van conectando con las experiencias de un país que antes veían con desapego. Queremos que la audiencia, cualquiera que vaya a tener la serie, se sensibilice con lo que se cuenta allí.