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“Papicha”: que la religión no restrinja la libertad

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Mounia Meddour presenta una historia autobiográfica ubicada en el “decenio negro” que azotó a Argelia, cuando se retomaban las tradiciones más conservadoras que impedían a las mujeres aspirar a tener una vida fuera de la casa.

Que la felicidad está en el interior de cada uno y que cada persona se labra su destino son premisas que se escuchan y leen por aquí y por allá. Sin embargo, esas afirmaciones, muy comunes entre los coaches de vida, no son del todo ciertas cuando se vive en un país que políticamente usa a dios —a cualquiera que este sea— para aferrarse al poder y coartar la libertad de los ciudadanos.

Todos los países han tenido, o tienen, un líder que recurre a los cánones conservadores que evitan la transformación política, social y cultural; pero por más represión que exista, los artistas siempre encuentran el modo de plasmar su visión sobre los hechos para que las nuevas generaciones reflexionen sobre lo sucedido. (Lea: Documental sobre Pau Donés se estrenó en Festival de Málaga)

La cineasta franco-argelina Mounia Meddour recurrió a las vivencias familiares y las reflejó en su primer largometraje, Papicha: perseguida por la tradición (también conocido como Sueños de libertad), un filme que se estrenó en el Festival de Cine de Cannes 2019 y que Argelia nominó para el Premio Óscar 2020.

Meddour se formó en Francia, país al que llegó con su familia, pues su padre, el director de cine Azzedine Meddour, estaba en la lista de personas no deseadas en Argelia.

Papicha es una especie de autobiografía. La historia se desarrolla en Argelia en 1997, específicamente el “decenio negro” (por la guerra civil que se vivió entre 1989 y 1999). La historia sigue a Nedjma, una estudiante de 18 años que sueña con ser diseñadora de modas justo cuando el país retoma las tradiciones más conservadoras que impiden a las mujeres vestir libremente y, de paso, las culpa por provocar a los hombres.

Los primeros minutos de la película el espectador ve cómo las explosiones características de la guerra no impiden que Nedjma y su amiga Wassila disfruten una noche de fiesta. Pero con el paso de las escenas, las jóvenes son absorbidas por el clima social y político que se interpone en sus estudios y en el desfile que quieren realizar en la residencia universitaria, donde solo viven mujeres. (Lea también: Bogotá International Film Festival anuncia su ‘viral edition 2020’)

En aquella época los grupos terroristas querían establecer el estado islámico y arcaico, por lo que la seguridad y el respeto hacia la mujer eran vulnerados por los primitivos diktas, que buscan controlar el cuerpo femenino en el espacio público.

Sin meterse en la política ni en movimientos extremistas, Nedjma intenta cambiar su realidad haciendo lo posible para que su entorno cercano no se vea aplastado por las nuevas fuerzas conservadoras.

Aunque Mounia Meddour se fue a Francia, comparte con la protagonista de su historia las ganas por cambiar el mundo desde su entorno, por eso su cine siempre está ligado con la tradición y la herencia: dos aspectos que hacen parte de la cultura y, por ende, de la formación de cualquier persona.

En el corto La cocina como patrimonio presenta cómo las madres comparten los conocimientos culinarios a sus hijas; Cine argelino: una nueva vida lo dedica a las nuevas generaciones de cineastas argelinos, y en Papicha exhibe, también, cómo una madre acepta que el destino de su hija no es quedarse en la casa usando el hiyab, un gran cambio cultural. (Le recomendamos: Festiver 2020: esta es la selección oficial de películas)

Lyna Khoudri, quien encarna a Nedjma y el año pasado ganó en Cannes el premio a mejor actriz revelación femenina, dice que por primera vez en su carrera interpretó a un personaje que retrata las vivencias de sus padres, quienes huyeron a Francia. Una historia que comparte con la realizadora.

“El cine que amo, el que veo y el que me parece importante es aquel que tiene una historia que me habla y me dan ganas de hacer”, comentó la joven en un conversatorio con la realizadora colombiana Natalia Orozco organizado por la Embajada de Francia.

Para Khoudri, quien nació en la mitad del “decenio negro” (1992), una película “es un acto político porque transmite un mensaje y deja una huella sobre la tierra, porque una película no se borra. Yo veo el cine como un acto político que no es frontal, es más fino, más sutil y eso es lo que me gusta”.

Sin embargo, Papicha: perseguida por la tradición no es un filme sutil. Confronta al espectador de cómo los hombres deciden sobre el cuerpo de las mujeres y el futuro que quieren para ellas. También deja claro que no siempre el pasado es mejor y que para avanzar, a veces, es necesario romper la tradición y empezar a forjar una nueva identidad personal y cultural por medio de la educación y la libertad. (Además: Festival Cine a la Calle 2020: Esta es la programación oficial del evento)

Desde que Papicha: perseguida por la tradición debutó en la sección Una Cierta Mirada de Cannes, dedicada a filmes que presentan visiones diferentes, la película ha recibido los aplausos del público y la crítica.

Lyna Khoudri ganó el Premio César (de la industria francesa) por su interpretación, y Mounia Meddour recibió el galardón en la categoría mejor ópera prima.

La cinta se estrenó el año pasado en gran parte de Europa y tenía planeada su exhibición a lo largo de este año en algunos países de Latinoamérica. La pandemia cambió las fechas pero, desde el 25 de agosto, se puede ver en formato digital en la plataforma CineplayMax, la sala virtual que desde Colombia se puede disfrutar en todo el continente.

Esta plataforma estrenó hace unos meses Jinetes del paraíso, pero con Papicha: perseguida por la tradición apuesta por los estrenos internacionales de cine independiente, una novedad para los amantes del séptimo arte porque, hasta ahora, el catálogo de streaming se conformaba con archivo.

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