Un personaje ficticio en situaciones reales

Julián Román y su búsqueda más allá del estereotipo del villano

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El actor interpreta a “El Liso” en la serie “El general Naranjo”, que transmite Caracol Televisión. Asegura que Colombia se acostumbró a las series de narcotráfico y, por eso, las personas se sorprenden al ver una producción distinta.

En Colombia estamos acostumbrados a ver series relacionadas con el fenómeno del narcotráfico, violencia y delincuencia. Este tipo de producciones, que reflejan el lado amargo y triste del país, ocupan los primeros lugares en el rating de la televisión nacional e, incluso, internacional. Por esta razón, y con el objetivo de mostrar la otra cara del país -contar las historias de las personas que combaten estos problemas- llegó El general Naranjo, la serie de Fox Telecolombia para Caracol Televisión.

Esta producción, basada en el libro de El General de las mil batallas, del periodista Julio Sánchez Cristo, narra la vida del general Óscar Naranjo y su lucha, por más de 35 años, contra el narcotráfico, paramilitarismo y la guerrilla del país. En la serie, protagonizada por Christian Meier, el actor Julián Román interpreta a El Liso, jefe de la banda de jaladores de carros más grande de Bogotá, que hará lo imposible por acabar con la carrera y vida de Naranjo.

“Él es la reunión de muchos personajes que existieron -y que siguen existiendo- que se dieron cuenta de que el narcotráfico era el camino más fácil para llegar a lo que querían. Su único deseo es el poder y dinero más allá de cualquier otra cosa”, dijo Román.

Su carrera será un permanente ascenso en el mundo delictivo. Es un hombre peligroso que asesinó a su propio padre y no tiene reparos en venderse al mejor postor, él no conoce de lealtades. De ahí que sea alguien tan peligroso para la Policía Nacional. (Lea: Julián Román, un hombre empoderado)

“Como que muta, entonces, no tiene ningún problema de ser algo. Esto demuestra un poco la consistencia de este personaje, que es un poco lo que uno ve en la realidad, hay gente que no le guarda pleitesía o respeto a lo que hace más allá de lo que quiere. Dice que se mata por cualquiera siempre y cuando tenga cierta ganancia”, explicó el actor, quien también aseguró que este tipo de casos se ven reflejados en la política colombiana: hay personas que un año son conservadores, el siguiente liberales y siempre hablan con la misma vehemencia de su partido.

Aunque el personaje de El Liso es de ficción, la mayoría de cosas que se cuentan en la serie son reales. Él solo sirvió como puente para contar la lucha que hubo contra los carteles del narcotráfico, la guerra, la violencia, el poder de Escobar en Colombia, la guerrilla, el paramilitarismo, todos los fenómenos políticos y sociales que marcaron al país y los sigue marcando hasta el día de hoy.

Salirse del cliché

Lo más difícil de esta serie fue romper con los estereotipos que existen en torno a este tipo de producciones. Llevamos tanto tiempo contando estas historias, desde el punto de los malos, que contarlo desde el otro lado requirió un gran esfuerzo y trabajo de investigación.

“Siento que Naranjo es una excusa para contar la historia de la Policía colombiana, esa que le tocó luchar contra la más fea delincuencia. Apenas estaban iniciando, pero tenían que enfrentarse con mercenarios israelitas, armas de última generación, etc. Es contar la historia de cómo esta policía le tocó reinventarse para combatir todo esto”, indicó.

Según Román, el GOES, Gaula, todas estas divisiones de las policías especializadas, afortunada o infortunadamente, vienen por una pérdida grandísima de elementos durante una guerra que fue, y que sigue siendo, nefasta para el país. Todo esto hizo que la Policía Nacional sea una de las más importantes del mundo, más allá de los problemas que tengan en la actualidad.

En El general Naranjo hay espacio para todas las historias y puntos de vista. Sí, se habla de cómo la Policía luchó contra el crimen, pero también se cuenta cómo algunos uniformados le dieron la espalda al país. Por ejemplo, hay unas entrevistas con el general Naranjo en las que dice que la misma guerra los volteó, terminaron siendo policías corruptos o tomando unas acciones que los sacaban del rango por la situación de la época. (Lea también: Juliana Galvis: “Se está contando la historia desde los buenos”)

“Es la discusión de siempre. A mí no me aterra que la guerrilla haga lo que haga porque son guerrilleros, están fuera de la ley, los paramilitares también, esa es su naturaleza, pero enterarse de que gente que trabaja para la Constitución, para un país, cometa estos delitos se sale de cualquier norma. Esto es más doloroso, porque no es posible que los que nos defienden se conviertan o sean peores que los cafres que hemos combatido durante 40 o 50 años”, manifestó Román.

Pero, asimismo, cuentan lo que sentía un policía en esa época. Qué significaba para ellos que les hubieran puesto un precio a sus cabezas, salir en unos carros que no tuvieran la estrella de la Policía Nacional, estar de civil, estar viviendo con miedo.

“Entonces uno entiende que, claro, un sicario se ganaba millones de pesos en narcotráfico versus un teniente de la Policía Nacional que se ganaba un poco más del mínimo. Conocer historias de policías ejemplares en un país como este es admirable y, sí, vale la pena contar estas historias y contarle a la gente que existen estos personajes”, aseguró Román.

Por esta razón, según el actor, en el país deberían contarse todas las historias, sin importar el punto de vista. Esto nos ayudaría a forjarnos como país porque, a través de ella, conocemos quiénes fuimos para no cometer los mismos errores del pasado. 

¿Qué tipo de historias se deben contar en el país?

Según Julián Román, en el país se deberían contar todas las historias: tanto buenas como malas. “Más que lo bueno, eso significa que esas historias han sido trascendentes en Colombia”, dice.  (Además: Robinson Díaz: Nunca se dejarán de hacer narconovelas porque se venden como pan caliente)

Cuando el actor realizó la serie Tres Caínes, basada en la vida de los hermanos paramilitares Castaño, lo hizo para contar la otra realidad del país. “En aquel entonces las personas de las grandes ciudades tenían una percepción sobre los paramilitares que eran unos campesinos que tenían unas fincas, que se armaban con unos fusiles y se defendían de la guerrilla, por eso contamos la historia de la maquinaria política, armada y de narco que había atrás”. 

Eso demuestra, según Román, que “el problema no son las narcoseries, es que somos una narcocultura donde esos personajes son respetados. ¿Por qué? Dale la interpretación que tú quieras”. Por esta razón, hay que contar la historia desde todos los puntos de vista y no encerrarse en un solo.

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