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5 Feb 2021 - 2:00 a. m.

María Paula Alzate, de la pluma al pincel

Comenzó su carrera en la literatura, pero desde 2019 se metió de lleno en la pintura para explorar, por medio del color y las texturas, la intención de un sentimiento.
María Paula Alzate dirige proyectos educativos y sociales en la Fundación Prolongar. / Daniela Alzate
María Paula Alzate dirige proyectos educativos y sociales en la Fundación Prolongar. / Daniela Alzate

Usted estudió literatura y trabaja en proyectos culturales y sociales. ¿Por qué decidió ser artista plástica?

Me encanta decir que literalmente pasé de la pluma al pincel. He escrito cuentos, amo la literatura y por eso la estudié. Yo soy artista desde hace un año y medio, ha sido todo un reto llamarme así y creerme el cuento. Yo me muevo en el campo cultural desde hace mucho tiempo, pues he liderado proyectos de literatura y sociales, entonces siempre he estado en contacto con el arte, así sea desde otra perspectiva. Creo profundamente en el poder transformador del arte.

¿Cuál fue el detonante que la impulsó a aprender a pintar?

Cada vez que iba a una galería o un museo sentía que el corazón se me aceleraba, pero nunca pensé estudiar artes plásticas ni tomar un curso de pintura. En julio de 2019 tuve que ir a Quito (Ecuador), y salí soñando de la casa museo del pintor Oswaldo Guayasamín. Ese día me dije que cuando regresara a Bogotá estudiaría pintura al óleo, y así fue.

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Habla de la importancia de soñar, ¿qué tanto le costó volverlo realidad?

Es fácil si de verdad se quiere y se tiene la disciplina. Para mí, la disciplina es fundamental porque yo sigo con mi trabajo de gerencia de proyectos y en ocasiones le dedico a la pintura cinco o siete horas diarias. Debo decir que también para mí es interesante no hacer parte del mundo del arte porque no me siento juzgada por nadie, no me da miedo ningún profesor ni ninguna crítica, así que me siento muy libre en ese aspecto. Eso influye para que el proceso sea más libre y lindo.

¿Cómo se ha fortalecido su arte durante la pandemia?

La pandemia me ha favorecido un montón, así como al mundo del arte en general, las subastas, los dealers y galeristas porque la gente, suena cliché, sí quiere ver lindo y sentir el espacio donde habita. En 2020 pinté más de 230 obras, una barbaridad. En cuanto a las clases, no las pude seguir porque no me siento tan cómoda tomándolas virtualmente. El año pasado también me gané una convocatoria de Artistas Colombianos en Tokio (Arcot) para ser expuesta en el Instituto Cervantes, aunque infortunadamente no ha podido viajar la obra.

Justo ahora una obra suya se expone en Milán (Italia). ¿Cómo llegó allá?

Este año me escribieron de MADS, una galería de Milán, luego de ver mi trabajo en Instagram, y me invitaron a hacer parte de la exposición Kromatic@rt en la que se valora, se resalta y se le rinde homenaje al color. Tres de mis obras (Albores, Águila y Mar picado) se presentan en formato digital, se proyectan en unos dispositivos digitales, como unos televisores grandes con pantalla táctil que le permiten al visitante de la exposición ampliar la imagen para explorar la técnica.

¿Qué tan aliada está con la tecnología para dar a conocer su obra?

Lo es todo. Siempre estuve alejada de la tecnología, pero entendí que Instagram es una gran plataforma para proyectar mi arte. En la literatura, todavía me gusta el libro de papel, no leo en PDF.

Antes habló del poder del arte para transformar vidas. ¿Usted pinta para lograr esa transformación y reparación?

Creo que sí. Cada vez que me enfrento a un lienzo en blanco siento que me libero, que estoy transformando mi vida. Hoy en día soy más feliz, sin que eso signifique que antes no lo era. También me siento plena, aunque tengo mis momentos difíciles, pero siento que el día de mañana, cuando esté sola, el arte me va a salvar. Pero, lo más lindo, es que la pieza se convierte en algo simbólico para quien la compra, porque siempre tiene una intención, no quiero que mi arte sea simplemente decoración o arte por el arte.

Su obra es llamativa por los colores, ¿cuál es la carga estética?

Me pasa algo interesante y es que casi toda la obra que realizo es por encargo. Algunos clientes tienen claro el sentimiento o la intención que quieren para la obra, algunos quieren una a partir de un referente y otros me dan total libertad creativa. Hay momentos en los que tengo muchos encargos y me dan ganas de hacer algo que nazca desde mí, una explosión creativa. Cuando esto pasa, publico en Instagram la pieza disponible y no pasan más de ocho días para que esté vendida.

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¿Qué espera de este año?

Cuando el 31 de diciembre hice la lista, me puse la meta de estar en una exposición internacional y ya lo logré. Yo trato de ir despacio en este proceso, he aprendido a valorar la obra, así que quiero seguir pintando; añoro las clases con mi maestra, entonces espero volver a tomarlas presenciales. Quiero hacer feliz a mucha gente, así que estoy analizando mi participación en una subasta donando una de mis obras. Quiero seguir ayudando desde el arte, que con el dinero que se recaude se pueda ayudar a la gente.

¿Cómo está su relación con la literatura?

Por ahora está en stand by. Al principio me sentía mal por todo lo que había estudiado, pero está quieta por ahora, aunque me ayuda a fundamentar mi obra plástica, para entender la narrativa.

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