Su disco debut, “Dónde jugarán las niñas”, salió hace 23 años

Molotov: ¿una banda machista?

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El usuario de Twitter @JotaC_43 propició el debate que nadie estaba buscando, generando que activistas del odio no se enojarán con él, sino con las mujeres feministas y los miembros de la comunidad LGBT.

La estrategia es realmente macabra. Alguien busca armar polémica en redes sociales probando lo que considera un argumento válido y, entonces, crea un enemigo imaginario y un respectivo autoataque. Así no solo tiene la excusa perfecta para defenderse, sino para elegir por dónde encaminar el “debate” que él mismo ha creado. Por ejemplo, subiendo una foto de la portada del célebre primer disco de Molotov, llamado Dónde jugarán las niñas (1997), y acompañándola con la frase: “¿Ustedes se imaginan lo que pasaría si este disco hubiera sido publicado en esta época de la generación de cristal?”.

La idea tiene éxito. Casi 2 mil retuiteadas, 4.200 likes y 927 comentarios, suficiente para armar lío en la red social del pajarito… de cristal. En las respuestas es común la palabra “feminazi” y alguno que otro ataque a personas gais que se estarían ofendiendo por el contenido de la canción Puto. El arsenal del odio en todo su esplendor. En palabras de la influyente tuitera Paula Ricciuli (@ricciup): “Vi mucha gente ofendida porque una “generación” hipotética quería censurar a Molotov y ni un solo tuit cancelando a Molotov”. (Lea: El machismo en la música, más allá de “Despacito”, “Gasolina” o Maluma)

Pero no nos digamos mentiras, hasta yo -que al menos durante sus primeros cinco discos fui fan- puedo entender que se trata de un contenido machista. Claro, machista como resultan muchos contenidos de otras épocas analizados desde los conocimientos de género que hemos ido adquiriendo con el paso de los años. Machista como todos hemos sido en algún momento de nuestras vidas. Machista cuando hemos sido criados en un mundo donde la mujer ha tenido que ganarse su derecho a hablar, estudiar, votar y, aun así, sigue teniendo que luchar por derechos que se supone que ya le pertenecen cosas tan simples y urgentes como salir a la calle sin el miedo de ser violadas o asesinadas.

Así que en un mundo donde si una mujer transita sola por la avenida Caracas, vestida con 50 abrigos, y yo hago lo mismo desnudo, no sería yo la víctima más probable de violación, no veo problema en que desde una mirada analítica repensemos las letras del tan recordado álbum. Uno con denuncias tan poderosas al establishment como las de Que no te haga bobo Jacobo (Zabludovsky) o Gimme the power (Hay que arrancar el problema de raíz, y cambiar al gobierno de nuestro país), pero que también se permitían frases como: Te crees que pareces la vieja más buena, te vistes bonito y no hay quien te crea y luego te extraña que nadie te quiera, pues todos pensamos que traes gono…. (Lea también: Pussy Riot lanza canción contra la violencia machista en Rusia)

Es cierto que se trataba de ficción. La misma presente en la orgía consentida en Cuatro babys, de Maluma, o incluso Safaera, de Bad Bunny -aquella canción tan viralizada que tiene una peculiar frase muy explicita dedicada al sexo oral anal-. Pero también es que este mundo no es el mismo que nos tocó a quienes transitamos nuestra adolescencia a finales de los 90, no solo por la sensibilidad que hemos intentado desarrollar, sino por los hechos irrefutables que han alimentado esa sensibilidad. En América Latina cada dos horas las mujeres son asesinadas por motivos ligados a su condición de mujer: violadas y luego desaparecidas para ocultar el crimen, exterminadas por intentar terminar una relación, masacradas por protestar por sus derechos, etcétera (Fuente: France 24).

En aquel entonces Molotov también presentaba canciones como Cerdo, que más que ser un ataque a los hombres con sobrepeso, era una composición que pretendía ser divertida con la historia de un amigo que se comía todo lo que encontraba a su paso; un juego de palabras (Matate Teté), que refería al suicidio, y una pieza llamada ¿Por qué no te haces para allá… al más allá? que redundaba en el mismo tema, utilizando aquel insulto que suele relacionarse con la homofobia. Como dijo hace dos años el admirado escritor Alberto Salcedo Ramos: “Marica no se le dice a nadie por su orientación sexual, sino por su carácter ingenuo o por dejársela montar”, refiriéndose así a la forma en que los colombianos utilizan el término. Y aunque toda palabra cargue con su significado etimológico a cuestas, tengo que estar de acuerdo con él en que la mayoría de personas que repite las palabras “marica” o “puto” no lo hace con pretensiones homofóbicas. (Además: Raperos denuncian amenazas tras publicación de una canción que cuestiona el honor militar)

Seamos justos, también reconozcámosles que en El carnal de las estrellas denuncian a un personaje que podría haber engañado mujeres para abusar de ellas con promesas de trabajo. No sabemos hasta qué punto la historia era real o ficcional, lo que sí sabemos es que este modus operandi ha sido muy recurrente en el mundo del espectáculo. No olvidemos tampoco que desde 2013, Molotov ya no usa el término “maricón” ni nada que pueda interpretarse como provocación a las comunidades LGBT, a las que ha mostrado su abierto apoyo e incluso les ha donado dinero. Hoy en día la canción parece haber desaparecido del repertorio de la agrupación.

Por ejemplo, su disco Agua maldita (2014), aunque no deja el humor negro de lado (“vamos a divertirnos morenos y güeritos, mestizos y negritos, también los amarillitos”), cumple con esta consigna y muestra letras más maduras o, al menos, menos ofensivas que las de su debut. Tanto en este álbum como en Dónde jugarán las niñas Molotov sonaba como una Rage Against The Machine menos izquierdizada, pero sin duda una que tenía muy clara su posición socio-política más allá de la irreverencia de sus letras: ¿Qué sentirías si cae junto a ti una hermana que canta una “rebel melody”? ¡Asesinos! Yeah, es lo que son. Es la única raza que odio de corazón (Voto latino).

Así que con tuiteros de cristal o sin ellos, el debate es por lo menos importante. Sí, algunas letras de Molotov necesitarían un lifting si fueran compuestas en nuestros días -lo que no quiere decir que haya que censurarlas– y sí, Molotov siempre ha estado a favor del respeto y de la inclusión por más que en algún momento no se hayan dado cuenta de que sus letras sugerían lo contrario. Supongo que como seres inteligentes podríamos afirmar ambas cosas. No olvidemos que el “ofensivo” nombre de este disco debut bien podría interpretarse como una parodia al ¿Dónde jugarán los niños? que disparó la popularidad de Maná.

Y sin ánimo de atacar el legado de Fher Olvera y compañía, hay que remarcar que en solo este título está plasmada la razón de ser del proyecto. La pista para entender lo que Molotov quería ser y en qué se terminó convirtiendo: una agrupación anti-establishment, dentro del establishment.

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