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"No veo válido recurrir a la ofensa para hacer caricatura de opinión": "Hache" Holguín

A un año del ataque a “Charlie Hebdo”, el caricaturista reflexiona sobre el oficio y critica que en Colombia hay más burla que reflexión y humor.

Jorge Consuegra
14 de enero de 2016 - 11:19 p. m.

Ha trabajado como ilustrador para editoriales y algunos medios impresos y digitales. Pero ¿cómo fueron sus primeros trazos? ¿Fueron a lápiz o empezó con el pincel?

Empecé desde muy pequeño, copiaba a lápiz los dibujos que me gustaban. El pincel vino mucho después, más o menos a los veinte años, y aunque entendí algo de la técnica, nunca me sentí bien con el pincel. Me sentía mejor con la plumilla y la tinta.

¿Y ahora?

Hoy la cosa es más digital, toco los pinceles muy de vez en cuando. En cambio el lápiz siempre está presente en la etapa de bocetos y en el volumen de algunas ilustraciones.

¿A quién dibujaba con insistencia cuando adolescente?

En la adolescencia escuchaba mucha música, y lo que dibujaba en ese entonces estaba muy ligado a mis gustos musicales. Grababa muchos casetes con canciones que escuchaba en radio y al finalizar cada uno le hacía la “carátula”, entonces copiaba ilustraciones de cantantes como Elvis Presley, Bob Marley y Bob Dylan. Era algo realmente difícil en lo técnico, porque el cartoncito que traían los casetes para escribir las canciones era un papel propalcote que no recibía muy bien el lápiz de color.

¿A veces copiaba los dibujos de las historietas del periódico?

Sí, copié muchas caricaturas del periódico. Empecé a hacerlo en unas vacaciones de colegio y lo hice imitando a mi hermano mayor, que empezó a llenar los cuadernos que habían quedado con más páginas limpias, con dibujos copiados de los periódicos. Dibujé a Bataglia, Gareca, Falcioni, Santini que salieron en un especial que hizo el diario “El Espacio”.

¿El gusto por el dibujo lo llevó a hacerles las tareas a sus compañeros en el colegio?

Estudié en un colegio distrital y el dibujo como asignatura no existía, pero lo que sí hice fue vender uno que otro dibujo que me pedían, en muchos casos réplicas de Javier el personaje de “El Espectador”. También vendía casetes grabados desde emisora y obviamente los entregaba con algo de decoración.

Pero ¿le iba bien en las asignaturas de artes?

Lo poco que vi de dibujo en el colegio fue dibujo técnico, y la verdad, el manejo de escuadras no era lo mío. Me fue bien en artesanías, otra asignatura que algo tenía que ver con el dibujo. En esa sí sacaba notas altas con frecuencia.

¿Cuándo decidió que quería ser un buen dibujante, ilustrador y caricaturista?

Tarde, muy tarde. Salí del colegio a los 16 años y no tenía ni idea de qué quería estudiar. En un principio me llamó la atención el periodismo, pero era una carrera costosa, así que esa idea se difuminó pronto. Cuando presté el servicio militar en la Policía me encontré de nuevo con el dibujo: en los patrullajes por el centro de Bogotá veía a los caricaturistas de la Séptima trabajar en carboncillo, y por eso compré uno para explorarlo. Terminé haciendo algunas caricaturas policiales para algo que necesitaban en la estación en la que estaba, pero al salir del servicio me desubiqué y empecé a trabajar en otra cosa.

Entonces, ¿en qué momento retomó la ilustración?

Cuando cumplí 20 años me encontré con la Escuela de Caricatura, en donde me inscribí con la idea de aprender a hacer caricatura fisionómica, pero me encontré con la ilustración. Entonces descubrí lo que realmente quería hacer en la vida, aunque pasarían años antes de poder cobrar haciendo lo que me gustaba.

¿En dónde publicó su primera ilustración profesional?

Lo primero que hice en ilustración fue para el cartel promocional de un festival de poesía llamado “Espergesia”, organizado por la Fundación Creativa Taller, detrás de la cual estaban Rodolfo Ramírez Soto y Nancy Prada Prada. Luego vino una larga colaboración con la revista Libros & Letras, en donde me aguantaron muchos desatinos propios de mis inicios en la ilustración, pero eran desatinos llenos de entusiasmo y cariño.

¿Qué es lo más difícil de la ilustración?

En muchos casos es un oficio solitario. Los días suelen transcurrir en medio de la soledad del espacio de trabajo y eso puede ser difícil de manejar. Lo otro es la búsqueda de clientes. No es fácil lograr tener un flujo de trabajo que dé equilibrio económico sin ahogarse en el mar de encargos.

¿Qué maestros a nivel mundial fueron siempre su faro de inspiración?

De pequeño conocí la obra de Salvador Dalí, porque mi padre llegó a la casa con un libro sobre este artista. Luego conocí lo que hacía Rembrandt y de su estilo adopté esa oscuridad encantadora. Al conocer la obra de Picasso entendí que el arte no tenía que ser necesariamente realista y me dejé influenciar por esas líneas raras. Creo que lo que hago en la actualidad deja ver la influencia de estos tres grandes artistas.

¿Cómo define su estilo de ilustración?

Es variado. En la actualidad hago de todo un poco: ilustración, diseño, diagramación. Combinar varias ramas de la producción gráfica me ha nutrido mucho en cuanto a los procesos y puntos de vista. Por eso varío mucho el estilo pensando en lo que el cliente y el producto final requieren.

Eso en cuanto al cliente, pero ¿cuál es el estilo que más disfruta trabajar?

Me gusta mucho crear obras con manchas espontáneas, me gusta la expresividad que se transmite y creo que la mancha, así como las analogías visuales, son aspectos que le dan cierto carácter a mi estilo de ilustración.

¿Y dónde quedó la caricatura?

La caricatura es algo que me encanta, pero no me queda mucho tiempo para producir en ese sentido. Una de las ideas a las que debo sacarles tiempo es una serie de caricaturas fisonómicas donde me reencuentre con la caricatura y la combine con la técnica de manchas que me gusta incorporar en ilustración.

¿A quiénes admira en nuestro ambiente de humor gráfico?

Siempre he admirado la caricatura del maestro Jairo A. Me parece que su estilo de dibujo le dio en algún momento identidad a la caricatura colombiana; además fue uno de los primeros caricaturistas que vi en periódicos. Asimismo me encanta la producción amplia del maestro Calarcá; verlo trabajar y manejar los pinceles será siempre inspirador.

¿Y en cuanto al humor político?

Admiro a Pepón, por el balance entre el buen dibujo y el hacer pensar con humor y reflexión, además porque en su producción se incluyen caricaturas con composiciones complejas, con varios personajes y un entintado detallado y pulcro, algo que no se ve con mucha frecuencia en la actualidad. Y cómo dejar por fuera a Turcios, un maestro un muchos sentidos, con muchos reconocimientos y un estilo diverso.

¿A veces siente temor cuando no llega la inspiración y se debe entregar un trabajo en determinado tiempo?

Ese es un temor que siempre está ahí, no sólo a que no llegue la inspiración; también a que llegue pero al cliente no le guste lo que trajo. Algo que pasa con frecuencia es que es difícil entender completamente lo que el cliente quiere, entonces empieza un largo proceso de bocetación.

¿Cree que lo de “Charlie Hebdo” fue una burda equivocación política y religiosa?

Es un tema muy complejo. Lo que pasó fue muy grave, no sólo para el gremio de la caricatura. La vida debería estar por encima de todo, y matar siempre será una equivocación, pero los días luego de los asesinatos fueron convirtiendo el hecho en una efectiva estrategia de mercadeo, involuntaria pero efectiva. Con los disparos contra los caricaturistas también se disparó la popularidad de la publicación. Millones de ejemplares vendidos a costa del amarillo y el rojo. Por otro lado, no se trata de censurar, pero el caricaturista debe saber medir las consecuencias de lo que propone. No veo válido recurrir a la ofensa para hacer caricatura de opinión.

¿Sucede lo mismo en Colombia?

Sí. El caricaturista de opinión suele repetirse en sus críticas hacia determinados actores políticos y termina recurriendo a viñetas que se alejan del hacer reír y hacer pensar, para acercarse a la burla ofensiva, y para ofensas gráficas están los memes; la caricatura requiere mucho más cerebro y talento. Por eso recuerdo con nostalgia las épocas del humor que se hacía en Zoociedad y las tomaduras de pelo de Arias y Troller en Semama. Hoy se recurre menos a la genialidad y más a lo directo y punzante.

Por Jorge Consuegra

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