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4 Jul 2021 - 3:28 p. m.

2021: el festival bisagra

La presente edición del Cartagena Festival de Música (entre el 30 de junio y el 5 de julio) permitirá hacer un recorrido por los diferentes periodos de la ópera italiana y, a la vez, ambientará el panorama para el evento que se realizará en enero de 2022.

Jaime Andrés Monsalve B.

Entre el 6 y el 15 de enero de 2022, la cita en Cartagena estará mediada de nuevo por la emoción, la risa, el asombro, el drama y la musicalidad de la ópera italiana, a través de la obra de Rossini y sus contemporáneos.
Entre el 6 y el 15 de enero de 2022, la cita en Cartagena estará mediada de nuevo por la emoción, la risa, el asombro, el drama y la musicalidad de la ópera italiana, a través de la obra de Rossini y sus contemporáneos.
Foto: Cortesía: Fundación Salvi

El pasado 12 de enero de 2020, con un programa de arias de ópera alemana e italiana llevado a cabo en la Plaza de San Pedro Claver, se daba por cerrada oficialmente la edición XIV del Cartagena Festival de Música. La presencia de cantantes líricos nacionales e internacionales, en conjunto con la acertada interpretación de la Camerata Salzburgo bajo la dirección de Stephanie Gonley, determinó el colofón dorado de una cuidadosa edición que, bajo el título de “Lo bello y lo sublime”, exploró la transición estética del clasicismo hacia los primeros esbozos del romanticismo. De nuevo los presentes regresábamos a casa llenos de música, con la nostalgia por una celebración que terminaba, pero a la vez confiados en todas las energías que nos dejaba la primera gran ceremonia musical del año hasta que fuera necesario recargar baterías, al arranque de 2021.

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En ese momento, nadie veía venir el annus horribilis.

Como sucedió con prácticamente la totalidad de eventos presenciales a partir de inicios de marzo de un año para el olvido, la esperanza de que 2021 nos viera de nuevo convocados bajo el sol estival de Cartagena de Indias a principio de año era agua entre los dedos. Con suerte, imaginábamos, el proceso de viaje hasta la otra orilla se iba a tomar un tiempo prudencial para acaso pensar de nuevo en el reencuentro hacia 2022. Nos resignamos a un enero desangelado, en el que no se trataba siquiera de lamentarnos por la falta del Festival: con la posibilidad de habernos podido reunir en familia en diciembre hubiera bastado. Pero ni eso nos permitió el maldito coronavirus.

Hoy, si bien la maldición no está conjurada del todo, hay motivos que permiten pensar en regresar a lo que fuimos. Uno de tantos fue el anuncio de esta entrega, atemporal, breve y no libre de lógicas restricciones y bioseguridades, del adorado Festival de Música. Cartagena se lo merecía, los melómanos del mundo entero que han disfrutado de uno de los festivales “más mágicos del mundo” al decir de la revista británica Classic FM, también nos vemos recompensados tras la espera.

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Y como si se tratara de tomar la posta del último concierto del año anterior, la ópera italiana será la gran protagonista. Bajo la denominación de “bel canto” se conoce a la escuela lírica con apogeo durante poco más de 150 años comprendidos entre finales del s. XVII y mediados del s. XIX, un período luminoso caracterizado por el virtuosismo vocal, la llegada al estatus de rock stars de compositores, libretistas, directores y primadonnas sobre el escenario, y el posicionamiento de una suerte de espectáculo integral que por primera vez reunía todos los elementos de los recitales modernos: una demanda específica de público, el florecimiento del star system de sus protagonistas y la aparición de la crítica musical como mediadora entre gustos populares.

La presente edición del Cartagena Festival de Música permitirá hacer un recorrido a vuelo de pájaro por las diferentes escuelas que derivaron en una visión de la ópera como una especie de arte cinematográfico, mezcla de teatro, danza, vestuario, escenografía, parlamento y, por supuesto, canto. Y se hará a través de un recorrido histórico desde el barroco y el clasicismo, hasta el romanticismo tardío y el verismo, en un viaje que a través de varios conciertos nos desplazará del pionero Monteverdi al definitivo Puccini, pasando por ineludibles perlas vocales pergeñadas por Mozart, Pergolesi, Bellini y Donizetti, entre los grandes nombres.

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Y como en aquella oportunidad, cuando simplemente esperábamos que el cierre fuera la promesa del reencuentro un año después (que por fortuna lo fue, meses más meses menos), el evento final de esta edición será el concierto denominado “Ópera sin frontera”, que a las 5:00 p.m. del domingo 4 de julio presentará, en el Auditorio Getsemaní del Centro de Convenciones, un programa variopinto a manera de resumen de lo visto y oído hasta ese momento.

Pero nuevamente, y para alegría de los aficionados, nada hay de gratuito en la elección de ese cierre.

De alguna manera, las singularidades de la presente edición del Festival en cuanto a su duración y momento del año, lo convierten en una suerte de bisagra hacia el evento programado desde ya para enero de 2022 –como se estila desde 2006–, y que estará dedicado a la obra del adorado Rossini, un personaje inefable, incorregible gourmand y negociante de quilates, que en apenas 20 años, antes de su inesperado y prematuro retiro, dejó un opus de 39 óperas y varias piezas de cámara, un réquiem y algunas obras para piano.

Buena parte de los instantes más reveladores, emocionantes y recordados en la historia de la ópera provienen de la inspiración del músico de Pésaro, entre ellos las oberturas, arias, duetos y coros de La Cenerentola, La dama del lago, Semiramide, El conde Ory, Guillermo Tell, La italiana en Argel, El turco en Italia y La urraca ladrona, por mencionar algunas de sus creaciones. Justamente será El barbero de Sevilla, la simpática historia de los amores de Rosina y el Conde de Almaviva mediados por el muy ambicioso y celestino Fígaro, el factótum de la ciudad, la ópera que se escenificará en su versión completa el año entrante, en asocio con el Teatro Comunale de Bolonia y su orquesta residente.

Así, entre el 6 y el 15 de enero de 2022, la cita en Cartagena estará mediada de nuevo por la emoción, la risa, el asombro, el drama y la musicalidad de la ópera italiana, a través de la obra de Rossini y sus contemporáneos. Y la edición que disfrutaremos mientras, debe entenderse como su maravillosa antesala, una puerta abierta a la esperanza en clave de sol.

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