¡Feliz cumpleaños, Silvestre Francisco Dangond!

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Silvestre Francisco Dangond Corrales comenzó muy joven en la música, con un estilo fresco y canciones más bien con temáticas adolescentes (La colegiala, por ejemplo, su gran primer ‘hit’ a nivel nacional), a pesar de esto, siempre ha sido un admirador del vallenato de antaño, de los clásicos.

“!Ay!, aquí estoy: vivo. Nací un 12 de Mayo de 1980… He disfrutado la vida, y el día que me toque partir, me voy feliz”. Son las palabras iniciales, sencillas, agradecidas, de Si yo supiera, canción compuesta e incluida en el último trabajo discográfico, Esto es vida, por este músico que llega, con una carrera más que consolidada, a los treinta y nueve años de edad: Silvestre Francisco Dangond Corrales. Sin duda, el cantante vallenato más popular de la actualidad. Representante de lo que se conoció en principio, en el ámbito musical, como la nueva ola del vallenato. Y es el más popular, Silvestre, porque es el más destacado en varios sentidos. Regla que no se cumple, hay que decirlo, en todos los casos, pues no siempre el artista más conocido o notorio es por lo tanto el mejor en lo suyo. En este caso sí: Silvestre Dangond es el más famoso y admirado de los jóvenes cantantes vallenatos porque simplemente es el mejor de su generación.

Es, entre otras cosas en las que despunta, un fenómeno de popularidad en plataformas de música y video. En YouTube, por ejemplo, varias de sus canciones aparecen con numerosas visitas. Niégame tres veces (en vivo), del compositor Aurelio Núñez, acumula más de doscientos ochenta millones de reproducciones: una cifra descomunal. En redes sociales suma, entre Twitter, Instagram, y Facebook, alrededor de diez millones de seguidores. En cuanto a sus presentaciones en vivo, también es el más sobresaliente: ha pasado, hace algunos años ya, de amenizar bailes populares o fiestas privadas, a ser el epicentro de conciertos multitudinarios en los escenarios más importantes, principalmente del continente americano.

Pero sobre todo, y aún más importante, es, Dangond, entre los jóvenes representantes de  la música vallenata, el que mejor canta. Tiene las condiciones naturales, y culturales, para interpretar las letras de este género musical con una brillantez sin par: con una pasión genuina o, dependiendo de la canción de turno, con una dulzura particular, o una sabrosura única, o un desparpajo autentico, y lo hace, casi siempre, con un gran nivel de calidad interpretativa y vocal; incluso él mismo solía referirse a su garganta, mientras la tocaba con leves palmadas, como la ‘mampana’, en un gesto de sana arrogancia y seguridad en lo que sabe que tiene. Y lo que tiene no es otra cosa que talento.

Lo hereda de su papá, William Dangond, cantante que en su juventud incursionó con alborozo en la música pero que, sin embargo, no logró el nivel competitivo que con creces ha logrado su hijo mayor; también de su madre, Delis Corrales, pariente cercana de músicos renombrados como Fabián y ‘Chema’ Corrales. Sin embargo, el talento natural, por un lado, y la herencia cultural, por otro, no bastaban por sí solos: faltaba la terquedad y la disciplina suficientes para llegar a la cúspide profesional que ha llegado Silvestre. Y en esa escalera empinada, llena de alegrías tanto como de tropiezos, nada de nada le ha sido fácil ni regalado a este músico: Silvestre ha sido, y es, un enamorado fiel de la música, además de un trabajador incasable.

Dice, en tono de reflexión retrospectiva, el otrora mejor futbolista del mundo, Diego Maradona, en su libro El Diego de la gente, que: “Es bárbaro recorrer el pasado cuando venís de muy abajo y sabés que todo lo que fuiste, sos o serás, no es nada más que lucha”. Pues de estos treinta y nueve años que cumple, Silvestre lleva por lo menos diecisiete de una lucha sin tregua en la industria de la música. Desde antes, en su adolescencia, ya había ‘guerreado’ la vida en Urumita, La Guajira, el pueblo de su madre y donde él mismo nació. Allí, hacía trueques de canto por comida: canciones por empanadas, o serenatas por algunos primeros e inocentes tragos. Y más tarde, en su incipiente adultez, en esas noches de incertidumbre y gozo a la vez, en los bares bogotanos, donde se ganaba unos pesos con su mampana y su gracia, para tratar de salir adelante. Y salió adelante, claro que sí.

Comenzó muy joven en la música, con un estilo fresco y canciones más bien con temáticas adolescentes (La colegiala, por ejemplo, su gran primer ‘hit’ a nivel nacional), a pesar de esto, siempre ha sido un admirador del vallenato de antaño, de los clásicos. No ha dejado de incluir, en sus  discos y presentaciones, canciones tradicionales, de distintos ritmos, de puro vallenato: Diosa divina, Nuestra vida, El chinchorrito, La fama, La loma, entre muchas otras. Paradójicamente, también es el más arriesgado en escoger canciones atípicas, en cuanto a arreglos musicales y letras. Despierto, por citar una, es una canción incluida en el disco La Fama (2006), compuesta por su amigo y compositor ‘Lucho’ Alonso, y que reúne estas características. De hecho, su trabajo discográfico Gente valiente (2017) es una muestra contundente de esos riesgos profesionales: un sonido más ligado al genero pop, y con presencia del swing reguetonero. Sin dejar de lado, en el mismo disco, el vallenato costumbrista, en este caso representado por Alucinaciones, del compositor Julio Oñate Martínez.

Hasta aquí, se podría decir, un reflejo del lado brillante de la moneda. Pero también ha habido otra cara, de la misma moneda, más parca y sombría. Relata, en su libro Aquellos tiempos con Gabo, Plinio Apuleyo, periodista y escritor, sobre quién fuera su mejor amigo, Gabriel García Márquez, que ante “un problema importante…el amigo asume un aire grave. Algo se le cierne en la cara, el bigote se le vuelve de pronto más espeso. No dice nada de inmediato: se toma el tiempo para reflexionar como los buenos generales antes de una batalla”. En contraste, se describe a sí mismo: “…en cambio, más joven y movido por su fosfórico signo Aries, obedece siempre a la brusca ráfaga de un impulso, y a veces, tal es el ímpetu del mismo, acierta, por puro chiripazo, como dicen en su país. O la embarra, como dicen allí también”. Pues creo que Silvestre, sobre todo en sus inicios, se parece mucho más al segundo que al primero. Y estos rasgos de su carácter le han costado uno que otro dolor de cabeza.

También ha sido polémico y controversial; ha sido, por decir lo menos, grosero, imprudente, deslenguado. Y los excesos, sobre todo ligados al trago, y el desorden y la euforia circundantes a éste, lo han hecho cometer varias veces errores en público. Ha hecho, por citar uno, innecesarios alardes del dinero que se gana, sin duda una ligereza y un desacierto: una embarrada. De cualquier modo, y para bien suyo (suyo y de su público), ese personaje lengüilargo y volátil ha ido desapareciendo y, en remplazo, vemos y oímos a alguien que cada vez más se preocupa por encontrar el equilibrio entre su ajetreada y exitosa carrera y su vida personal. Así mismo, se ha ido convirtiendo en un ser más reflexivo y reposado; más consciente y racional: parece que, poco a poco, se está pareciendo más al que “…se toma el tiempo para reflexionar como los buenos generales”, que aquel que “…acierta, por puro chiripazo… o la embarra”.

Su ultimo proyecto, hasta ahora un acierto, se trata de una gira de conciertos con destacados acordeoneros, entre los que se encuentran, entre otros, Álvaro López, Emiliano Zuleta, Julián Rojas  y ‘Franco’ Argüelles. Luego de su primera presentación, en el reciente Festival de la Leyenda Vallenata, apuntó, en su cuenta de Instagram: “Hace ocho días me pregunté: ¿Yo qué hice con meterme en este problema del Tour Entre Grandes?, ¡Es mucha responsabilidad!. Sentía dudas, inseguridad, pero algo me decía en mi interior: ¡Lo vas a lograr!”. Y lo logró. En esto, pareciera que cambiara constantemente la máxima: “Ante la duda, abstente” por: “Ante la duda, actúa”. Y la transforma porque, a pesar de sus propios temores, se atreve: es un jugador que tira los dados y pone todas sus cartas sobre la mesa cuando tiene que jugársela por algo que lo apasiona. Hasta ahora, va ganando. ¡Felices treinta y nueve, Silvestre Francisco!.

 

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