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8 Jan 2022 - 6:43 p. m.

García Márquez y el concierto número 3 para piano de Béla Bartók

En el cuarto día del Cartagena XVI Festival de música, el escenario fue para la palabra, en un conversatorio sobre la cultura y el pensamiento de Gabriel García Márquez.

Pedro Mendoza

Julia Salvi, le rinde un homenaje al Nobel de Literatura en el busto donde están sus cenizas. Mariposas amarillas se hicieron presentes antes que la música se convirtiera en palabras en el conversatorio sobre la cultura y el pensamiento de Gabriel García Márquez.
Julia Salvi, le rinde un homenaje al Nobel de Literatura en el busto donde están sus cenizas. Mariposas amarillas se hicieron presentes antes que la música se convirtiera en palabras en el conversatorio sobre la cultura y el pensamiento de Gabriel García Márquez.
Foto: Pedro Enrique Mendoza

En el cuarto día del Cartagena XVI Festival de música, el escenario fue para la palabra, en un conversatorio sobre la cultura y el pensamiento de Gabriel García Márquez. Las sillas estaban dispuestas y como si fuera un testigo silencioso el busto del nobel, donde reposan sus cenizas escucho los textos, los pensamientos.

Todo sucedió en el Claustro de la Merced, un edificio colonial en el centro amurallado de la ciudad, donde llegan los músicos, los periodistas y muchos para saber del Nobel y el Festival.

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Gustavo Tatis periodista y escritor quien hizo una serie de crónicas sobre el Nobel de Literatura en su libro “La Flor Amarilla del Prestidigitador” afirma que Gabo era un experto en Béla Bartók , uno de los compositores más importantes que ha dado Hungría y “muchos dicen que El Otoño del Patriarca tiene una gran influencia musical de este compositor.

Hablando de Béla Bartók, cuando escribí El otoño del patriarca casi escuchaba exclusivamente su música. Y qué sorpresa cuando se me presentaron dos desconocidos que querían hacerme una entrevista y me dijeron: ‘nosotros hemos estudiado bien El otoño del patriarca y hemos llegado a la conclusión de que la estructura de su novela es la del Concierto Nº 3 para piano de Béla Bartók’. Y me asusté”, le dijo a la revista “Opina” en 1984.

Y es que la música clásica también se puede escuchar en algunas obras del Nobel, como en aquel forastero italiano, Pietro Crespi en “Cien años de soledad” quien enseñaba el funcionamiento de una pianola, una presencia de los italianos y su música permeando Macondo.

En la publicación “Color del sonido, música instrumental de cámara del siglo XIX” que el festival de música le entrega a todos los asistentes se lee con atención lo que el nobel dijo en su autobiografía “Vivir para contarla” del 2002.

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Hoy he escuchado tanta música como he podido conseguir, sobre todo la romántica de cámara que tengo como la cumbre de las artes. En México, mientras escribía Cien años de soledad, entre 1965 y 1966, sólo tuve dos discos que se gastaron de tanto ser oídos: los Preludios de Debussy y Qué noche la de aquel día, de los Beatles.

Más tarde, cuando por fin tuve en Barcelona casi tantos como siempre quise, pareció demasiado convencional la clasificación alfabética, y adopté para mi comodidad privada el orden de los instrumentos: el chelo, que es mi favorito, de Vivaldi a Brahms; el violín, desde Corelli hasta Schoenberg; el clave y el piano, de Bach a Bartók. Hasta descubrir el milagro de que todo lo que suena es música”.

La presencia de Gabo en los músicos es notoria. La pianista israelí Yaara Tal y su compañero alemán Andreas Groethuysen son uno de los principales dúos de piano del mundo, actúan con regularidad en lugares como el Concertgebouw de Ámsterdam, las Filarmónicas de Berlín, Colonia y Múnich y el Festival de las Artes de Hong Kong.

En Cartagena hicieron sus presentaciones en el hotel, Sofitel Legend Santa Clara, en una época fue el antiguo Convento de Santa Clara de Asís, construido en el siglo XVII. Allí está la cripta de Sierva María de los Ángeles, la protagonista de la novela Del amor y otros demonios.

“Cada artista tiene un sello que pone en sus interpretaciones, Esto se podría aplicar tanto a músicos como escritores, ya que ambos usan diferentes herramientas para contar una historia o una emoción” sostiene Yaara Tal y afirma mirando las fotos del nobel que se encuentran en las paredes que sin duda había un sello de realismo mágico, se podía apreciar lo que lo inspiraba en su vida, en el caribe colombiano.

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“Para nosotros los músicos, después de conocer las obras de Gabo y presenciar el sitio de su inspiración, ha sido enriquecedor como artistas. De algún modo estamos inspirados a tocar la música con nuevos ojos de cierta manera”, sostuvo Andreas Groethuysen.

Varios fueron los asistentes a este escenario donde se cambió por un rato, las violas, violines, pianos por la cultura y pensamiento de Gabo.

Es el resultado de una alianza constante y permanente del Festival de Música y la Universidad de Cartagena que se ha manifestado desde muchas formas en las distintas agendas de cada año”. Le dice a El Espectador Bertha Arnedo Vicerrectora de extensión y proyección social de la Universidad.

Esta funcionaria académica considera que este claustro es un permanente encuentro con la cultura.

“Se conjugan elementos muy importantes, es tal vez uno de los patrimonios arquitectónicos importantes de la ciudad y la Nación, espacio donde funciona una universidad pública bicentenaria. Un patrimonio académico que nos permite abrirnos a las comunidades no solo desde el conocimiento científico, sino también desde los saberes ancestrales y artísticos” con el programa “Universidad de cara al Caribe”.

Afirma que funcionan en las instalaciones del claustro entre otros el observatorio de patrimonio cultural, el marítimo y el instituto de estudios del caribe que se encuentran con las comunidades, lideran los proyectos de cara al mundo y los territorios.

“Y la felicidad de tener siempre presente el recuerdo del Nobel con sus cenizas y quien fue uno de nuestros estudiantes de la Facultad de Derecho”.

El profesor Esteban Vega es docente del programa de Lingüística y Literatura de la Universidad de Cartagena. Inició este encuentro con una lectura de la -Cartagena de García Márquez-.

“A Cartagena llega García Márquez luego del bogotazo, de la revuelta popular por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán. Llega a continuar sus estudios de Derecho en la Universidad de Cartagena. Allí en la ciudad se reencuentra con Manuel Zapata Olivella quien lo presentará al director editorial Clemente Manuel Zabala para que se integre al periódico El Universal; periódico en el cual también participaba Héctor Rojas Herazo. Este es un detalle de gran importancia porque la calidad del periodismo salvaguardado por Zabala haría de este periodo un momento cumbre del periodismo colombiano. Para Márquez la labor de editor de Zabala le significó un aprendizaje fundamental para su oficio de escritor”.

Gabo fundó un universo simbólico desde el Caribe colombiano. “Construyó una gran metáfora donde registró una visión de mundo originaria, latinoamericana compleja que fue arrollada por la “Hojarasca de la modernidad”, hojarasca que tiene a la mayoría de los pueblos del planeta sumida en una absoluta soledad de miseria espiritual y material”. Aseguró Vega.

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Y es que Gabo y la música son un solo compás, en el “Viaje a la Semilla” en septiembre de 1977 dijo. “Dicen que uno vive donde tiene sus libros, pero yo vivo donde tengo mis discos”, dijo el director de la Ópera de Colombia, Luis Díaz Hérodier.

Terminó la tarde en Cartagena de palabras y volvió la música, esa que también le gustaba al Nobel, el vallenato de Rafael Escalona, con el que viajó a la muerte.

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