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Del corazón de Chile al Festival Cordillera: la historia viva de Gondwana

El 14 de septiembre, Gondwana subirá al escenario del Festival Cordillera. En esta entrevista, Keno Valenzuela, tecladista y productor musical de la banda chilena, habló sobre su música, la vigencia del reggae latinoamericano y el vínculo de la banda con su público a lo largo de más de tres décadas.

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Samuel Sosa Velandia
13 de septiembre de 2025 - 04:00 p. m.
Integrantes de Gondwana, agrupación que se presentará en la cuarta edición del Festival Cordillera.
Integrantes de Gondwana, agrupación que se presentará en la cuarta edición del Festival Cordillera.
Foto: Cortesía Gondwana
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El domingo, el escenario del Festival Cordillera se convierte en un punto de encuentro de historias, de generaciones, de sonidos que han cruzado océanos y fronteras. Gondwana, la banda chilena que desde hace más de tres décadas ha trazado la geografía del reggae latinoamericano, se prepara para tocar frente a un público diverso: quienes crecieron con sus primeras canciones, quienes descubrieron sus acordes en plataformas digitales, y quienes llegan por curiosidad, sin saber que asistirán a una lección viva de música, memoria y conciencia.

Para Keno Valenzuela, tecladista y productor de la banda, cada presentación en Colombia es un acto de reafirmación: un recordatorio de la relación profunda que la banda ha construido con este país a lo largo de los años, con conciertos en ciudades diversas y encuentros con músicos y públicos que han compartido su historia.

La trayectoria de Gondwana es una crónica de constancia y adaptabilidad. Desde sus primeros festivales hasta eventos centrados en la música latinoamericana, la banda ha aprendido que estos escenarios tienen un carácter distinto: no se trata de competir con lo internacional o anglosajón, sino de celebrar lo propio, de mostrar que se pueden generar experiencias auténticas con recursos propios.

Valenzuela recuerda festivales similares en Chile, donde artistas de distintas regiones compartían fronteras y sonidos, creando un espacio para que la música latinoamericana brillara sin comparaciones. Estas instancias, señala, fortalecen la identidad regional y permiten que la gente crea en su propio talento.

Gondwana no ha sido únicamente testigo de la historia del reggae; la banda la ha construido. Sus composiciones combinan lo espiritual, lo social y lo personal. Temas que hablan de amor y vivencias cotidianas se entrelazan con reflexiones sobre educación, salud y desigualdad. La observación de otras sociedades durante sus viajes por Sudamérica y Europa ha ampliado su mirada, permitiendo entender la música como un vehículo para generar conciencia y reflexión.

“Viajar ayuda a comprender en qué posición está la sociedad en la que uno vive. Muchas personas hablan mal de su propio país, pero cuando visitas otros lugares te das cuenta de que realmente hay problemas más graves en otros países”, señala Valenzuela, recordando que la perspectiva internacional siempre ha nutrido la creación musical de la banda.

El reggae de Gondwana tiene un poder que trasciende el entretenimiento: es denuncia, memoria y construcción colectiva. Aunque los contextos políticos y sociales hayan cambiado, la música mantiene su capacidad de generar reflexión y despertar conciencia. Sobre todo, en un continente donde la polarización política es palpable, donde los procesos democráticos se debilitan y la historia reciente muestra ejemplos de fragilidad institucional.

La banda sigue creyendo en la música como herramienta de orientación y transformación. “No se trata de dirigir, sino de ofrecer un espejo donde cada oyente pueda encontrar sus propias respuestas”, dice el productor.

La música en nuevos tiempos y de otros deseos

Mantenerse vigente en la industria actual requiere adaptación constante. La banda ha transitado desde los cassettes y CDs hasta el streaming y las redes sociales, aprendiendo a manejar una industria que ahora mide el éxito en números y algoritmos más que en emociones compartidas. La transformación tecnológica y la digitalización han cambiado la forma de consumir música: las canciones sueltas han reemplazado a los álbumes concebidos como historias completas, y la interacción con el público se ha vuelto permanente a través de plataformas virtuales. Gondwana, sin embargo, ha logrado equilibrar la adaptación con la autenticidad, sin sacrificar la esencia de sus composiciones ni la conexión con quienes los escuchan en vivo.

Los cambios internos también han moldeado la banda. La salida del vocalista en 2004 fue un momento crítico que obligó a repensar la dinámica del grupo y a distribuir el protagonismo entre todos los integrantes. La fuerza de Gondwana reside en su colectividad: cada músico aporta su visión, su sonido y su sensibilidad, creando una armonía que refleja la verdadera historia del grupo.

Asimismo, la convivencia creativa se convierte en un espacio de autoterapia: horas de ensayo, composición y experimentación se mezclan con la vida personal, los viajes y la rutina familiar. Cada error se celebra, cada acierto se comparte, y la música se convierte en un catalizador de emociones y aprendizaje colectivo.

La espiritualidad atraviesa la música y la vida de Gondwana. Para Keno, no se trata de religión, sino de conciencia, de atención al presente y disfrute de lo sencillo: observar una planta, mirar al cielo, escuchar los sonidos del entorno. En un mundo hiperconectado y dependiente de la tecnología, la música, afirma él, se convierte en un ancla, una guía para encontrar equilibrio y sentido.

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Las letras de Gondwana ofrecen caminos, orientan sin imponer y permiten que cada oyente descubra su propia interpretación. La esperanza y la reflexión son así un hilo invisible que recorre cada concierto y cada grabación de la banda.

Los cambios en la industria musical, especialmente la producción casera y la irrupción de la inteligencia artificial, han planteado desafíos inéditos. Hoy discos enteros pueden producirse sin músicos reales, con voces digitalizadas que generan debates sobre autenticidad y derechos de autor. Gondwana observa estos fenómenos sin renunciar a la tradición: mantener una banda de músicos reales, con ensayos, conciertos y composición colaborativa, sigue siendo más costoso y complejo, pero garantiza la interpretación genuina y la conexión con el público.

La banda resiste a la estandarización y a la simplificación tecnológica, recordando que la música en vivo sigue siendo un acto de autenticidad y resistencia.

El público se convierte en protagonista. Cada aplauso, cada voz que canta, cada cuerpo que se mueve al compás de los tambores, se transforma en energía que alimenta la pasión de la banda. La vigencia de Gondwana no se mide en cifras de plataformas, sino en la intensidad de la experiencia compartida, en la manera en que la música logra conectar generaciones y despertar reflexión. Los conciertos funcionan como un diálogo continuo entre escenario y audiencia, donde cada gesto y cada mirada tienen significado.

Cada acorde es un puente entre pasado y presente, entre memoria y futuro. Desde los primeros compases de reggae hasta los matices de dancehall, hip hop y rhythm and blues incorporados en su propuesta, la banda demuestra que la innovación y la autenticidad pueden coexistir. La música es un espacio donde la esperanza y la espiritualidad encuentran lugar, incluso en un mundo que parece girar demasiado rápido.

Cuando el sol ya no esté sobre el festival. A las ocho de la noche, Gondwana cumplirá su propósito: transformar la experiencia de quienes escuchan, dejar un registro de que el reggae latinoamericano sigue vivo, vibrante y necesario.

Samuel Sosa Velandia

Por Samuel Sosa Velandia

Comunicador social y periodista de la Universidad Externado de Colombia. Apasionado por las historias entrelazadas con la cultura, los movimientos sociales y artísticos contemporáneos y la diversidad sexual. Además, bailarín de danza folclórica en formación.@sasasosavssosa@elespectador.com

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