Il Gardellino: cantatas y conciertos

Reseña sobre la presentación de Il Gardellino realizada el miércoles 23 de octubre de 2019 en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango como parte de la Temporada Nacional de Conciertos del Banco de la República 2019.

Il Gardellino, agrupación creada en Bélgica durante la década del 80, se ha especializado en la obra de Johann Sebastian Bach.Gabriel Rojas © Banco de la República

A pesar de la lluvia y el intenso frío que en los últimos días hemos soportado en Bogotá, un numeroso público asistió al concierto del ensamble belga Il Gardellino el pasado miércoles 23 de octubre en la Biblioteca Luis Ángel Arango. Durante la primera parte, muchos permanecimos con abrigos, chaquetas y bufandas puestos, pues la temperatura —incluso dentro de la sala— fue bastante baja. Sin embargo, esto no impidió que gozáramos de un excelente espectáculo, a cargo del afamado ensamble fundado por el oboísta Marcel Ponseele y el flautista Jan de Winne. (Lea también: Cuarteto Prism: "La Gran América")

Il Gardellino se ha especializado en la obra de Johann Sebastian Bach, reconocido compositor alemán que debe mucho de su fama actual a que sus obras musicales fueron de las primeras en ser grabadas, hecho que coadyuvó a que la misma terminara de estudiarse y editarse, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial. (Le puede interesar: “Colombia se compone”)

En la década de 1980 —época en la que se fundó Il Gardellino—, la interpretación de la obra de Bach, como la de otros compositores barrocos, fue epicentro de una discusión entre los músicos que apoyaban la idea de interpretar con base en información histórica precisa e instrumentos de época, y aquellos que abogaban por hacer versiones modernas de la misma. Esta discusión, terminó favoreciendo finalmente a la obra de Bach, pues el público consumió las producciones discográficas que de ambas partes se produjeron, pese a que hoy día los conjuntos de música antigua prefieren tocar con los instrumentos de época. (Además: Sonidos para sorprenderse en la Sala de Conciertos)

A pesar del pretendido purismo, es inevitable que los intérpretes terminen por escenificar sus propias propuestas musicales, lo cual ha generado que se establezca una competencia entre dichos grupos, que lógicamente buscan desarrollar su propia impronta musical. Así pues, las interpretaciones de Bach que escuchamos de manos del ensamble belga, son resultado de una investigación en fuentes históricas, y fruto de treinta y un años de trabajo en escena. El orden del programa alternó dos conciertos y dos cantatas, habiendo dejado para la segunda parte las obras de mayor duración.

El Concierto para flauta, violín y clavecín en la menor, BWV 1044 tiene una mayor elaboración formal y riqueza en las texturas que el Concierto para violín y oboe en do menor, BWV 1060R; en ambos destaco la interpretación de Zvi Meniker en el clavecín, quien desde su puesto dirigió al ensamble.

Meniker logró avivar el acompañamiento del clavecín con oportunos cambios de timbre, notorio en el segundo movimiento del Concierto para violín y oboe, mientras que lució sus dotes de solista en la cadencia del tercer movimiento del Concierto para flauta, violín y clavecín, siendo ovacionado por el público al final del mismo, algo inesperado para él (habiendo visto de cerca su reacción). También quiero destacar el fino trabajo de acompañamiento logrado por Ira Givol (violonchelo) y Carina Cosgrave (contrabajo), especialmente en el Concierto para flauta, violín y clavecín, por el bien logrado trabajo de dinámicas.

En las cantatas Der Friede sei mit dir, BWV 158 (La paz sea contigo), y Liebster Jesu, mein Verlangen, BWV 32 (Amado Jesús, mi anhelo), pudimos apreciar el canto de la soprano Gudrun Sidonie Otto y del barítono Tiemo Wang. Aunque su papel es bastante pequeño en la primera de las cantatas, Sidonie Otto capturó nuestra atención por el bien logrado timbre que se fundió a la perfección con el del oboe, interpretado por Marcel Ponseele, que contrastó con la esforzada parte del barítono. En la segunda cantata, Sidonie Otto tuvo ya un papel protagónico con arias a solo y en dueto que nos permitieron apreciar mejor las grandes cualidades de su voz. Asimismo, Wang tuvo un papel de mayor responsabilidad en ambas cantatas, al tener un mayor número de recitativos y arias.

Paso a hablar de los solistas Joanna Huszca (violín), Jan de Winne (flauta traversa) y Marcel Ponseele (oboe), quienes con Ira Givol cumplieron papeles protagónicos en los conciertos y de acompañamiento en las cantatas.

Huszca también tuvo un papel de liderazgo en la dirección de los conciertos, atendiendo a las diferentes entradas de su cuerda como a los diálogos con los demás solistas. Aunque noté algunos errores en el Adagio del Concierto para violín y oboe, especialmente en las entradas después de los ritardandi entre el clavecín y el violín, éstos no comprometieron en realidad la interpretación misma, vale más decir que los mismos fueron superados en el acto, a lo que ambos intérpretes asintieron con una discreta sonrisa. De Winne, tuvo a su cargo una parte solista exigente, recargada de ornamentaciones que sorteó con inteligencia, modificando sutilmente el tempo, mientras que Ponseele se destacó por la precisión y sobriedad en cada una de las obras donde intervino.

El secreto de la alta calidad sonora de Il Gardellino está en la atención a los detalles, siendo evidente el esmerado esfuerzo por lograr que los timbres sean emulables entre sí, sin menosprecio de ninguna parte instrumental, pues todos son en realidad indispensables.

* Compositor y musicólogo.

 

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Pedro Sarmiento*

Música

Il Gardellino: cantatas y conciertos

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