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Senén Palacios: creador de películas auditivas y bailables

Este fundador y director de orquestas cumplió 70 años, pionero de la salsa con Neguá y su gente (1971). Es autor de clásicos como “La subienda”, interpretada también por Billo’s Caracas Boys y Leonardo Favio.

Valeskha De La Hoz*
27 de septiembre de 2021 - 09:00 p. m.
Senén Palacios Córdoba marcó la propuesta de la música tropical en Colombia durante las décadas del 70, 80 y 90. / Archivo Particular
Senén Palacios Córdoba marcó la propuesta de la música tropical en Colombia durante las décadas del 70, 80 y 90. / Archivo Particular

Senén Palacios Córdoba lleva la música por dentro. Cuenta su hijo, también llamado Senén, que incluso estando dormido tarareaba fonemas que lo arrullaban y que movía sus pies al compás de algunas de sus cumbias. Es como si llevara la música en sus venas, y sí. Su abuela Visitación Córdoba, quien verseaba día y noche, además de criarlo, le enseñó a componer desde muy pequeño. Así logró poner su nombre como compositor y productor, y su voz en muchas de las canciones de la música tropical que marcaron las décadas del 70, 80 y 90.

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En Neguá, un corregimiento de Quibdó al que le debe su apodo, nació un 24 de junio de 1951. Allí creció y compuso sus primeras letras inspirado por músicos populares de su región como Juanacho, a quien después le compuso una canción; Alfonso Córdoba, El brujo, y Manuelito Torres, clarinetero, pero también inspirado en contar la cotidianidad de los negros del Pacífico y del Caribe. “Mis canciones son un periódico que narra la vida de los campesinos del Pacífico y del Chocó, una película auditiva que ensaya los ires y venires de los negros”, afirma orgulloso.

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A los 19 años creó su primera agrupación, Neguá y su gente. Con ella lanzó el álbum Punta Huina, con éxitos como Los guaduales no lloran y Mi niña quiere una cuna, que en palabras de Senén Palacios fue una de las canciones más sonadas en Perú. Paralelamente, con su llegada a Medellín, el compositor escribió canciones para Fruko y sus Tesos. La primera fue Nadando, del álbum El violento (1973, Discos Fuentes). Luego vendrían composiciones para la agrupación como El árbol que me daba sombra (1978), canción que compuso tras la muerte de su padre, Juan, no seas malo (1980) y La sementera (1981).

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Ese fue solo el comienzo de su carrera como cantante y compositor. Jaime Monsalve, periodista musical y coleccionista de la música de Neguá, asegura que “cualquier colombiano puede cantarse al menos 10 de las canciones que ha compuesto Senén Palacios en sus 70 años de vida”, pues sus composiciones llegaron a las voces de muchos grandes artistas de Latinoamérica, pero además bajo su propia voz también dejó éxitos.

Con Neguá y su gente siguió hasta 1976 y lanzaron el elepé Los chontaduros. Las ganas de “enriquecer el pentagrama” y su creatividad lo llevaron a convertirse en un selectivo director de orquesta y a agrupar músicos bajo diferentes nombres. “Me gustaba la orquestación y cómo sonaba la unión de los diferentes metales”, cuenta. Siguió Senén Palacios y su negramenta, con la que se destacan sencillos como Clarinete y guacharaca o La segunda del cafetero, y los álbumes Maldita borrachera y El comandante del ritmo, con éxitos como Juanacho, un homenaje al músico quibdoseño.

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Neguá y su combo también fue una de sus orquestas y con ella lanzó La cabeza del pescado y El desquite, donde exploró su esencia musical que lo une al Caribe. “El Chocó también tiene Caribe. Traté de unirlos y mostrar una expresión bilateral entre los dos”. También dirigió La sonora maravilla, Los cadetes y La sonora castellana, donde contó con apoyo vocal de Mariano Sepúlveda, Hernando Barbosa y Markitos Micolta.

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Con este último participó en varias producciones que solo fueron comercializadas en México; una de ellas Markitos con la Sonora Sampuesana (1981). En su paso por Europa, además de vender sus producciones hechas en Colombia, creó la Orquesta Black Power. Con ellos, viviendo en Tenerife, lanzó el elepé El streap tease de la orquesta Black Power de Colombia (1990) y en Barcelona, grabó y lanzó La invasión de la noche en 1993, su último álbum.

Componer desde las raíces

La subienda es quizás una de sus composiciones más reconocidas y grabadas, y es además el reflejo de lo que Senén Palacios declara: sus canciones retratan la vida en su tierra natal y los sonidos que allí conoció. La historia de esta canción, grabada por primera vez en la voz de Gabriel Rumba Romero en 1980, viene de un recuerdo de Palacios junto a su tío en Chocó, cuando los peces pasan crecidos en el río para beneficio de los pescadores.

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“La gente se alegraba porque con la subienda la vida se vuelve más barata”, cuenta Neguá. En una noche de pesca junto a su tío, cuando ya todos los pescadores volvían a casa por la lluvia, su tío decidió quedarse. Ahí se le ocurrió la idea de la canción: “Bajo la lluvia inclemente de una noche sin lucero, va un pescador que no siente”. La canoa se movía, pues la marea estaba alta y las olas, afirma, golpeaban produciendo el sonido “purupupum pum pum”, que terminó agregando con trombón a la canción.

La subienda fue grabada también por Rodolfo y su Típica, la Billo´s Caracas Boys (Venezuela), Don Medardo y sus Players (Ecuador) y por el argentino Leonardo Favio en 1985. Además, ha sido incluida en muchos discos que agrupan colecciones de cumbias y música tropical, entre las que están Los grandes éxitos de la música tropical, Cumbias pegaditas y Chirimías del Chocó.

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Además de esta cumbia, y las canciones que compuso y que fueron interpretadas por Fruko y sus Tesos, están clásicos como Las cabañuelas, La guarapera y Valluna, interpretadas por The Latin Brothers; El disfraz, por Los Corraleros de Majagual; Las mujeres de San Juan; El barbudo, para la agrupación Afrosound, y La puerca en compañía, con La Sonora Cañonera, entre otras.

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A sus 70 años y con 1.312 canciones grabadas, Senén Palacios se siente satisfecho de la chispa que sigue teniendo para componer y producir. Aún tiene “chupundun y pelele” para dar, sigue siendo creativo, folclórico y juglar, y ha transmitido eso a sus hijos. Ellos, Senencito y Susana, también se inclinaron por la música. El primero por la del Pacífico, pues toca chirimía, saxofón y compone, y Susana es maestra musical.

“Para seguir adelante a veces toca mirar hacia atrás”. Ese es el consejo que les da a sus hijos y a todos los nuevos jóvenes salseros. Para él, la buena música es la que tiene como base lo que los más grandes hicieron en el pasado. Como él, que siguió a Juanacho y terminó convirtiéndose en ‘maestro de oído’, y además superándolo al convertirse en un referente de la salsa y la música tropical colombiana que puso a bailar a toda una generación.

* De la Fundación Color de Colombia.

Por Valeskha De La Hoz*

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