Lidera el programa “Lengua y cultura viva” en la Universidad Pontificia Bolivariana

Un docente sin fronteras

El paisa Jean Paul Mejía enseña español a extranjeros. Estuvo en Ghana y Vietnam compartiendo aspectos de su lengua y cultura con estudiantes, desde diplomáticos hasta profesionales en turismo.

Jean Paul Mejía es licenciado en lenguas modernas y ha trabajado en la Universidad Pontificia Bolivariana durante 15 años. / Luis Benavides - El Espectador

¿Por qué decidió enseñar lenguas?

Fue más bien una fortuna. Tuve la oportunidad de viajar a Italia con una beca cuando estaba muy joven. Allá terminé el colegio y desde ese momento tuve una conexión muy grande con las lenguas.

¿De dónde salió su idea de irse para Vietnam a enseñar español?

En 2014 pude viajar a Ghana con la Cancillería colombiana a enseñar español, y el año pasado hubo otra convocatoria para cinco docentes que quisieran hacer un viaje similar a cinco países en Asia. Nos distribuyeron entre Indonesia, Tailandia, China, Filipinas y Vietnam.

¿Cómo fue la experiencia de enseñar su lengua en una cultura tan diferente como lo es la vietnamita?

¡Es muy diferente! Fue un reto profesional muy grande. El programa para el que trabajé se llama “Traducción, interpretación y turismo” y se conectó con la Cancillería, porque cada vez son más los turistas hispanohablantes que visitan Asia. Mi misión era enseñar sobre la cultura colombiana (comidas típicas y expresiones lingüísticas). Abordamos el tema de la fonética y la fonología a través de la música latinoamericana e hicimos talleres de escritura creativa.

¿Qué fue lo más difícil de enseñar su lengua en Vietnam?

El vietnamita no tiene un pasado ni un futuro, entonces, con el español, siendo una lengua tan rica en tiempos verbales y conjugaciones, es difícil hacer una conexión y explicar que hay tiempos diferentes. Ese fue el reto más grande. Los estudiantes te cuentan qué cosas no hacen de la misma forma y era importante crear un vínculo para que ellos pudieran reconocer las diferencias con su lengua.

También estuvo enseñando español en Ghana.

Estuve en el 2014 durante ocho meses trabajando con la Cancillería ghanesa y con diplomáticos de allá. Llevamos cuatro años seguidos conectados con ellos. En cambio, enseñar en Vietnam fue la primera vez, pero espero que haya muchas más.

Como docente, ¿fue más retador enseñar en Ghana o Vietnam?

Como profesor, el reto más grande fue Vietnam, por el límite que representa la cercanía lingüística. Aunque en Ghana la lengua oficial es el inglés, la enseñanza se facilitaba al trabajar con diplomáticos que tienen una perspectiva más grande de las lenguas. Ir a Vietnam y encontrarme con estudiantes de primer año que apenas entendían cuál es el lugar del español en el mundo y que, además, es una lengua muy difícil, se convierte en un reto muy importante. Es una oportunidad de ponerse a prueba.

¿Qué le queda a usted después de estas experiencias?

Me gustan las ciudades: visitar, caminar y conocer los aspectos que las hacen únicas. Tuve la oportunidad de caminar todo Hanoi y de disfrutar todos sus “artilugios”. Como persona, eso es lo que más valoro, la oportunidad de conocer la realidad de los territorios y no lo que venden a los turistas. Eso hace que cada lugar sea aún más bello.

¿Cómo fueron los choques culturales en ambas ciudades?

Es un choque lingüístico. El vietnamita es muy difícil y fonológicamente no estamos preparados para reproducir esos sonidos que ellos traen desde su cultura. Lo lingüístico también tiene implícitos aspectos culturales importantes, porque ellos no están pensando en un pasado o un futuro, sino en el día a día y cómo disfrutarlo. Ellos vivieron aspectos fuertes en su vida —guerras, colonias—, pero hoy salen adelante y pueden hacer propuestas importantes en términos de comunidad.

En Medellín usted enseña a estudiantes de otros países. ¿A qué cultura le falta enseñarle español?

Siento que ha sido un recorrido por el mundo. He tenido estudiantes de muchos lugares, he estado en diferentes continentes y creo que repetiría cualquier país de Asia que me toque, porque es toda una confrontación. Sin embargo, que me haga falta, creo que Australia o un lugar más lejano que Vietnam. Una de las oportunidades bonitas que podría darme la vida sería tener la conexión con una lengua ancestral nuestra para confrontar otros aspectos de lo que somos nosotros realmente.

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