Eileen Roca, una mujer con estrella

La exreina, quien además de actuar debuta en la presentación, asegura que nunca tuvo pretensiones de ganar el reinado, pero cree que el secreto de su éxito fue la naturalidad de su cuerpo y su autenticidad.

Eileen Roca nació en Río de Janeiro (Brasil), donde vivió sus primeros cinco años. / Jonathan Ramos
Eileen Roca nació en Río de Janeiro (Brasil), donde vivió sus primeros cinco años. / Jonathan Ramos

¿Por qué decidió dedicarse a la presentación?

Estudié comunicación, pero no había podido ejercerla y estaba en esa etapa de mi vida en que quería hacer otras cosas. Entré en una crisis y comencé a buscar opciones y una de ellas fue la del Canal del Congreso, pero estoy en el mundo del espectáculo, entonces se me presentó la posibilidad en Canal 13 y supe que eso es lo que me gusta.

Ahora presenta un programa junto a un presentador sordo. ¿Cuál ha sido la experiencia?

Al principio era incómodo porque él mira a su intérprete para entender qué es lo que estoy diciendo, entonces no hay contacto visual para entendernos. Pero ahora lo llevo a su casa cuando grabamos y nos entendemos todo, porque él lee mis labios, porque ellos son muy detallistas y yo le hablo despacio. Además me ha enseñado cosas en lenguaje de señas.

Usted tuvo una fundación de sordomudos...

Sí, en Valledupar. Conseguíamos implantes cocleares y becas de estudio, pero nosotros le hicimos un nombre y luego se la entregamos a una persona sorda que hoy es la presidenta. Ahora con el presentador, Cristian, me he involucrado mucho más con la inclusión, porque ellos forman parte de la población normal, pero, por ejemplo, él no tiene ni idea qué está pasando con el plebiscito y son un público grande y olvidado.

Sus papás son médicos. ¿No pensó en estudiar medicina?

Sí, pero soy cobarde para la sangre, entonces sería una medida patética, y me dediqué a la parte artística, pero he aprendido cosas de neurocirugía y cuando mis amigas tienen rinitis o espasmos pulmonar les digo qué hacer. En mi casa tengo la farmacia, pero para estudiar medicina hice un premédico y no pude, soy muy cobarde.

¿Qué pasó con su clínica de belleza?

La tuve que vender, no podía actuar y manejarla al tiempo. Gerenciar es difícil y uno tiene que dedicarse a eso. La descuidé, no iba y después la médica hizo lo mismo y comenzamos a tener muchas pérdidas, entonces le vendí mi parte. A mí me entró esa ambición de tener la mejor clínica con los mejores equipos, y cuando fui a ver ya estaba ahorcadísima con tanta cosa. Fue una experiencia interesante. Ahora tengo otra clínica odontológica más pequeña y en sociedad con un primo, entonces no me demanda mucho tiempo, pero sigo con el tema empresarial así me haya quebrado.

¿Qué recuerda de sus primeros años en Río de Janeiro?

La primera vez que mi mamá me llevó a la playa, eso es lo que más me quedó, no me acuerdo de más. Aunque aun en mi casa hablamos portugués y mantenemos esa cultura. En mi casa se escucha vallenato, pero hay días en que se despiertan cariocas.

¿En qué momento decidió ser reina?

Desde que estaba pequeña mi mamá siempre me dijo que fuera candidata a Señorita Cesar. Tuve dos primas reinas, y en la familia querían que también o fuera. Después me concentré en mis estudios en EE. UU., y cuando regresé mi mamá retomó el tema e hice toda la preparación.

¿Cambió mucho en Nueva York?

Me fui a los 16 años y creo que uno a esa edad no le teme a nada, porque después le entran a uno las prevenciones. Mi mamá quería que me fuera, pero mi papá no. Llegué donde una tía y, a pesar de que había estudiado en un colegio bilingüe, no entendía nada. Aquí tenía carro, allá debía coger tren, debía administrar la plata que me enviaba mi papá y creo que eso hay que vivirlo. Hoy nunca digo “eso me queda difícil”, ya no le tengo miedo a nada.

¿También la marcó la cultura?

Sí, mi primera amiga era afro y entré a su combo, en el que me enamoré de un joven que rapeaba. No cantaba, pero éramos una pandilla que rapeaba. Aún me encanta y cuando lo escucho se me sale lo neoyorquino. Cuando volví, en la Uuniversidad de la Sabana no existía esa moda, entonces se me bajó, pero yo llegué rapera, parecía una loca disfrazada.

¿Por qué les dijo no a las cirugías cuando fue reina?

Hace poco vi a la Señorita Cesar y tiene una dieta estricta y hace crossfit. En mi época evitaba las harinas en la noche, pero almorzaba normal y hacía ejercicio, pero era relajada. Después me operé, pero porque tengo problema de columna y tuve que hacerme una reducción de senos. No estoy en contra, pero hay niñas divinas que quieren mandarse a operar la nariz y ese tipo de perfección no existe, eso no es belleza.

¿Recibió muchas críticas por eso?

Sí, he sido una de las Miss Colombia más criticadas. No era favorita y mi destape en el reinado fue lo que me subió. La gente pensó que habría comprado el reinado y me siguen dando duro, pero ya tengo la corona, y ¡ajá!, que se calmen. Lo disfruté, la pasé rico y creo que lo más importante es que la reina sea una mujer auténtica.

¿Se tomó igual de relajado Miss Universo?

No era mi prioridad en la vida, como pasó con Ariadna y Paulina, que iban para allá y lo consiguieron. No tuve tiempo de prepararme porque lo que importaba del reinado era la función social y el contrato que tenía con el concurso. Antes de irme a Miss Universo tenía otro viaje, llegué, cambié maletas y me fui como si nada. Entonces no hubo nada, lo único que hice fue escoger la ropa que iba a llevar, pero eso no era prioridad, en verdad nunca pensé ser Miss Universo.