“Este es mi país y aquí volveré”: Martha Lucía Zamora

La exfiscal asumirá el cargo de investigadora en la Comisión Internacional contra la Impunidad de Guatemala (Cicig), de Naciones Unidas. Habla del proceso de selección que superó con creces.

“Está haciendo carrera (la estrategia de) desprestigiar a los fiscales y decirle a la prensa que todos los testimonios son falsos”, dice Zamora. / El Espectador.
“Está haciendo carrera (la estrategia de) desprestigiar a los fiscales y decirle a la prensa que todos los testimonios son falsos”, dice Zamora. / El Espectador.

La exfiscal Martha Lucía Zamora, a punto de asumir el cargo de investigadora en la Comisión Internacional contra la Impunidad de Guatemala (Cicig), de Naciones Unidas, se refiere al proceso de selección que superó con creces, y al trabajo que tendrá al lado de otro personaje de la justicia colombiana, Iván Velásquez. Comenta las dificultades que le ha traído su ejercicio profesional y el matoneo al que ha sido sometida durante los últimos años.

Usted fue escogida entre más de 20 candidatos de varios países para trabajar en la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, organismo de la ONU para ese país. ¿Cómo fue el proceso de selección?

La Cicig es una comisión creada por acuerdo entre Naciones Unidas y el gobierno de Guatemala en 2006 para reforzar la capacidad judicial del país junto con las instituciones encargadas de investigación y persecución del delito. Es un órgano que ha tomado mucha importancia por los resultados que ha dado recientemente. Presenté mi hoja de vida en octubre de 2015, cuando todavía trabajaba en la Alcaldía de Bogotá a raíz de la convocatoria que se hizo por esa época. El proceso duró hasta mayo de este año, cuando me informaron que había sido preseleccionada y que el próximo paso sería la presentación de un examen que me enviarían y que debía contestar en dos horas contadas a partir del momento en que llegara al correo electrónico.

¿Cómo se preparó para ese examen? Debe ser estresante, porque desconocía las materias que iban a evaluar y por el tiempo concedido…

Efectivamente, pero me había preparado sobre los temas que juzgué importantes: el Código Penal y el Código de Procedimiento Penal de Guatemala, el acuerdo entre la ONU y el gobierno, los casos emblemáticos de la Cicig, etc. Las preguntas se relacionaban con un caso penal largo y difícil. Debía explicar, con un límite de palabras por cada respuesta, cuáles serían las hipótesis que desarrollaría, el plan y los métodos de investigación que propondría y equipo de trabajo que requeriría para resolverlo. Me informaron que sólo quienes pasaran el examen serían llamados a entrevista. Entregué las respuestas faltando dos minutos para el cierre. Luego me convocaron y me entrevistaron. Me hicieron la oferta hace dos semanas.

¿Qué tuvo que ver con su selección el exmagistrado colombiano Iván Velásquez, que preside esa Comisión?

Nada. Ese proceso lo realiza, de manera autónoma, la oficina de recursos humanos de la Comisión. Al final del mismo, los candidatos que obtuvieron el mayor puntaje fueron presentados al comisionado Velásquez para que procediera a formalizar la oferta, pero no podía escoger ni cambiar los nombres. Todavía no conozco las calificaciones obtenidas por los cuatro seleccionados, pero sí sé que las mías estuvieron entre las más altas.

Una pregunta con realismo: ¿cómo se siente por haber ganado un concurso de méritos y competencias sin tener que rogarles el voto a magistrados o congresistas?

Muy gratificada, porque es el reconocimiento al esfuerzo profesional que he hecho desde el inicio de mi carrera. Recuerde que en el último “concurso” en que participé para ser fiscal general, es decir, la inscripción abierta por la Presidencia hace unos meses para que se postularan quienes quisieran a esa posición, quedé preseleccionada entre los 16 candidatos y no pasé de ahí.

¿Cree que –como pareciera evidente hoy – desde el comienzo de ese proceso ya se sabía quién ganaría en la Corte Suprema?

No es correcto que califique un proceso en que participé, pero ratifico que estoy feliz por haber obtenido uno de los primeros lugares en una convocatoria internacional.

A propósito del tema, aunque su trayectoria es respetable, sus aspiraciones a dirigir la Fiscalía y a formar parte de la Corte Constitucional no tuvieron éxito. ¿Por qué no consiguió los votos suficientes?

Cada elección es muy particular y compleja, y juegan factores diferentes que no siempre tienen que ver con las competencias del candidato. Por ejemplo, nadie se imagina cómo llegaron a ser magistrados Pretelt (Corte Constitucional) y Villarraga (Consejo de la Judicatura). Pese a que no llegué a conquistar mis aspiraciones, no guardo mal recuerdo de ninguna de ellas. Uno aprende de todas las experiencias y la vida continúa. Mire el proyecto tan interesante que tengo hoy y el que, cuando estaba ocupada con mis otros planes, nunca me imaginé.

Usted ha estado envuelta en varias polémicas. ¿A qué se deben las controversias que suscita?

A que tuve que investigar casos muy difíciles que involucraban a personajes públicos con poder. Cuando se obtienen resultados en esta labor, y ante la fortaleza de las pruebas que pudimos recopilar en su contra, el investigado o sus abogados desplegaron una estrategia que desgraciadamente está haciendo carrera en Colombia, y que consiste en desprestigiar a los fiscales y hacerle creer a la prensa que todos los testimonios son falsos o que hay una presunta “persecución política”. He sido una de las mayores víctimas de esas tácticas. Por fortuna, la mayoría de las denuncias que pusieron en mi contra han sido archivadas y la que me generó más dolores de cabeza está en audiencia de preclusión en la Corte Suprema de Justicia.

¿Cuál?

La denuncia de Sigifredo López contra mí, con los mismos argumentos que le acabo de describir: supuestos testigos falsos que yo habría obligado a declarar para perjudicarlo. Esos testigos ya admitieron ante la Fiscalía que no me conocieron y que jamás tuve, siquiera, una conversación con ellos. Sólo viajaré a Guatemala hasta cuando se surta la audiencia de preclusión en la que quiero estar presente.

Su abrupto retiro de la Fiscalía de Eduardo Montealegre de quien, aparentemente, era tan cercana en un principio, tuvo casi carácter de despido. ¿El caso López fue decisivo en esa ruptura?

Se equivoca: yo renuncié. Y lo hice porque sentí, en especial en el caso de Sigifredo López, que no tenía el respaldo del doctor Montealegre, pese a que él conocía perfectamente que yo no era la fiscal que investigaba el caso y que sólo cumplía un papel de apoyo para tenerlo enterado, en detalle, del estado de ese proceso. El fiscal siempre conoció cada movimiento que hice y cada acción que implementé. Por eso me dolió tanto su actitud y, sobre todo, el hecho de no haber querido declarar cuando me denunciaron.

¿Algún día podrían mejorar las relaciones entre ustedes o su amistad quedó rota para siempre, puesto que el exfiscal ahora vive en Alemania y usted residirá en Guatemala?

Creo que algún día nos volveremos a encontrar y tendremos oportunidad de aclarar lo que sucedió. Más allá de las diferencias, hay factores que nos unen desde la época de la universidad.

Supongo que una suerte parecida corrió su relación personal con el vicefiscal Jorge Perdomo...

No. Siempre fue amable. Estamos en temas diversos y en situaciones diferentes en la vida, pero también creo que nos volveremos a encontrar.

En cuanto al caso López, y con la distancia de los años, ¿por qué se evaluó erróneamente el video por el que el exdiputado terminó por un tiempo en la cárcel?

Esa es una pregunta que hoy, después de todo lo que ha sucedido, me hago también porque todavía hay muchos vacíos en la información. Tal vez, en el Tribunal de Paz, se podrá conocer la verdad completa sobre el secuestro y muerte de los diputados, puesto que en ese órgano judicial tendrán que declarar quienes formaron parte de los frentes de la guerrilla que operaban en el Valle y que fueron responsables del secuestro masivo. Serán ellos quienes nos cuenten exactamente cómo pasó todo.

Me consta –porque ha sido publicado en redes sociales– que desde hace cuatro años o un poco más, usted ha sufrido agresiones verbales muy intensas por parte de Sigifredo López y de unos amigos de él que decidieron conformar un grupo que la atacaba con mucha crueldad y que después llamaron “defensa de inocentes” para demostrar, supuestamente, las injusticias de la Fiscalía. ¿Qué evolución ha tenido ese enfrentamiento?

La verdad, sí ha sido muy difícil tener que soportar los ataque mediáticos absolutamente injustos y muchas veces injuriosos o calumniosos. Pero me llené de paciencia y de serenidad para no dejarme afectar por el matoneo. Recientemente quedé estupefacta cuando escuché la noticia sobre las presuntas relaciones entre Sigifredo López y el periodista Juan Carlos Giraldo que habrían salido a la luz por una investigación que está en curso en la Fiscalía. Me preocupé porque también he sufrido la persecución del reportero. Por poner un ejemplo, él publicó, no hace mucho, una información sobre unas supuestas cuentas bancarias en el exterior que yo tendría a mi nombre y que estaría investigando la Fiscalía. Para ese momento yo ya llevaba dos años retirada de la entidad. A petición mía, me certificaron que los documentos que había exhibido el periodista en su nota no hacían parte de ninguna investigación en que apareciera mi nombre.

¿Por qué él querría hacerle daño?

Giraldo era asiduo visitante de la Fiscalía, porque era su fuente principal y, además, él es o fue amigo muy cercano del entonces fiscal general. Cuando mi equipo investigaba al exgobernador de La Guajira Kiko Gómez, en varias oportunidades le reclamé que publicara datos relacionados con ese caso que ni siquiera la Fiscalía conocía. Esas informaciones favorecían, claramente, los intereses del detenido y tras ellas parecía surgir la misma táctica de que le he hablado: que yo inducía a los testigos a mentir para que declararan contra el exgobernador. El periodista siempre me respondía que era pura casualidad. Pero tuve dudas sobre su comportamiento.

No me ha contestado: ¿qué motivo tenía el periodista Giraldo para atacarla?

Creo que puede relacionarse con que el primer nombramiento que iba a hacer el doctor Montealegre, cuando llegó a la Fiscalía, era el de su secretaria privada. La candidata era, según me enteré después, la esposa de Juan Carlos Giraldo. En el estudio de seguridad que, por razones obvias, se hace cuando alguien va a ingresar a la entidad, se encontró que el diploma de bachiller de la candidata era falso. Como era mi deber, se lo comuniqué al fiscal y ella no obtuvo esa plaza. Posteriormente me enteré que había validado el bachillerato y que había sido escogida para un cargo. Tal vez ese incidente tuvo que ver con la actitud hostil del periodista hacia mí.

Supe que usted contrató al reportero Miller Rubio, también involucrado en algunas investigaciones penales y a quien relacionan con el periodista Giraldo. ¿Cuándo y por qué lo contrató?

Conocí a Miller en las audiencias en Paloquemao cuando era fiscal y él cubría fuentes judiciales. Años después, cuando yo estaba en la Secretaría General de la Alcaldía, me pidió cita para decirme que estaba sin trabajo. Le ofrecí un contrato muy pequeño para asesorar la oficina en temas de prensa. Él lo aceptó, pero nadie supo que la Fiscalía lo estuviera investigando. Me vine a enterar en enero de este año cuando ya había salido de la Alcaldía. Jamás volví a tener contacto con él.

En desarrollo de sus tareas de investigadora, ¿cuántas veces ha sido denunciada, cuántas absuelta y cuántos procesos le quedan pendientes?

A pesar de que mi ejercicio profesional viene desde el año 92, es decir, hace 25 años, las denuncias contra mí sólo ocurrieron en la última etapa, cuando fui designada como fiscal delegada ante la Corte. Ese fue el momento en que me correspondió investigar casos muy difíciles por los personajes involucrados. Antes, nunca había tenido problemas de denuncias. Y éstas provienen de los investigados que me trataron de atribuir actos que nunca pudieron probar, como le he dicho. En el proceso contra el exgobernador Kiko Gómez, un testigo que empezó declarando que yo le había ofrecido una casa, un revólver y varios centenares de millones de pesos para que implicara en delitos al exgobernador, terminó diciéndole al juez, cuando éste le pidió concretar datos sobre mí y debido a que ni siquiera me había visto, que se había confundido de persona.

Después de todo lo bueno y lo malo que le sucedido en su vida profesional, ¿se va feliz de Colombia?

En el desarrollo de mi carrera, debo reconocer que es mucho más lo bueno que lo malo, y que me llevo más satisfacciones que amarguras. Me voy feliz a cumplir una tarea seria en Guatemala. Pero este es mi país y lo seguiré queriendo siempre. Aquí volveré.