Paulinho se ha hecho imprescindible para Brasil

El volante de 29 años es uno de los hombres más importantes para Tité, quien lo considera clave en el esquema táctico que quiere implementar en Rusia.

Con el gol frente a Serbia, Paulinho llegó a 13 tantos en 53 partidos internacionales con Brasil. EFE

Un vendedor del mercado de Izmailovo, en Moscú, pone una matrioska en medio de otras dos que tienen pintados los rostros de Neymar y de Lionel Messi. La imagen que lleva la nueva muñeca es la de Paulinho, el brasileño que en esta Copa del Mundo ha logrado, con su buen juego, que todos lo conozcan y que los aficionados pidan su cara en una pieza de madera tradicional de la artesanía rusa. “Solo teníamos contemplado vender la de Neymar, pero tuvimos que sacar la de él porque la han preguntado mucho”, dice el hombre en español. El políglota comerciante insiste en que no puede dejar el objeto en menos de 900 rublos, en 1.600 si se compran dos. El volante de Barcelona ha estado en los tres encuentros que ha disputado su selección en esta Copa del Mundo. Incluso ha sido protagonista, no por brillar él mismo, sino por su vocación para hacer que otros brillen, como Neymar, Gabriel Jesús o Coutinho. Por eso se quedó con el premio al mejor jugador en la victoria 2-0 contra Serbia, luego de marcar su primer gol en un Mundial, por eso Tité lo considera necesario en su esquema para que conecte al eficiente Casemiro con la letal delantera de los pentacampeones. (Vea aquí nuestro especial del Mundial de Rusia 2018)

“No lo puedo dejar los 90 minutos, porque lo quemo. Sí lo necesito al principio, para que organice todo, para que empiece a encaminar el planteamiento y para que le dé identidad a lo que queremos plasmar. Esa es su función”, dijo el seleccionador en la rueda de prensa previa al duelo de este lunes contra México, por los cuartos de final. La observación de Tité es válida, pues el futbolista de 29 años no tiene vacaciones desde febrero de 2017, cuando comenzó la pretemporada con el Guangzhou. De hecho, desde ese momento ha vivido contra el reloj. Dejó el club chino, pasó al Barcelona (1.940 minutos en 34 partidos por la liga española) y fue clave en las Eliminatorias Suramericanas (11 encuentros). Esa mezcla entre el fútbol práctico y del juego de barrio lo hace indispensable para un Brasil que sueña con el título, que lleva a cuestas la ilusión de millones de volver a verlo levantar la copa, haciendo las cosas bien.

Y por eso es que Tité necesita a Paulinho, por eso es que el equipo brasileño depende mucho de él, porque su simplicidad es talento y efectividad, porque siempre va con la cabeza levantada, anticipando el movimiento del rival y el de sus compañeros. “Antes de recibir el balón ya sabe para dónde mandarlo y quién lo está esperando. Es un crack. Lo que pasa es que no es tan mediático como los demás”, apunta Thiago Silva, otro de los veteranos de una plantilla en la que se procura (el mismo Tité lo dice) que no haya desesperación por ganar para que no se olvide de jugar. En un equipo repleto de estrellas, con Neymar y sus numerosos patrocinadores e incontables seguidores, con el efecto Coutinho a tope y con Gabriel Jesús representando a las minorías que se identifican con él, Paulinho parece ser el polo a tierra, dimensionando lo que lleva a cuestas, el anhelo de un país que no gana un título desde 2002, que no convence desde 1998 y que no enamora desde 1982. (Lea: Casemiro es el sargento de la selección de Brasil)

“Si juegas con tantos fenómenos algo se te tiene que pegar”, afirmó en la zona mixta del estadio Spartak de la capital rusa, el miércoles de la semana pasada, sonriendo, olvidando por completo que alguna vez intentó dejar el fútbol por ataques racistas en Lituania, cuando tenía 16 años y jugaba para el FC Vilnius. Con solo tres partidos en Rusia, los periodistas brasileños ya hablan de una oferta anónima de 50 millones de euros, 10 más de lo que le pagó el actual campeón de España al Guangzhou de China por los servicios del mediocampista, es decir, un aumento del 25 % del costo inicial. En otras palabras, rentabilidad pura para un futbolista que está cerca de los 30 años, una edad en la que las opciones suelen reducirse en un deporte precoz como este. (Puede leer: Brasil, a resarcir su historia tras el papelón de hace cuatro años)

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Camilo Amaya - Enviado especial Rusia

Fútbol Internacional

Paulinho se ha hecho imprescindible para Brasil

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