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Bolívar, puerta grande; Ponce, firmamento

Con seis toros y tres inolvidables faenas, Enrique Ponce y Luis Bolívar se coronaron como los vencedores de la tarde.

Víctor Diusabá Rojas
11 de enero de 2010 - 07:38 p. m.

Tres faenas dignas del trono. Con ellas, Manizales despidió su feria y puso una cita imperdible para 2011. En la tarjeta, firmada por Enrique Ponce y Luis Bolívar, los dos grandes protagonistas de la tarde, debería rezar al final: “Favor confirmar asistencia… y separar abono”.

El valenciano estuvo más que cumbre. Sus dos obras tuvieron el pasodoble Feria de Manizales como fondo, lo que para los memoriosos es un hito en la historia de la ciudad. Eso bastaría para señalar cuánto conmovió a una plaza que vibró con él. Pero hay que ir más al fondo. Ponce hizo el toreo en la definición ancha y larga del término.

Al primero de la tarde, que salía con la cara alta y era distraído, le administró una dosis de cuidado y otra de mando hasta convertirlo en pieza de su muleta. Fue una tarea larga, pero con resultados generosos, en la medida en que el animal dejó aflorar poco a poco lo bueno de su hierro, mientras luchaba para espantar eso otro que incomodaba. Pero no estaba el dios de la espada en los tendidos y todo quedó en clamorosa vuelta al ruedo.

Eso no podía volver a suceder. Pero sucedió. En el cuarto de la corrida, un toro que fue a más, siempre con la complicidad de Ponce, hecho un maestro en una larga disertación de cómo sacar partido de lo que no pareciera tenerlo. Fueron tantos los muletazos, todos de una plasticidad sin igual, que la tarde se detuvo a mirarlo disfrutar. Eran las dos orejas, e incluso más, pero el acero se dobló y otra vez las vueltas al ruedo le permitieron a la afición ponerse a los pies de un torero que hoy supo pasar la línea de la perfección.

Por el contrario, Luis Bolívar se fue con las manos llenas. Y pleno de satisfacción. Cortó dos orejas y se catapultó para buscar el trofeo con una faena de categoría al segundo de la tarde, que flojeó, pero del que pudo ver las condiciones, cuando El Monaguillo lo llevó a una mano de los medios al tercio. Las tres primeras series, de muletazos largos y sentidos de Luis, subieron el tono de los olés y trajeron consigo también el pasodoble de la Feria, mientras el noble pasaba y pasaba con son. Espadazo y la licencia para la Puerta Grande.

En el quinto cortó una oreja más, luego de saber provocar al tardo. De allí salieron algunos naturales. Ese era el pitón del toro. Pero una vez se fue a tablas, Luis guerreó hasta imponerse en esos terrenos.

Cayetano no pudo apurar los suyos como sí lo hicieron sus compañeros de cartel. Y no porque no quisiera. Se puso y buscó, sin hallar quién le respondiera. En el tercero, que pintó de salida, debió resignarse a medida que el animal se fue quedando. Saludo. El sexto se rajó y no terminaba. Igual, le dieron una oreja, que agradeció como gesto de cortesía.

Ficha de la corrida

Toros

Seis animales de la ganadería Ernesto Gutiérrez Arango.

Peso: 450, 464, 504, 488, 464 y 500kg. Parejos de presentación y de comportamiento. Con movilidad, pero sin terminar de romper. Mansearon tercero, quinto y sexto. Los otros tres cumplieron.

Enrique Ponce.

Grana y oro. Vuelta al ruedo, luego de aviso, y vuelta al ruedo.

Luis Bolívar.

Sangre de toro y oro. Dos orejas y oreja.

Cayetano.

Marfil y oro. Saludo y oreja.

Detalles.

Plaza casi llena.

Por Víctor Diusabá Rojas

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