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Castella: el rey de cañaveralejo

La feria de Cali tuvo un nombre propio. De principio a fin, el torero francés Sebastián Castella  fue el amo y señor en el ruedo de Cañaveralejo. Sus números son aplastantes, seis orejas en dos tardes. El público, entregado a sus pies, o mejor a su toreo, que en esta temporada ha rayado a un altísimo nivel, propio de quienes son máximas figuras del toreo.

Rodrigo Urrego Bautista / Especial de Colprensa para El Espectador
02 de enero de 2009 - 03:10 p. m.

Tras una temporada en España, donde las expectativas, quizás, no fueron del todo  superadas, Castella encontró "en su plaza talismán" el escenario para encontrar el toreo profundo, ese que convenció al exigente público de Madrid en el 2006. Habrá motivos para explicarlo. Sólo lo sabrá el torero.

Pero lo cierto es que el torero de Beziers fue el autor del mejor toreo en Cañaveralejo. En sus manos, no sólo dos toros de Ernesto González pudieron sacar sus condiciones, sino que uno de Juan Bernardo Caicedo encontró el camino para recibir el mayor premio, la vida.

Aunque Sebastián prefiere hablar con capote y muleta, aceptó dialogar de toros y de su feria con El Espectador, porque hay sensaciones que a veces suele ser mejor compartirlas que guardarlas. Sobre todo tras una feria que ha sido la mejor de cuantas ha hecho. Habló de la tarde histórica del 30 de diciembre en la indultó un toro de Juan Bernardo Caicedo. Dice que es la mejor faena que ha hecho en Colombia. Ya son seis años en los que Castella ha pisado el ruedo de Cañaveralejo, pero el 2008 será especial, pues lo recordará como el año en que se adueñó del público de Cali. 

-Usted siempre ha triunfado en Cali, y en todas las plazas colombianas. Pero este año sus triunfos han estado acompañados de un toreo de gran nivel ¿Cuál considera que es la clñave de su excepcional momento? Cuando un hombre está preparado y mentalizado,  y tiene la fortuna que le salgan algunos toros buenos,  los aprovecha bien y los torea bien. Estoy en un auge de evolución artística. Lo que estoy entrenando, gracias a Dios, me está saliendo. He podido torear como se ha visto, despacio, con mucho ritmo, que es lo que estoy buscando. Al mismo tiempo arrimándome y quedándome en el sitio.
 
-La cumbre en la actuación de Castella fue en la histórica tarde del 30 de diciembre. Sobre todo ese quinto toro de Juan Bernardo Caicedo que terminó indultado. En los primeros tercios nadie hubiese apostado por el toro, pero ¿qué le vio a 'Fulero' para que lo terminara indultando?

Creo que nadie apostaba por el indulto, incluso yo tampoco lo veía. Creía que iba tener otras condiciones, que se iba mover en la muleta, pero no pensaba que embistiera tan bien. El toro fue muy exigente, como son los toros bravos. Cuando le baje


la mano, sobre todo con la izquierda, el toro se entregó y pareció decir ahora voy a embestir bien, y así lo hizo. Pero no fue fácil.

-Hubo un instante clave en esa faena, cuando,  apenas en la segunda serie, el toro se frenó, pero usted sin inmutarse aguantó esa duda, y quieto, sin moverse un centímetro, lo obligo a que persiguiera la muleta. ¿Ese fue el punto de quiebre de la faena para que el toro se entregara más?
 
Sí, son esos momentos que hay en  una faena en los que el torero tiene que resolverlo. O el toro se viene para arriba y el torero abajo, o al contrario, o si esas ambos se crecen, como pasó con ese toro. Luego vino una faena grande, de indulto como se lo merecía el toro, y un triunfo grande para mí.

-¿Qué sensaciones dejó este triunfo, sobre todo en una tarde en que la Fiesta fue atacada por el intento de saboteo de tres activistas antitaurinos?

Fue la respuesta de la verdad del toreo, y del Señor. Porque los toros no estaban embistiendo, luego saltaron esos señores al ruedo, que hay que respetarlos igual. Pero a  mi ni me molestó ni nada,  porque yo estaba ahí metido en lo mío. Después la tarde empezó a ir a más, hubo dos indultos y todo termino en una gran tarde de toros.

-Sebastián Castella siempre ha sido un ídolo en Cali, pero en esa faena el público se le  entregó definitivamente. Al termino de una serie de naturales todos se levantaron de sus asientos y le gritaban ¡Torero, torero!, como hacía tiempos no pasaba con ningún torero.   Esa entrega total y absoluta, quizás, antes no la había sentido…

Para mí Cali es algo muy especial, lo sigo diciendo. Pero como le dijo una aficionada a mi apoderado, hemos visto a Sebastián Castella de joven y ahora lo vemos hecho un torero, haciendo las mismas cosas, pero con una evolución artística muy grande. La gente en Cali  sabe mucho de toros, aunque digan lo contrario. Pero se ha visto cómo responde la gente cuando hay el toreo bueno. Esa tarde respondieron muy bien y por eso me atrevo a decir que la del 30 de diciembre de 2008 la guardaré como la mejor tarde mía aquí en Cali. Y una de las faenas más profundas que he podido hacer en Colombia.

-Comparas esta tarde con alguna que haya hecho en Europa…

He hecho varias faenas importantes, pero cada una es distinta. Ese toro de Juan Bernardo me recordó mucho a los toros bravos españoles, se lo dije a mi apoderado. Porque el toro tuvo una bravura y mucha transmisión, pero además, pedía los papeles, era un toro muy exigente.

-¿Usted quería indultar el toro o quería que el triunfo fuera solo suyo?

Tan pronto me perfilé para entrara a matar fue cuando la gente empezó a pedir el indulto y entonces intenté indultar el toro. Aunque al principio no parecía, el toro fue de menos a más, y eso es lo más valorable en un toro bravo. Entonces a mi me tocaba indultar el toro, tenía que hacerlo, no solo por el triunfo mío, sino porque quería que el toro triunfara, se lo merecía. 

-¿La evolución de su técnica se puede medir en que hoy es capaz de hacer el toroe que usted siente, sin importar cuál es la condición del toro? 

Sí, afortunadamente. He tenido un bache pero he podido remontar y aquí en Cali me encontrado con el toreo que siento y lo estoy sacando. Lo importante no es acoplarse a los toros, sino imponerles tu forma de torear. Muchos dicen "Nooo, pero es que  repite la misma faena", pues entonces que lo hagan los otros, haber si repiten la faena. Y lo hace el que es figura y el que le pega pases a todos los toros, pero con su personalidad, y así se reconoce a cada torero, porque cada torero tiene su personalidad.

-Ha insistido mucho en la evolución de su toreo. ¿El momento que está viviendo ahora puede ser asumido como la


recuperación del Sebastián Castella  de hace dos temporadas, cuando se encumbró a la cima del toreo en España, o es un Sebastián Castella nuevo? 

Es un Sebastián Castella que va evolucionando, es el mismo, pero toreando mejor, y disfrutando más de su toreo.

-¿Qué significa encontrarse con estos triunfos tan rotundos en América, cuando el año pasado en España quizás el nivel de Castella, por alguna circunstancia, no fue el esperado?

Eso ya pasó. Yo estoy contento de haber tenido la temporada que tuve porque a mi me enseñó muchas cosas. Cuando uno tiene cambios, y tiene que asimilarlos como se dice "en primera división" no es lo mismo que asimilarlos abajo, porque eso lo hace cualquiera. Pero asimilarlo arriba lo hacen muy pocos. Me ha tocado aguantar y aguantar, y yo ya estoy otra vez por el camino. Ya veremos cuando llegue a España que se va a hablar.

-¿Cuáles son esas enseñanzas que le dejó esa temporada tan difícil?

Hay muchas, no sabré decirte ahora mismo. Pero no perder nunca la fe, sobre todo cuando todo el mundo te quiere hundir. He podido aguantar y tener la mente fría, el valor, la paciencia de seguir tu camino.

-¿Usted ya sabe lo que es llevarse el trofeo Señor de los Cristales, pero el de este año tendrá un significado distinto?

Mucho más. Si soy capaz de llevármelo y tengo la oportunidad de hacerlo, este será el tercero y el más importante de los tres porque lo hice con contundencia. Hace tres años tuve la cornada más grave aquí en Cali, el año pasado gané el trofeo a la mejor faena, y si gano este año el Señor de los Cristales, sería algo tremendo por lo que hice en el ruedo.

-Esta actuación en Cali supone buenos augurios de lo que será su temporada española…

Las expectativas nunca las he dicho y nunca las voy a decir. La única manera de hablar es en el ruedo.

-¿Cada tarde se ve que disfruta más de ser torero?

Mucho. Ya estoy otra vez metido en mi lío, ahora es otra vez a coger mi sitio

-Y ese sitio, casi que temerario en el que se pone frente a los toros, ¿hoy lo ve mucho más fácil o siempre lo ha visto cómodo?

No es que lo vea más fácil, porque ponerte ahí, pues si fuera fácil lo hacían más, pero solo lo hacen unos cuantos. Lo que pasa es que eso tiene una técnica, pero es el valor el que manda, ponerse ahí, o pasan los toros o te cogen. Pero si que tengo una evolución y una madurez que permite andar más fácil y mucho mejor con los toros, se les coge el sitio antes. Eso solo se consigue con torear

-Ya muchos dicen que es el Rey de Cañaveralejo, ¿se siente el dueño absoluto de esta afición?

Aquí no hay ningún dueño. Hay consentidos, unos porque se lo ganan en el ruedo y otros  porque son consentidos por su origen. A mi me quieren en muchos sitios pero porque uno se lo va ganando, desde el primer día. En Cali, desde el primer día que vine de novillero, que un novillo me cogió como tres veces y yo seguí dando la cara, pues la gente me entregó un cariño muy especial. Desde entonces me lo han dado todo, y la única manera de retribuirlo es dando todo también. Me considero consentido, y ojalá sea para mucho tiempo.

Por Rodrigo Urrego Bautista / Especial de Colprensa para El Espectador

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