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Debe ser un hábito de infancia

La presidenta de Asobancaria habla de las posibilidades que los bancos tienen para incentivar el ahorro en Colombia.

Christian Quiroga Sánchez
25 de octubre de 2009 - 06:51 p. m.

Aunque son varios los empresarios que ya han enviado algunos mensajes positivos hablando de la recuperación de la economía y del buen momento que se vivirá en 2010, también son muchos los que hasta ahora están asimilando los resultados profundos de la crisis. Por eso, en el mes del ahorro El Espectador habló con María Mercedes Cuéllar, presidenta de Asobancaria, para saber, en esta coyuntura, qué tanto están ahorrando los colombianos.

¿Ahorrar sólo lo pueden hacer las personas que devengan altos ingresos económicos?

No, todos los bancos ofrecen diferentes productos y mecanismos para que cualquier persona pueda iniciar un plan de ahorro con los recursos que tenga disponibles. Naturalmente es probable que para una persona de altos ingresos sea más fácil ahorrar, pero eso no quiere decir que una de bajos ingresos no pueda hacerlo. Pero tal vez, más importante que el monto que se mantiene ahorrado, es llegar a adquirir unos hábitos constantes de apartar mensualmente una suma que permita en un futuro lograr comprar vivienda, pagar la educación de los hijos, gozar de una pensión, realizar un viaje o simplemente conservar un excedente para casos de emergencia. De ahí que si ese hábito se desarrolla desde la infancia, es más fácil mantenerlo a lo largo de toda una vida. Por ese motivo, varios bancos han lanzado al mercado planes de ahorro atractivos para menores de edad.

¿Qué tal es la cultura de ahorro en Colombia?

El número de adultos que poseen una cuenta de ahorro viene creciendo en forma permanente, y a diciembre de 2008 supera 15,2 millones de personas, lo que representa el 53,1% de la población mayor de 18 años. No obstante lo anterior, frente a cifras macroeconómicas como el Producto Interno Bruto (PIB), el valor de ese ahorro es bajo si se compara con el de otras naciones de la región con niveles de desarrollo similar al de Colombia. En efecto, frente al PIB, el ahorro del país es del orden del 20%, nivel inferior al observado en México, Argentina, Chile o Perú.

Por otra parte, ese nivel viene fluctuando con la economía y se redujo fuertemente durante el período de crisis de finales de la década del noventa, cuando ese indicador cayó al 13%, sin recuperar aún los niveles anteriores a dicha crisis.

En cuanto a mecanismos de ahorro que no necesitan grandes cifras de dinero, ¿cuáles ofrece el sector bancario colombiano?

Dentro de los mecanismos de ahorro especialmente diseñados por el Legislativo para personas de bajos ingresos, se pueden resaltar las cuentas de ahorro programado y las cuentas de ahorro electrónicas. Las primeras permiten que las familias con ingresos de hasta cuatro salarios mínimos mensuales vigentes que desean adquirir vivienda o remodelar la que tienen, puedan ahorrar personalizando la cuota mensual que pueden aportar. Las segundas, destinadas principalmente a las personas pertenecientes al nivel 1 del Sistema de Identificaciones de Potenciales Beneficiarios de Programas Sociales (Sisbén) y a los desplazados registrados en el Registro Único de Población Desplazada, no generan comisiones ni costo de administración. Los dos primeros retiros no tienen costos para el beneficiario y tampoco requieren un depósito mínimo de apertura ni la obligación de mantener un saldo vigente.

Adicionalmente, varias instituciones bancarias ofrecen la posibilidad de ahorrar en condiciones atractivas para otros fines, como por ejemplo: vacaciones, adquisición de vehículo, educación, etc.

¿Cómo se está transformando el mercado financiero para darle la oportunidad de ahorrar a las personas que no manejan altos flujos de dinero?


En los últimos años la banca se ha preocupado por ofrecer servicios financieros que se ajusten a las necesidades de cada uno de los segmentos poblacionales, así como por aumentar la presencia financiera en el territorio nacional. Es el caso de los corresponsales no bancarios, que facilitan la oferta de estos servicios en poblaciones pequeñas y alejadas del país que antes no contaban con presencia financiera, y de la banca móvil, que permite realizar transacciones sin tener que acercarse a una sucursal financiera. Gracias a estas medidas, la presencia física del sector financiero se ha incrementado en forma notoria (92% de los municipios están cubiertos), así como el número de personas con acceso al sistema.

Respecto al manejo de las rentabilidades por ahorro, ¿qué está haciendo el sector para ofrecer mejores beneficios?

A nivel macroeconómico, la remuneración del ahorro depende de la oferta y demanda de recursos, de las condiciones generales de la economía y de las tasas de interés de referencia, principalmente las del Banco de la República, las del Gobierno en la captación de recursos, de las tasas externas y de la liquidez que el banco central le inyecte a la economía. Dentro de este contexto general, cada entidad fijará sus tasas en función de sus propias necesidades de recursos para otorgar crédito.

¿Qué pasa si se reduce la demanda de préstamos y hay liquidez?

Si se da esta situación —como ocurre en la actualidad— es probable que esto venga acompañado de una reducción en la tasa que se reconoce sobre los depósitos. Cuando el ciclo económico es de expansión, se aprieta la política monetaria y la demanda por crédito es alta, la remuneración del ahorro también se incrementa.

Por lo tanto, las tasas remuneratorias del ahorro fluctúan cada día y dependen también de las políticas de cada entidad financiera. Un ahorrador, para obtener las mejores tarifas, puede informarse y buscar el banco que mejor responda a sus expectativas.

¿Qué puede hacer un ahorrador para obtener mejores beneficios?

Ninguna actividad financiera lícita puede pagar los rendimientos ofrecidos por agentes como las pirámides. El ahorrador debe ser muy cauteloso frente a ofrecimientos de ganancias extraordinarias en muy breve plazo porque éstas esconden operaciones ilícitas, fraudulentas o extremadamente riesgosas. Aportar recursos en estas estructuras es como jugar al casino: algunos pueden ganar mucho, pero la mayoría de las personas perderán la totalidad de sus aportes.

Por Christian Quiroga Sánchez

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