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Educación artística y economías populares: una alianza para la cultura y el desarrollo

Opinión. En Colombia, donde la riqueza cultural es tan diversa como su geografía, la fusión de arte y economía popular se presenta como una oportunidad invaluable para el desarrollo social y económico.

Ingrid Johana Jiménez Gaitán

24 de diciembre de 2024 - 02:00 p. m.
La fusión de arte y economía popular se presenta como una oportunidad invaluable para el desarrollo social y económico.
Foto: Cortesía
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En un rincón de Colombia, donde el sonido del tambor resuena entre montañas y las manos de los artesanos danzan con la arcilla, se presenta una realidad que trasciende las aulas convencionales. La educación artística ha emergido como una luz de esperanza en comunidades históricamente marginadas, ofreciendo no solo un espacio para la expresión, sino también una vía hacia la resistencia social, la resiliencia y la sostenibilidad económica. En este contexto, las artes pueden convertirse en un canal para rescatar saberes ancestrales y cultivar emprendimientos que desafiaron las narrativas del olvido, tejiendo un futuro en el que la memoria renace, iluminando el camino hacia identidades renovadas y sueños colectivos.

En Colombia, donde la riqueza cultural es tan diversa como su geografía, la fusión de arte y economía popular se presenta como una oportunidad invaluable para el desarrollo social y económico. Las economías populares son vitales para el sustento de millones y constituyen el aprovechamiento creativo de los recursos disponibles que hacen parte de la idiosincrasia colombiana.

Las economías populares, a menudo relegadas a la informalidad, pueden encontrar en la educación artística una vía de reivindicación. En lugares donde la educación tradicional ha minimizado el valor de las prácticas culturales locales, surge un modelo de aprendizaje que reconoce y celebra la identidad de cada comunidad. Talleres de música, danza, escritura, artes plásticas y teatro donde no solo se enseñan técnicas, también reafirman la historia y el patrimonio de los pueblos, transformando el arte en un acto que se resiste a la homogenización cultural.

Las economías populares son el motor de muchas comunidades y abarcan un vasto universo de posibilidades: desde la venta de artesanías hasta la producción gastronómica en pequeña escala, la creación de murales, entre otros. No obstante, estos emprendimientos enfrentan desafíos significativos, como la falta de visibilidad, el acceso limitado a mercados y la escasa valorización de sus productos. Aquí es donde puede entrar en juego la educación artística, proporcionando herramientas creativas y técnicas a los emprendedores, para mejorar la calidad de sus productos y las estrategias para contar sus historias de manera más asertiva.

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La educación artística, lejos de limitarse únicamente a la creación, puede promover la colaboración y el trabajo comunitario. Los proyectos artísticos suelen involucrar a múltiples actores: desde artistas locales hasta organizaciones no gubernamentales que buscan fortalecer el tejido social. Esta cooperación no solo permite que los saberes ancestrales y comunitarios sean compartidos y valorados, sino que también crea un sentido de pertenencia fundamental para el desarrollo sostenible en los territorios.

La intersección entre la educación artística y las economías populares es un terreno fértil que merece una atención crítica. Algunos proyectos que integran la educación artística con emprendimientos han demostrado que es posible generar ingresos a través del arte y la creatividad. Desde la elaboración de grafitis y murales, hasta la organización de festivales culturales y ferias de economías populares, las comunidades pueden vislumbrar un futuro donde sus tradiciones no solo se preservan, sino que se traducen en oportunidades económicas que aseguran la sostenibilidad de sus emprendimientos.

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Esta integración empodera tanto a jóvenes como a adultos. En territorios donde el acceso a recursos es limitado, las habilidades artísticas pueden abrir puertas inesperadas. La educación artística fomenta habilidades cognitivas y creativas, estimula el pensamiento crítico, la imaginación y la innovación y se convierte en una herramienta potencial para el cambio en una sociedad que enfrenta desafíos y busca hacer de la economía popular un mecanismo de sostenibilidad y empoderamiento.

No obstante, muchos proyectos de educación artística corren el riesgo de convertirse en iniciativas temporales, desconectadas de un marco de desarrollo sostenible. Es prioritario crear espacios de formación continua e intercambio cultural, garantizando que estas comunidades no solo sean receptoras de la educación, sino participantes activas en el proceso educativo. Talleres, ferias y festivales deben estructurarse como plataformas permanentes de aprendizaje y diálogo.

Desde una perspectiva artística, la educación no debería ser vista solo como un medio para adquirir habilidades técnicas, sino como un espacio vivo donde se fomente la creatividad y la innovación. La formación artística debe incentivar a los individuos a cuestionar y reinterpretar su entorno. Esto es crucial en un país donde las narrativas de lo rural y lo urbano frecuentemente se ven separadas, y donde el arte puede actuar como un puente que conecta estas disparidades.

Sin embargo, las brechas educativas, exacerbadas por décadas de conflicto y desigualdad, han dejado a muchas comunidades vulnerables con pocas herramientas para competir en un mercado globalizado. La cultura y el arte suelen ser relegados a un segundo plano, lo que resalta la urgente necesidad de políticas públicas que integren elementos artísticos con educación y economías populares. Estos programas deben capacitar a sabedores, sabedoras, artistas y cultores, incorporando aspectos de gestión, marketing cultural, gestión financiera y sostenibilidad, áreas que con frecuencia son pasadas por alto en los currículos tradicionales.

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Las expresiones artísticas permiten a las comunidades manifestar su dolor, su historia y sus aspiraciones de manera contundente. En zonas donde la violencia y la desigualdad han dejado cicatrices profundas, el arte emerge como un medio de sanación y resistencia. Al conectar la educación artística con la economía popular, Colombia no solo impulsará el desarrollo local, sino que también celebrará su rica diversidad cultural.

Es importante pensar en la posibilidad de entrelazar, con mayor frecuencia, la educación artística con las economías populares como una estrategia para la sostenibilidad económica y para la preservación de la identidad cultural de las comunidades. Aquí el arte se convierte en una herramienta de empoderamiento, donde la creatividad potencia tanto la cohesión social como las oportunidades económicas. Así, se construye un futuro en el que la riqueza cultural y el talento local se convierten en pilares fundamentales del desarrollo comunitario.

Por Ingrid Johana Jiménez Gaitán

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