Educación: una responsabilidad compartida

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La transformación del sistema educativo que salvará nuestro futuro como humanidad requiere una responsabilidad compartida que aúne esfuerzos y recursos tanto públicos como privados, pero en especial privados.

El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, ha dicho que esta catástrofe podría “socavar décadas de progreso y exacerbar desigualdades arraigadas”, pero al mismo tiempo identificó esta como una “oportunidad generacional” de reimaginar la educación y la enseñanza para transformar el sistema educativo.

En este sentido, el llamado urgente que se hace desde la comunidad internacional es para priorizar recursos que permitan fortalecer el sistema educativo y las infraestructuras que este requiere para garantizar su adecuado desarrollo y cobertura, bajo las nuevas condiciones en las cuales nos sitúa la pandemia.

La realidad es que en este momento, en cerca de 160 países, los establecimientos de educación se encuentran total o parcialmente cerrados, actuando de manera remota y haciendo esfuerzos extraordinarios con recursos limitados que fueron pensados para las condiciones de un mundo que ya no existe.

Por esta razón, las acciones para afrontar estos retos deben ser parte de un abordaje complejo que comprende tanto transformaciones estructurales de nuestra sociedad como innovaciones en el quehacer mismo del proceso enseñanza-aprendizaje.

Pero, de otra parte, se requiere formación tanto para docentes como estudiantes en el uso y la apropiación de diferentes tecnologías y alfabetización para desarrollar nuevas habilidades para los nuevos tipos y entornos de aprendizaje.

Hasta ahora las instituciones han respondido a la crisis con los recursos disponibles, pero estos han sido limitados y la mayoría de instituciones no estaban preparadas para asumir el reto de operar en remoto y menos por tanto tiempo. Por esta razón, la educación del presente y del futuro debe ser una responsabilidad colectiva; desde los gobiernos y desde las mismas instituciones de educación, públicas y privadas, se debe pensar en diferentes alternativas para garantizar el acceso libre a las tecnologías tanto para educadores como para estudiantes, y de manera colaborativa con el sector privado debe trabajarse para generar más fuentes de recursos que permitan robustecer el ecosistema de la educación, ya que es en sus manos que se encuentran las principales fuentes de financiamiento y la infraestructura que soporta las nuevas necesidades del sector educativo. En especial los medios de comunicación y las empresas de las tecnologías de información y comunicación, junto con la banca, cumplen un papel primordial. En México, el gobierno ha anunciado acuerdos con canales privados de televisión para establecer franjas educativas, así como estrategias para desarrollar programas educativos radiales. Esta es tan solo una vía de actuación en especial para las poblaciones más pequeñas, como los niños de preescolar y básica primaria.

Además de nuestra vulnerabilidad y fragilidad como especie, la pandemia nos ha sensibilizado sobre nuestra interdependencia y debemos tomar conciencia de esto y actuar de manera colaborativa desde organismos internacionales, gobiernos, instituciones educativas, empresas y sociedad civil para desarrollar alternativas innovadoras y creativas que permitan el goce de este bien público y no perder la oportunidad de transformar positivamente nuestra sociedad y “salvar nuestro futuro”.

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