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El emprendedor de las 100 mil voces

El CEO de Bunny Inc., cree que para cumplir los grandes sueños no sólo hay que unir puntos que no han sido conectados, sino perder el temor al fracaso. Historia de un innovador que junto a su esposa no deja de materializar sus ideas.

Héctor Sandoval Duarte
31 de marzo de 2014 - 07:33 p. m.
 / Cortesía
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La tecnología y la vida del colombiano Alexánder Torrenegra, cofundador y CEO de Bunny Inc. —una compañía que ya cuenta con un banco de 100.000 voces y que ha prestado sus servicios a grandes como Pixar y Disney—, siempre han ido de la mano. Desde que era un niño, pasaba trabajos a computador e, incluso, desbarataba estos equipos para aprender a repararlos. Soñaba con comprar su primera máquina y a los 14 años logró hacerlo. Este fue el comienzo de su carrera como emprendedor e innovador; la misma que lo llevó a Estados Unidos tiempo después.

Aunque a los 19 años le estaba yendo bien en Colombia, tenía una empresa tecnológica, vivía solo y andaba en su automóvil, entendió que para innovar en realidad, como siempre lo había querido, debía dejar atrás lo que él mismo llamó una “zona de confort”. El asunto era experimentar cosas nuevas, tal vez en lugares lejanos.

Con los ahorros que tenía y poniendo a la venta varios de sus bienes, se lanzó al agua para irse a Estados Unidos a aventurar. “Fue duro desde el punto de vista social, porque llegué acá, no hablaba bien el idioma, no tenía dinero para comprar un carro bueno y ninguna chica me hablaba”, cuenta jocosamente Torrenegra. En ese comienzo, trabajó largas jornadas en McDonald’s y en Starbucks para mejorar su inglés, herramienta necesaria para incursionar en un medio tecnológico que a simple vista lucía descomunal.

En la búsqueda de sus sueños, Álex conoció a su esposa Tania Zapata, locutora y actriz de voces colombiana. “La inspiración de todo esto fue Tania. Cuando nosotros creamos la compañía, fue inspirada en una necesidad que ella tenía. En esa época, a ella le tocó duro cuando llegó a EE.UU.; estuvo limpiando baños y piscinas. En algún momento entró a trabajar en una emisora y de ahí aprendió la industria de voces para volverse locutora. Contactó a unos agentes de talentos que le prometieron trabajo, pero le pidieron dinero de entrada para empezar a trabajar. Les dio plata y la tumbaron. A partir de eso, aprendimos cómo funciona todo”.

Álex y Tania eran conscientes de que entrar a la industria de voces implicaba lidiar con directores de casting, agentes de talento, estudios, sindicatos y grandes compañías. Un mundo complejo en el que al actor y locutor le queda una pequeña parte del cheque.

Sin embargo, poco a poco entendieron que todo esto podía automatizarse. “Así creamos Voice123, primera marca de Bunny Inc. Estamos muy contentos de haber logrado ese objetivo que era permitir a los actores de voces y locutores competir justamente y rápidamente. Ese, que fue el sueño original, ha crecido y se ha expandido fuertemente”, recuerda Torrenegra.

Uno de los sueños, para él y por supuesto para su esposa, es consolidar la industria de voces y llevar la tecnología a otros idiomas, demostrando que también desde Colombia es posible crear tecnologías de punta. Con el paso del tiempo, el CEO de Bunny Inc. comprendió que innovar es una tarea que no se trata de copiar, sino de conectar puntos que nunca habían sido relacionados.
Otro de los desafíos de Torrenegra es seguir aumentando un equipo élite de ingenieros y gerentes de proyecto que la compañía tiene en Colombia. También, tiene en su listado seguir impulsando su incubadora de ideas llamada Torrenegra Lab, en la que se invierte en ideas propias y externas que son interesantes. “Hemos invertido en más de 20 negocios con Tania y nos ha ido bastante bien. La idea es seguir haciéndolo y fomentar el emprendimiento”.
A los soñadores y emprendedores, Torrenegra les dice: “No hay que tener miedo a equivocarse. Vivimos en una sociedad que critica mucho el cometer errores y resulta que estos forman parte de la innovación. Otra cosa muy importante es rodearse de mentores y de gente más inteligente que uno; lo digo por experiencia, porque hay cosas que he aprendido a las malas”.

Como emprendedor, a Torrenegra le tocaron tiempos más complicados en los que no se hablaba de emprendimiento tecnológico. Épocas en las que soñar con ser alguien en ese mundo de enorme apariencia, sonaba como un disparate.
“Ha mejorado bastante el panorama comparado a hace un par de años. Hay más gente que ve el emprendimiento como estilo de vida y carrera profesional. Ojalá en los próximos años podamos fomentar el emprendimiento real y no imaginario”, concluye por vía telefónica desde San Francisco (EE.UU.) la voz del emprendedor que tiene por ambición contar con un banco de voces de alcance global.


hsandoval@elespectador.com

Por Héctor Sandoval Duarte

 

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