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‘El Juli’, 10 años después

Pasará una década desde aquel 7 de febrero de 1999 en que Julián López, en ese entonces un niño de 16 años recién cumplidos, debutaba en Bogotá. Vestido de celeste y oro, hizo su primer paseíllo en la Santamaría, quizá sin saber que esa plaza marcaría un capítulo especial en su carrera.

Víctor Diusabá Rodrigo Urrego / Especial de Colprensa para El Espectador
24 de enero de 2009 - 10:00 p. m.

Sobre todo, porque desde ese año la plaza capitalina se convirtió en la única del mundo a la que ‘El Juli’ ha comparecido año tras año, sin interrupción alguna. Por eso, la afición bogotana ha sido el  principal testigo de la evolución de un torero que ha cumplido 10 años de alternativa en la primera fila de las figuras del toreo mundial.

Su escasa edad lo había convertido en el mayor ‘niño prodigio’ de la historia de la tauromaquia y ahora se convirtió en un maestro consumado. “Es la evolución lógica que debía tener —dice Julián—. Ese toreo siempre lo he tenido en mente, lo que pasa es que por unas cosas o por otras mi trayectoria ha marcado muchas veces la velocidad que debía llevar. Entonces, no podía desarrollar el toreo que yo hubiera querido. Ahora mismo estoy en una situación en la que me encuentro más a gusto, tengo mucho más margen para hacer el toreo que quiero y lo estoy encontrando más a menudo”.

¿Qué siente un torero tan joven que toda la nueva generación lo llame maestro?

Es bonito. También atípico porque prácticamente tenemos la misma edad, incluso soy menor que algunos. Pero el respeto con el que se me trata en el mundo del toro es una cosa que se agradece mucho. Para los toreros la admiración del propio gremio es de las cosas más importantes, y el sentirte querido, el sentirte respetado, para mí es clave.

¿Cuáles son sus mejores recuerdos en estos 10 años de carrera?

La corrida de los seis toros en Madrid, en el año 2004, fue clave, y el toro ‘Cantapájaros’ que me permitió salir por la puerta grande de Madrid en 2007 fue un momento culminante en mi carrera. Otro toro que me ha marcado mucho fue ‘Desván’, de Victoriano del Río, al que le corté un rabo en la plaza Vistalegre. Esos tres días fueron muy importantes. Luego, el año pasado, la tarde de Nimes, cuando me encerré con seis toros para recordar los 10 años de alternativa fue una fecha muy especial. Son tantas corridas que es difícil enumerarlas.

¿Y en Colombia?

Aunque es el último que he vivido, uno de los momentos más sentidos y más pasionales fue la tarde del pasado 11 de enero en Manizales, porque pude realizar el toreo hondo, el que me gusta. Allí hubo una conexión con la gente, una


compenetración maravillosa con ese toro de Ernesto Gutiérrez. Fueron ocho o más minutos en los que disfruté muchísimo.

¿La Santamaría es la plaza que más huellas imborrables le ha dejado?

Han habido muchas tardes. Recuerdo el día del debut con un toro de Juan Pedro Domecq con el que estuve muy a gusto. También  varios toros de Juan Bernardo, otro de Achury Viejo. Cómo no acordarme del día del aguacero. En fin, son muchas las tardes en las que he cortado orejas, pero me gustaría que la faena grande estuviera por llegar.

¿Será la de este domingo?

Esperemos, la verdad que tengo mucha ilusión de que pueda ser, aunque todos los días no puedo estar al nivel que a mí me gustaría. Pero en un porcentaje muy alto estoy a gusto en la plaza. He llegado a un conocimiento del toro por el cual he trabajado mucho.

Pues ese es Julián López ‘El Juli’. De ‘niño prodigio’ a ‘pensador del toreo’. De revelación a maestro consumado. Un torero que ha escrito muchas páginas para la historia del toreo y que tiene la pluma necesaria (o el capote y la muleta) para seguir haciéndolo. Probablemente, la nueva página se escriba hoy en la tarde.

La Santamaría, su segundo hogar

Los números, que no dejan de ser referencia en el toreo, indican que El Juli ha hecho el paseíllo toreando en 15 tardes en la Santamaría. En total, ha lidiado 30 toros, cortado 22 orejas y salido a hombros en nueve ocasiones. De los toreros contemporáneos es el que más ha triunfado en Bogotá.

Su primera tarde en la plaza capitalina fue el 7 de febrero de 1999. Ese día confirmó la alternativa. César Rincón fue su padrino y los dos salieron a hombros tras cortar un par de orejas cada uno, a un encierro español de Juan Pedro Domecq.

El ibérico tuvo además un récord en la Santamaría de siete salidas a hombros consecutivas entre 2000 y 2005. Su más reciente triunfo en Bogotá fue el 18 de febrero de 2007, tras cortarle dos orejas a un toro de Juan Bernardo Caicedo, precisamente ganadería de donde provienen los ejemplares de su doble comparecencia en esta temporada. El año pasado actuó el 17 de febrero y cortó una oreja.

Por Víctor Diusabá Rodrigo Urrego / Especial de Colprensa para El Espectador

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