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“Hemos vivido en la complacencia y el mundo cambió”

¿Por qué millones de jóvenes quieren ser Messi o James, pero pocos aspiran a ser el próximo Nobel de Física? El periodista Andrés Oppenheimer, escritor especialista en temas de innovación, dice que a América Latina le hace falta trabajar por la calidad de la educación y, curiosamente, por la tolerancia al fracaso.

Mónica Rivera Rueda
23 de marzo de 2015 - 09:45 p. m.
Luis Ángel - El Espectador
Luis Ángel - El Espectador

¿Qué es para usted la innovación?

Innovar consiste en inventar o reinventar nuevos productos o servicios que tengan algún valor en el mercado, seguramente habrá definiciones académicas más elaboradas, pero creo que lo importante para resaltar es que todos nosotros reconocemos una innovación cuando la vemos, ya sea en un reloj, una computadora, un juguete, una canción o en una receta de cocina.

¿Y qué ocurre en Latinoamérica par que andemos tan rezagados en la materia?

Una de las cinco claves de la innovación que cito en el libro, pendientes para América Latina, es la necesidad de crear una cultura de la innovación. Lamentablemente, en muchos países nuestros, tenemos 10 millones de jóvenes que quieren ser el próximo Messi o James, pero no quieren ser el próximo Premio Nobel de Física. Tenemos que admirar a los grandes innovadores para poder generar nuevos innovadores de talla mundial.

La segunda clave es la necesidad de crear una cultura de tolerancia social con el fracaso individual, porque una de las cosas que más me llamaron la atención cuando empecé a ir a Silicon Valley fue el respeto y la tolerancia al fracaso, todos allí saben muy bien y tienen muy asumido que el éxito es el último eslabón de una cadena de fracasos. En América Latina ocurre lo contrario, condenamos el fracaso y estigmatizamos y condenamos a los que fracasan en cualquier intento. Lo que tenemos que hacer es lo que hace cualquier padre con un bebé cuando comienza a caminar y se cae, nosotros no decimos: ¡qué horror, fracasó!, al contrario, nos reímos y lo alentamos a seguir porque sabemos que ningún bebé empieza a caminar sin tropezar. Lo mismo ocurre con la innovación y eso es lo que tenemos que aprender.

¿Cómo podríamos aprender a tolerar el fracaso?

En el libro menciono varias formas en que otros países han logrado superar esa cultura de condena al fracaso, por ejemplo con premios. Napoleón I en Francia ofrecía un premio para quien inventara una forma de conservar la comida para que su ejército la llevara durante varios meses y así nacieron las latas de sardinas y otros productos; eso ayudaría no sólo incentivar la innovación, sino a incentivar una cultura de admiración a los innovadores.

Lo segundo es que los empresarios, periodistas, académicos y todos los que de alguna forma generan opinión, hagan un esfuerzo mancomunado para resaltar la labor y crear una cultura de adoración por los innovadores. Hoy no lo estamos haciendo. Los periodistas dedicamos las primeras planas de los periódicos para destacar el mejor gol del domingo, pero cuando un joven nuestro crea algo nuevo y lo vende en un mercado internacional lo ponemos en la página de los negocios o en la tapa de atrás de los periódicos.

¿Es necesario cambiar la forma de educación en Latinoamérica?

Sí, creo que hay que cambiar la educación en general, enfatizando en la calidad de la educación. Esa es otra de las claves con la innovación, porque en América Latina no vamos a crear innovadores de la talla de Steve Jobs mientras sigamos teniendo los niveles de calidad más bajos del mundo, mientras nuestros jóvenes sigan en los últimos lugares de los test Pisa, mientras ninguna universidad latinoamericana esté entre las 150 mejores del mundo en todos los ranquin internacionales. Mientras no mejoremos la calidad de nuestras escuelas y de nuestras universidades va a ser muy difícil que estemos entre los países más innovadores del mundo.

Corea del Sur hace 50 años era más pobre que Colombia, hoy produce 16.000 patentes de nuevos inventos internacionales por año. Toda América Latina junta no llega a 1.600 patentes, eso da la pauta del desafío que tenemos que enfrentar.

La buena noticia es que tenemos gente muy talentosa que está triunfando en muchas partes del mundo, el desafío es crear una cultura de educación de calidad, para que los que hoy son ejemplos aislados se conviertan en muchísimos casos en todos nuestros países.

¿Qué hay que hacer para que no haya brechas en la calidad de la educación entre lo público y lo privado?

Uno de los problemas que tenemos es que toda la innovación es hecha por las universidades estatales. El problema es que están trabajando muy poco con el sector privado, a diferencia de lo que ocurre en China, Europa y Estados Unidos, donde la mayor parte del dinero que se invierte en investigación surge del sector privado, que es el que sabe qué necesita el mercado. Hace falta una colaboración más cercana y hace falta un sector privado más valiente, más arriesgado y más osado que invierta más en investigación y desarrollo de nuevos productos.
El problema no es que invirtamos poco, el problema es que invertimos mal en educación, porque en América Latina hemos hecho un buen trabajo en universalizar la educación, en ampliar los sectores a los que llega la educación, pero hemos hecho un trabajo bastante malo en lograr que esa educación sea de calidad y que los jóvenes estén capacitados en matemáticas, ciencia, lenguaje y otras asignaturas como lo están los jóvenes asiáticos o estadounidenses.

¿Por qué dice que internet es la base fundamental para el desarrollo de la innovación en Latinoamérica?

La internet es una herramienta democratizadora que puede ayudar a los latinoamericanos a insertarse en la innovación a nivel mundial. Muchas firmas en internet están permitiendo a muchos innovadores recaudar fondos para sus proyectos en América Latina. Antes si un joven colombiano inventaba algo, el banco se le reía en la cara, le decía: tú no tienes antecedentes, no tienes colateral, vuelve cuando tengas una garantía. Hoy ya no es así, hay muchos sitios de crowdfounding como kickstarter y otros donde un joven puede entrar, presentar su proyecto y recaudar fondos. Hay muchas cosas que están pasando y que están posibilitando que el enorme potencial que hay en un país como Colombia pueda ser desarrollado como antes.

¿Qué ha hecho que Latinoamérica no sea una región de innovadores?

Nuestros líderes muchas veces han estado muy cómodos con las exportaciones de materias primas en nuestros países. Reciben tanto dinero vendiendo materias primas, que se quedaron de brazos cruzados, mientras que otros países que no tienen ningunos recursos naturales como Singapur, Corea del Sur o Israel, se pusieron las pilas y hoy son de los más innovadores del mundo.
Estamos viviendo en un mundo en que una sola empresa como Apple vale más que el Producto Bruto de Argentina, Venezuela o Colombia. Creo que tiene que ver con el hecho de que hemos vivido en la complacencia y el mundo cambió, estamos viviendo en un mundo de la economía del conocimiento y tenemos que cambiar por eso.

¿Es necesario crear un movimiento para incentivar la innovación en la región?

Cada uno en su país, a nivel regional, nacional e internacional tiene que innovar, por eso el lema de nuestros países debe ser innovar o quedarse cada vez más atrás. Para ponerlo en términos más dramáticos: crear o morir.
Colombia es un país cafetero, de una tasa de café que tomas en un bar en un Starbucks de Estados Unidos, un 97% del precio que paga el consumidor va a parar a todos lo que tiene que ver con la economía del conocimiento, a la ingeniera genética, a la producción, al marketing, al procesamiento. Sólo el 3% va al actual productor, el que corta el café de la mata. Entonces tenemos que decidir en qué parte de la ecuación queremos estar. Queremos estar entre los países insertos en la economía mundial de la innovación que se queda con el 97% del valor del café, o queremos seguir siendo los países que producen la materia prima que se quedan con el 3% del valor.

¿Qué necesita una persona para innovar en su vida?

Ser consciente de este nuevo mundo que estamos viviendo e inventar y reinventarse constantemente, pero siempre admirar a los innovadores y respetar el fracaso, para insertarnos mejor en esta economía del conocimiento.

 

Por Mónica Rivera Rueda

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