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Javier Gutiérrez: El hombre de las acciones

Como presidente de Ecopetrol lideró el proceso para que 500 mil colombianos se convirtieran en socios de la empresa petrolera.

Armando Montenegro / Especial para El Espectador
20 de diciembre de 2007 - 08:16 a. m.

Javier Gutiérrez asumió en enero de este año la presidencia de Ecopetrol, y escasos once meses más tarde, hace pocas semanas, culminó con gran éxito el primer tramo de la colocación de sus acciones entre el público. Medio millón de personas, que invirtieron cerca de US$3.000 millones, hoy son socias de la empresa. Ni el mercado público de valores ni la propia empresa volverán a ser los mismos después de esta gigantesca operación.

Enfrentar grandes desafíos, encarar riesgos enormes y, al final, terminar con éxito no son tareas extrañas en la vida de Javier Gutiérrez. Su bautismo de fuego le llegó, a sus 41 años, cuando saltó desde la oficina de planeación de ISA, en medio de la crisis generada por el apagón de 1992, a la Gerencia General de esta empresa, el centro nervioso y estratégico del sector eléctrico colombiano.

Que las crisis son oportunidades (cuanto más grandes las crisis, más grandes las oportunidades) que facilitan la renovación y el cambio de rumbo, es algo que bien lo prueba el apagón de 1992. Un sector estatizado y burocrático, culpable del desastre, se convirtió en pocos meses en uno privado, con amplia participación de inversionistas nacionales y extranjeros. Desapareció un mercado planificado y rígido, y se creó uno competitivo, guiado por la oferta y la demanda. En lugar de gerentes que representaban los intereses de las regiones y sus políticos, tomó el mando un grupo de jóvenes técnicos, bien preparados, entre los cuales descolló Javier Gutiérrez. Sus retos fueron enormes; las dificultades, sin cuento y su responsabilidad, inmensa.

En poco tiempo, sin embargo, se dio una de las mayores renovaciones institucionales de la vida colombiana. El nuevo sector eléctrico colombiano ha respondido bien a las necesidades del país, y en muchos casos es un modelo a seguir por otros países.

En escasos quince años, ISA, bajo el comando de Javier Gutiérrez, sufrió una profunda transformación. Recibió en 1992 una entidad débil, golpeada y desmoralizada, y entregó a comienzos de 2007 un grupo empresarial de carácter multinacional, presente en más de seis  países, con la participación accionaria de decenas de miles de personas. Un verdadero modelo de gestión empresarial y de mejores prácticas y líder en esquemas de gobierno corporativo.

El secreto del éxito de ISA no se deriva únicamente del hecho de que sus acciones se hubieran vendido entre el público en 2000. Esto, por sí solo, no puede garantizar los buenos resultados. Lo que sí consiguieron la democratización de su propiedad y el nuevo esquema de gobierno corporativo fue que la empresa, que ya estaba manejada en forma profesional y técnica, se blindara para siempre de la nociva influencia política, en particular, del tráfico de puestos y contratos. De esta forma, ISA pudo dedicarse únicamente a apuntarle a metas cada vez más altas.

Gutiérrez sabe bien que la capitalización de Ecopetrol por parte de inversionistas privados es apenas el punto de partida, el comienzo de una gran tarea, probablemente más difícil, más exigente que la que tuvo a su cargo cuando llegó a la gerencia de ISA (como dice el proverbio: “Después de una montaña hay otra montaña”). Para responder las expectativas de sus miles de accionistas, Ecopetrol debe constituir un equipo humano de primer nivel, adquirir un sofisticado know how, conformar un portafolio óptimo de inversiones estratégicas, y competir con actores de todo el planeta en el difícil mundo del petróleo.  

Los logros empresariales de Javier Gutiérrez y su lugar en los planes e intereses de 500.000 familias le hacen merecer con creces su lugar entre los personajes de este año. Para los miles de jóvenes colombianos que están en las escuelas y universidades, la trayectoria del presidente de Ecopetrol es un ejemplo de cómo, por medio del estudio, la honestidad y la dedicación, los colombianos pueden llegar a los sitios de mando y, desde allí, servir bien a su país.

Por Armando Montenegro / Especial para El Espectador

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