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La elección del papa

Nunca había estado en un cónclave. No había vivido las rutinas y las dinámicas en las que se vive un acontecimiento eclesial como este. Estaba allí como periodista buscando compartir una noticia con mi país, pero también como hombre de Iglesia que oraba y ansiaba la acción del Espíritu para la elección del nuevo Papa.

Alberto Linero* Especial para El Espectador
28 de diciembre de 2013 - 08:00 p. m.

Sabía lo importante que es para nosotros, los católicos, una comunidad que quiere ser contraste y testigo frente al mundo, este momento. Fueron instantes de ansiedad, de expectativa pero también de serenidad en Dios, pues he experimentado que Él nunca nos falla ni nos defrauda. Tras cinco votaciones y dos jornadas de cónclave , los 115 cardenales electores finalmente eligieron.

La elección llenó de euforia a América Latina y a todos los que estábamos en la plaza. Todavía al recordar el momento de la presentación del nombre del nuevo Papa en el balcón central de la Basílica de San Pedro el corazón me late más fuerte. El instante en el que escuché el nombre del cardenal Jorge Mario Bergoglio y, el nombre escogido para ejercer su ministerio petrino: Francisco, fue sublime. El primer latinoamericano, el primer jesuita, el primer Francisco; lo conocía, de hecho había estudiado los perfiles de los “papabile” y sabía de sus características como persona y pastor.

La plaza de San Pedro llena, los ojos del mundo fijados en él, los medios anunciando esa gran noticia hacen de esta experiencia una de las más emocionantes que he vivido. Cuando su Santidad pidió que, como comunidad, oráramos por Él antes de impartirnos su bendición, entendí que era testigo de una experiencia que marcaría de manera definitiva la historia de la Iglesia, supe que el Espíritu Santo no sólo nos había sorprendido una vez más sino que además nos seguiría sorprendiendo con su actuación sobre este hombre, que se presentaba cercano, sencillo, libre y dócil a su acción.

Agradecí al Padre haber estado ahí y estuve seguro de que con el papa Francisco se nos invitaba a vivir nuestra fe con una nueva pasión, un nuevo ardor, ese que nos hace ser sal de la tierra (Mateo 5,13) y darle sabor a la vida, viviéndola a plenitud siguiendo a Jesucristo, El Señor.

 


* Sacerdote eudista

Por Alberto Linero* Especial para El Espectador

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