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La era Cristina

Por primera vez en la historia del país austral, un presidente le entregó la banda presidencial a su mujer, elegida en franca lid en las urnas como su sucesora.

Jorge Marirrodriga */ Buenos Aires
02 de enero de 2008 - 02:33 p. m.

El presidente saliente, Néstor Kirchner, besó la banda presidencial y se la puso a su esposa, Cristina Fernández. Luego le entregó el bastón presidencial y finalmente se estrecharon en un largo abrazo con el que terminó el primer traspaso presidencial entre esposos. Por primera vez en la historia argentina una mujer llegó a la Presidencia por votación popular.

María Estela Martínez ya había llegado a la jefatura de Estado en 1974, cuando ocupaba la Vicepresidencia, y debió suceder a su esposo, el entonces mandatario Juan Domingo Perón, que había fallecido.

Pero el hecho de que Fernández haya sido elegida con el 45,29 por ciento de los votos no sólo le permitió dar los primeros pasos de su gestión con un fuerte respaldo, sino que además la ubicó en el centro de las miradas del país y del exterior.

Eso quedó demostrado durante su ceremonia de posesión. Ese día la capital argentina se vistió de gala para recibirla y a su vez se convirtió en un escenario donde las reuniones internacionales fueron mucho más allá de los saludos protocolarios. Jorge Taiana, ministro de Relaciones Exteriores de Kirchner, se entrevistó con la madre de Íngrid Betancourt, secuestrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) hace cinco años.

La visita no fue pura cortesía. Buenos Aires fue sede de conversaciones para lograr la liberación de la secuestrada, a petición del presidente francés, Nicolas Sarkozy, quien por carta pidió a la administración argentina “ayuda”. Un gesto impensable en estos años de la administración de Kirchner, que ha mantenido duros enfrentamientos con las autoridades francesas por su hostigamiento a las empresas del país galo.

Por eso a Cristina Fernández de Kirchner le tocó cambiar la visión de los cuatro años y medio de mandato de su marido, quien se enfrentó a los organismos de crédito internacional. Por tal razón, no puede pasar inadvertido el primer acto de la nueva presidenta, que fue reunirse con el director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, quien además fue uno de los invitados a la ceremonia de toma de posesión.

Fernández quiere reconstruir una imagen de Argentina atractiva para las nuevas inversiones extranjeras; algo complicado tras años en los que las palabras “inseguridad jurídica” se han asociado a Argentina en los corrillos financieros internacionales.

Al contrario que su marido, la nueva Presidenta no se siente incómoda en las reuniones con dirigentes extranjeros. Fernández aclaró cuál es el modelo que quiere seguir: la Alemania de Ángela Merkel, una mujer en principio lejana de su manera de concebir la política. La alemana es una dirigente de centro-derecha que gobierna su país por consenso. Pero es la líder de un país puntero en tecnología y con prestigio internacional.

Ni tan igual, ni tan diferente, salvo en la política exterior. El reto que asumió Cristina Fernández como Presidenta de Argentina, fue marcar distancias con la gestión de su marido, Néstor Kirchner, afrontando nuevos problemas y corrigiendo desequilibrios, pero sin que la diferencia se note demasiado. Al fin y al cabo los argentinos se inclinaron el pasado octubre por la continuidad y las innovaciones de la nueva Presidenta tendrán que ser ejecutadas casi por los mismos ministros que han formado el gabinete de Kirchner. Pero hay una excepción: Cristina Fernández quiere dar una alta prioridad a un área descuidada por su marido: la política exterior.

* Corresponsal de El País de España.

Por Jorge Marirrodriga */ Buenos Aires

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