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Mientras Colombia se prepara para una nueva jornada electoral y más de 41 millones de ciudadanos alistan la cédula para acudir a las urnas, el Consejo Nacional Electoral hizo una pausa para mirar hacia adentro. En la instalación oficial de la Misión de Observación Internacional, la entidad reconoció a una mujer que ayudó a transformar una institución históricamente dirigida por hombres. Su nombre es Doris Ruth Méndez y su historia está ligada a un logro para millones de otras mujeres: convertirse en la primera togada en abrirse paso hasta la cúpula del poder electoral colombiano.
Esta abogada nacida en Tolima inició su carrera como jurista hace décadas y con el tiempo demostró que la defensa de la transparencia electoral no depende del género, sino de la preparación, la experiencia y el compromiso con las instituciones. Este domingo será testigo de cómo el Consejo Nacional Electoral, una entidad que ella misma presidió entre 2018 y 2022, brinda garantías a los colombianos para ejercer su derecho al voto. Pero antes de llegar a la magistratura y a la presidencia de la entidad, recorrió espacios donde durante décadas las decisiones fueron tomadas exclusivamente por hombres.
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El reconocimiento que recibió este viernes se produjo durante la instalación oficial de la Misión de Observación Internacional, el mecanismo encargado de acompañar y vigilar el desarrollo de las elecciones. Allí, entre observadores, expertos y representantes de 22 países, el CNE destacó la trayectoria de esta exfuncionaria que conoció la institución desde adentro mucho antes de ocupar uno de sus cargos más importantes.
Durante nueve años trabajó como asesora de comunicaciones, encuestas y relaciones internacionales del Consejo Nacional Electoral. Desde ese lugar participó en procesos técnicos, acompañó misiones de observación y fortaleció el relacionamiento de la entidad con organismos nacionales e internacionales. Esa experiencia le permitió conocer de primera mano los desafíos de un sistema electoral que debía responder a las exigencias de una democracia cambiante y no con pocas tareas pendientes.
En 2018 hizo historia para las mujeres y para los anaqueles del Consejo Nacional Electoral: fue elegida magistrada del Consejo y se convirtió en la primera mujer en ocupar ese cargo en más de un siglo de historia de las autoridades electorales colombianas. Su elección modificó la composición de la Sala Plena y además marcó un precedente para futuras generaciones de mujeres interesadas en participar en los espacios de decisión del Estado.
“Es una mujer que ha dedicado mucho de su tiempo a fortalecer la democracia y a las mujeres que participan en política. Dio ideas para empezar a eliminar barreras que limitan a las mujeres en espacios de decisión y deliberación. Se merece todo nuestro reconocimiento y nos hace orgullosas de ser colombianas”, afirma Alba Velásquez, magistrada del Consejo Nacional Electoral que entregó el reconocimiento a Ruth.
Barreras y avances
Mucho antes de convertirse en magistrada y presidenta del Consejo Nacional Electoral, Doris Ruth Méndez entendió que los espacios donde se tomaban algunas de las decisiones más importantes del país tenían una característica común: estaban ocupados solo por hombres.
Se formó como abogada en la Universidad Autónoma de Colombia y complementó su trayectoria académica con especializaciones en Derecho Laboral y estudios de posgrado en España y Argentina. Su formación coincidió con una época en la que la presencia femenina en las altas esferas de la justicia y de los organismos electorales era muy disminuida o nula.
Mientras muchos funcionarios llegaban al CNE desde estructuras partidistas, ella construyó una carrera basada en el conocimiento técnico, la gestión institucional y la experiencia acumulada dentro del propio sistema electoral. Durante años observó cómo las decisiones trascendentales de la vida política colombiana eran tomadas en escenarios donde las mujeres eran minoría.
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El impacto de aquella elección todavía puede medirse. Para el periodo 2022-2026, tres de las diez magistraturas del Consejo Nacional Electoral están ocupadas por mujeres. Aunque la representación sigue siendo limitada, el escenario es distinto al que encontró Méndez cuando inició su carrera en la entidad.
Su llegada a la magistratura representó una transformación que fue más allá de los nombramientos. Por primera vez, una mujer ocupaba uno de los cargos de mayor relevancia dentro del poder electoral colombiano y demostraba que la experiencia técnica también podía abrirse paso en estructuras históricamente dominadas por liderazgos masculinos.
Para Mónica Aralí Soto, magistrada electoral de México, la presencia de mujeres en organismos como el Consejo Nacional Electoral tiene un impacto que va más allá de las estadísticas. “Cuando una mujer llega por primera vez a estos espacios, millones de niñas y jóvenes descubren que ese camino también les pertenece”, dijo la togada mexicana a El Espectador.
A su juicio, casos como el de Doris Ruth Méndez acercan a los países latinoamericanos a estándares más amplios de representación y fortalecen la legitimidad de las instituciones democráticas.
Lente violeta
La llegada de Doris Ruth Méndez al Consejo Nacional Electoral representa más que una conquista individual. También abrió una puerta simbólica e institucional para cientos de mujeres que durante décadas observaron desde afuera espacios históricamente reservados para hombres dentro de la política, la justicia y los organismos electorales.
Su trayectoria coincidió con un momento en el que distintas ramas del poder público comenzaron a impulsar discusiones sobre igualdad y representación. Aunque los avances son evidentes, las brechas continúan siendo significativas.”Es una larga lucha que se inició hace años pero debe ser continuada por las mismas mujeres que están y estarán en estos espacios”, dice Ruth.
Según cifras de la Comisión Nacional de Género de la Rama Judicial, las mujeres representan cerca del 47 % de los jueces y magistrados del país. Sin embargo, la participación disminuye a medida que aumenta la jerarquía de los cargos. Existen más de mil juezas municipales y de circuito, pero la representación femenina sigue siendo menor en los tribunales y especialmente en las altas cortes, como el Consejo de Estado, la Corte Constitucional o la Corte Suprema de Justicia. Hoy, de 10 nombres que ocupan lo más alto del Consejo Nacional Electoral, solo hay tres sillas ocupadas por mujeres.
Ese panorama explica por qué la historia de Méndez adquirió relevancia más allá del ecosistema electoral. Su ascenso ocurrió en tiempos en que las mujeres continuaban enfrentando barreras para acceder a posiciones de liderazgo dentro del sistema judicial y de los organismos de control democrático.
Su influencia también traspasó fronteras colombianas. Como presidenta de la Asociación de Magistradas Electorales de las Américas (AMEA), impulsó debates sobre democracia paritaria, violencia política de género y participación femenina en los organismos electorales. Desde ese escenario regional defendió una idea que se convirtió en una constante de su trayectoria: las democracias son más sólidas cuando las mujeres participan en igualdad de condiciones en los espacios de decisión.
La propia AMEA ha insistido en que no puede existir una democracia plenamente representativa mientras las mujeres sigan enfrentando obstáculos para acceder a cargos donde se toman decisiones sobre la vida pública. En ese sentido, la historia de Méndez se convirtió en un referente regional sobre cómo transformar estructuras tradicionalmente excluyentes.
Desde el Consejo Nacional Electoral trasladó esa visión a la realidad colombiana. Durante su gestión impulsó espacios de formación para lideresas, respaldó iniciativas para prevenir la violencia política de género y promovió conversaciones sobre participación, inclusión y representación femenina en los procesos democráticos.
Las votaciones de este domingo centrarán su atención en quién se consagra ganador en la primera vuelta o quiénes son los nombres que competirán en el “segundo round” electoral. Pero historias como las de Ruth muestran que poco a poco, la igualdad de género pasa de ser un anhelo a convertirse en realidad en Colombia y se vuelve en una victoria para todos en el país.
Para ella, este avance se comparte con todas las mujeres del país y en especial las que quieren fungir algún espacio de decisión. “Es una lucha larga desde el Consejo Electoral, pero también una oportunidad para que sea continuada por las nuevas caras. Siempre me sentí respaldada y hoy mi corazón está desbordado de alegría”, dijo Ruth al recibir el reconocimiento.
