Adecuar los currículos a la presencialidad digital forma parte de los retos

Por una educación experiencial e innovadora

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Acelerar la transformación digital en las universidades, romper paradigmas de la calidad de la educación a través de la tecnología y lograr una cobertura más amplia en el país son algunos de los puntos en los que coinciden rectores y decanos de las instituciones de la región Caribe.

Después de seis meses de dar ese salto a la presencialidad digital, a la fuerza, para poder continuar con la formación académica tanto en pregrados como en posgrados, las instituciones de educación superior (IES) tienen el reto de adecuar sus programas académicos para que los estudiantes, a través de la tecnología, puedan desarrollar competencias establecidas en sus programas y, además, adquirir esas habilidades que con la pandemia ocasionada por el coronavirus quedan en evidencia y que sin duda serán un requisito para empezar a ejercer como profesionales.

Y es que el trabajo remoto, las reuniones por las diferentes plataformas, la autogestión, el trabajo por resultados, la formación de equipos de alto desempeño y la capacidad de trabajar con sus pares a la distancia son realidades que llegaron para quedarse, pero que requieren que desde la academia se enseñe y normalice.

Pues, como lo señala Tito José Crissien, rector de la Universidad de la Costa en Barranquilla, “con la pandemia lo que hicimos fue agilizar esa transformación digital, que teníamos pendiente, y en pocos días las plataformas, con las que ya veníamos trabajando, estaban disponibles tanto para docentes como estudiantes, y así logramos dar continuidad a la educación”. Fue un caso similar al de las universidades Simón Bolívar y la del Norte, pero como bien lo señalan, actuaron de una forma rápida para no detener la formación, y el camino recorrido ha sido clave para mejorar los procesos, analizar qué funciona y, lo más importante, velar por la calidad y el compromiso que caracterizan a las instituciones académicas.

Según Sonia Falla, vicerrectora académica de la Universidad Simón Bolívar, “en las vacaciones intersemestrales de junio actualizamos nuestra plataforma digital, lo que implicó acelerar los procesos de cualificación de los profesores para que todos sus cursos quedaran con nuevas estrategias para poder enseñar”. Ese fue el resultado de un trabajo de observación y de analizar el contexto que se estaba viviendo y las necesidades de los estudiantes. Como es normal ante cualquier cambio de formar repentina, hay quienes se resisten a adaptarse, pero sacan lo mejor y aprenden de cada experiencia.

La educación impartida a través de herramientas digitales ha acentuado el debate de la calidad y la pertinencia en el aprendizaje. Pues está ese paradigma que si el profesor no está de forma presencial el estudiante no aprende. Pero en el debate también se platea que ante esa presencialidad no es seguro que quien asiste a una clase esté al 100 % en atención y dispuesto a aprender. En palabras de Adolfo Meiseer, rector de la Universidad del Norte, “la experiencia de estos seis meses nos deja aprendizajes importantes y ese referente de que la educación remota tiene aspectos positivos. Claro, se requiere un trabajo de autodisciplina por parte del estudiante y nuevas metodologías de quien enseña, como retos, pero hay aspectos positivos”.

Entre ellos cabe destacar que gran parte de los estudiantes de las universidades de la región Caribe viven en municipios aledaños, los cuales para poder ir a los campus deben por lo menos movilizarse con una hora y media de antelación, y en los famosos huecos, quedarse a esperar las siguientes clases, no con la comodidad de quienes viven en la ciudad y van hasta sus casas. Entonces, con las clases remotas, la calidad de vida de esos estudiantes, y en general, ha mejorado por causa de que pueden tener un mejor manejo del tiempo, no movilizarse e incluso mejorar sus hábitos alimenticios. No es de desconocimiento que muchos por su condición no tienen para “un almuerzo con los nutrientes requeridos y en cambio deben alimentarse con comidas rápidas. Los estudiantes nos han manifestado que en casa se alimentan mejor y gestionan su tiempo”, dice Tito José Crissien.

Además, esos aspectos positivos se ven reflejados en los promedios académicos que en el primer semestre tuvieron un leve ascenso. Aunque no se puede ignorar que, al empezar la pandemia, uno de los retos fue la conectividad, pero con el trabajo y el apoyo de las universidades los estudiantes mejoraron su conectividad y quienes por sus condiciones no podían, “en la universidad les facilitamos datos y los resultados son buenos, porque pudieron asistir a sus clases y cumplir con los trabajos propuestos. Igual tenemos retos, pero ya no de conectividad, sino de estructura académica que se están abordando”, expresa Sonia Falla.

Esos retos en que coinciden tanto los rectores como los decanos se fundamentan en que la digitalidad llegó para quedarse y, en consecuencia, las estrategias académicas, y las transformaciones son innegables. Por eso, cada institución tiene la responsabilidad de hacer los cambios pertinentes y mantener la calidad que los caracteriza. Un dato importante en esta transición es que el Ministerio de Educación expidió el Decreto 1330 el año pasado, el cual da vía libre para que las universidades puedan tener encuentros presenciales y virtuales, una modalidad que el Ministerio denomina “Blended”.

Esta oportunidad, claro, no descarta que no se regrese a la presencialidad, pero sí “nos reta para que nuestros programas estén tan bien estructurados que los estudiantes desarrollen un trabajo individual en casa y en las clases presenciales puedan socializar y hacer un trabajo de cocreación. Soy un convencido de que la educación tiene que cambiar, son 400 años iguales, y los campus deben ser ese espacio innovador que permita crear experiencias que impacten la vida y estén al servicio de la sociedad”, dice Tito José Crissien.

Pues la pandemia, más que nunca, evidenció que el trabajo de la academia en la formación de científicos y profesionales es determinante para darles solución a las eventualidades que se presenten en la vida y, también, dejó en evidencia que tanto academia como Gobierno y sector privado pueden trabajar de la mano y lograr buenos resultados. “Nuestros epidemiólogos tienen una incidencia importante en las decisiones que actualmente toman los gobiernos y nos sentimos orgullosos de saber que podemos seguir formando excelentes profesionales para que aporten en el desarrollo de la sociedad”, recalca Adolfo Meiseer.

El camino que viene sin duda es de exigencias mayores, pero está la voluntad de trabajar para mejorar.

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