Retos de la educación en tiempos excepcionales

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En momentos de gran perturbación, la humanidad ha logrado superar las perniciosas consecuencias que se desprendieron de las crisis más profundas por las que ha atravesado.

La actual coyuntura sanitaria ha producido inusitados impactos de alcance global que han llevado a muchos gobiernos a tomar decisiones cruciales de complejas implicaciones económicas, sanitarias, éticas y socioculturales. Aunque en otros momentos de la historia se han registrado pandemias que ocasionaron efectos nocivos en las sociedades del momento, esta en particular ha generado alteraciones de gran magnitud en el crecimiento y desarrollo de los pueblos, llevando a sus habitantes a vivir en medio de incertidumbre, ansiedad y desasosiego.

En momentos de gran perturbación la humanidad ha logrado superar las perniciosas consecuencias que se desprendieron de las crisis más profundas por las que ha atravesado. La dura experiencia de la guerra, el dolor de la desaparición, la ausencia del reconocimiento, la destrucción del hogar y la pérdida de empleo por una crisis económica son solo algunas de las situaciones que en distintos momentos se combinan para dar paso a lo que se ha denominado “tiempos excepcionales”.

Es en esos momentos que quizá descubrimos el valor de lo perdido y anhelamos la restauración de lo afectado. En otras palabras, mantenemos la esperanza y el deseo de retornar al estado que nos ofrecía seguridad y estabilidad. Somos seres aspiracionales y, por ello, mantenemos el deseo de búsqueda y mejoramiento constantes. De aquí que sea determinante reconocer el lugar y rol que posee la educación en los procesos de afrontamiento y resolución de las crisis que tienen lugar en el contexto de las sociedades contemporáneas.

Una crisis se resuelve cuando aquellos que la viven logran, en conjunto, encontrar los caminos que ofrecen salidas a los problemas planteados, pero también cuando detrás de este esfuerzo cognitivo de resolución se producen aprendizajes y se comparten valores que expresan lo mejor de lo que somos. Tal vez sea este uno de los retos claves que se desprenden de estos momentos de excepción que atravesamos: fortalecernos a través de un espíritu solidario y aprender con los otros para superar la adversidad y el dolor.

Es cierto que la tecnología se ha convertido en un recurso primordial en estos tiempos de contrariedad. Sin embargo, la tecnología per se no es la solución a todos los problemas que acarrean las crisis locales o globales. El medio es parte de la solución, pero no es la solución completa. Tal vez el propósito que damos al uso del medio como un elemento clave en la búsqueda de salidas a las crisis, sumado a las implicaciones valóricas que lo sostienen, son, de igual forma, parte esencial en el proceso de afrontamiento de los problemas que vivimos.

Aprender juntos, fortalecernos en el espíritu solidario, construir comunidad, afirmarnos en nuestra identidad de cooperación y servicio, así como expresar simpatía, reconocimiento, apoyo y escucha, son acciones que la educación tiene como reto incentivar y promover en estos tiempos de excepción.

Necesitamos más personas con un sentido ético profundo y una sensibilidad comunitaria íntegra. Así afirmaremos que de las crisis no saldremos solos ni vacíos; saldremos juntos, renovados, sabios, resilientes y educados. En otras palabras, convencidos de que podemos ser mejores seres humanos.

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