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"Tuve el mejor año de mi vida"

Convertido en torero de toreros, Julián López, 'El Juli', regresa a su plaza de siempre. ¿Cuáles son las ambiciones de un hombre que parece haberlo hecho casi todo en la tauromaquia?.

Víctor Diusabá RojasRodrigo Urrego B. / Especial para El Espectador
19 de febrero de 2011 - 09:00 p. m.

El Juli dice que acaba de vivir la mejor temporada de su vida. No sólo lo dice él. Lo reafirman los públicos y los críticos. Y lo atestiguan los toros que se fueron casi siempre convertidos en protagonistas de faenas inmensas. E incluso lo sostienen sus colegas, en esa voz baja connatural a los celos de los toreros.

Y lo confirmó en ese acontecimiento que significó su triunfo en la Plaza México, el domingo 30 de enero pasado, cuando le cortó las dos orejas y el rabo a ‘Guapetón’, un toro de Xajay, mientras la gente se bajaba de los tendidos a sacarlo a hombros para llevarlo cuadras y cuadras por Insurgentes.

Ese momento tiene una oportunidad esta tarde en la Santamaría, donde, lo confiesa, quiere hacer algo más que ganarse el derecho a la puerta grande.

Este domingo termina un nuevo paso por Colombia. ¿Cuál es el balance que hace Julián López de su paso por Colombia, que tuvo, sobre todo, una feria como Cali, construida en torno a su nombre?

Me siento muy contento. Venía con una motivación muy especial, pues el año pasado me gané el trofeo. En éste reduje la cantidad de corridas y ahí es cuando aumenta la presión, las ganas de triunfar. Entonces, uno quiere dejar su estela de toreo. Y, la verdad, Cali ha sido una feria redonda, he disfrutado mucho, he estado muy feliz en la plaza.

Pero más allá de eso, Colombia es un eslabón más en una temporada que casi no tiene comparación en los últimos años…

Sí, 2010 y este comienzo constituyen un año inolvidable. Creo que es muy difícil que se junten tantas cosas para que pase todo lo que sucedió. Es el mejor año de mi vida, el que no olvidaré porque hubo una plenitud extraordinaria.

El recuerdo más fresco en Colombia es la faena al toro ‘Balsero’, de Las Ventas del Espíritu Santo, para el que lograste el indulto, en Cali.

Una faena muy importante, por la seriedad del toro, por la transmisión, era un toro bravo y exigente al que había que hacerle las cosas bien y creo que ha sido una faena intensa.

Allí se vieron de nuevo esos muletazos largos que son, hoy por hoy, el sello del toreo de ‘El Juli’…

Siempre me ha gustado el toreo largo, el toreo profundo. Y cuando sale un toro de esa categoría, que te permite expresarte así, es el momento más feliz en la vida de un torero. Eso, por ejemplo, lo pude hacer con ese toro de César Rincón.

¿Es una coincidencia que las mejores faenas de sus grandes tardes sucedan con el primer toro de su lote? ¿Algo así como pegar primero?

Solemos echar el toro que más gusta en primer lugar y eso a lo mejor puede tener algo que ver. Pero no sé, la verdad no me he dado cuenta de eso, pero sí es un buen detalle, quizá sea por esa preferencia de lidiar el toro que más nos gusta en el primer turno.

Decíamos en alguna crónica que entre más El Juli se limita al toreo fundamental, más asombra…

Tuve una época en que se me tachaba de toreo bullidor, poco profundo. Entonces, me metí mucho en ahondar en lo básico, en lo fundamental, porque quería que se me valorase cómo yo sentía que hacía el toreo. Cuando buscas la perfección intentas hacerlo en lo fundamental. Luego el toreo es muy largo y todo cabe, pero la verdad que lo fundamental te llena mucho.

¿Y cuál es el balance particular de ‘El Juli’ en torno a esa técnica tan efectiva para entrar a matar?

Yo con la espada no me siento un torero pleno. Es quizá la suerte en la que, siendo efectivo y teniendo una buena regularidad, me gustaría hacerlo de otra manera. Lo que pasa es que encuentras esa forma y tu sitio, y te dejas llevar un poco por eso.

Hay una persona que disfruta enormemente con sus éxitos. Es Roberto Domínguez su apoderado. ¿Cómo ha sido esa relación?

Roberto ha sido quien, aparte de mi familia, más ha confiado en mí. Él apostó por sacar de mí lo que de verdad llevaba allá adentro como torero. Creo que ahora mismo está en una plenitud total, porque este es un proyecto que hemos hecho conjuntamente. Y si bien los resultados son en la plaza, él ha aportado mucho para dar el paso que yo tenía que dar en el toreo.

Conversando con muchos profesionales del toreo colombiano, les ha causado admiración la técnica, especialmente los toques, la forma como ha depurado su tauromaquia para darlos en el momento preciso, a la altura indicada, en el tiempo justo.

¿Cómo ha conseguido esa enorme técnica?

He sido un estudioso del toreo y me he preocupado mucho por la técnica, clave para torear y para torear bien. Para conocer al toro hay que tener esa técnica, y haber pensado y haber gastado mucho tiempo y muchas horas en eso. A partir de ahí, te sientes y te expresas. El toro es un animal maravilloso que me quita muchas horas de sueño, porque cada toro es diferente, cada momento es distinto y cada día se escribe un guión.

 Y, además, de ese estudio del toreo, ¿en qué aguas ha bebido la tauromaquia de ‘El Juli’?

Yo, de torero, aprendo de todos. De una gran figura hasta de un novillero en un tentadero, porque muchas veces, sin saberlo, tienen muchas cosas que las puedes adaptar a tu toreo y vez algo en algún chaval que lo trasladas, lo transformas y a lo mejor te sirve. Pero hay referentes claves, desde Joselito y Belmonte, las dos líneas y vertientes del toreo hasta Manolete, Paco Camino, El Viti, Paco Ojeda, toreros que me han marcado mucho.

¿Y de toreros en vigencia?

Pues ahora mismo José Tomás es un torero que ha marcado muchas cosas en la evolución del toreo; Ponce, igual. Además, toda la generación de Roberto Domínguez, Niño de la Capea, Manzanares padre. El toreo es muy amplio y muy complejo como para resumirlo. Y no menos César Rincón, un torero referencia para todos, por cuanto ha cumplido todos los requisitos para ser una figura, desde el conocimiento del toro hasta la entrega absoluta y la pureza total.

¿Cuáles son las metas para 2011?

Ya dije que 2010 ha sido un año maravilloso, un hito irrepetible, no voy a mirar atrás. El año 2011 traerá lo que tenga que traer. Ojalá pueda expresar lo que quiero, tengo cosas por sentir y oportunidades. Vestirse de torero es una oportunidad de vivir, de expresarse y de sacar lo que llevo dentro.

“Una plaza única para mí”

¿Qué temperatura le encuentra a la fiesta en Colombia en años tan difíciles?

La fiesta se ve bien porque la gente se le ve con ganas y disfruta. Desgraciadamente, el toreo está expuesto a manipulaciones políticas y ese es un poco el lastre que tenemos. Es hora de que la gente del toro alce la voz y pida el sitio que merece, por lo que significa tanto social como culturalmente.

Bueno, ahora el turno es para la Santamaría, la plaza con la que usted tiene más sentimiento…

Es muy especial. Desde que confirmé la alternativa en 1999 ha sido la única plaza del mundo en la que todos los años de mi vida he toreado, incluso hubo uno que sólo toreé una corrida en América y fue en Bogotá. Para mí es una fecha muy especial y señalada, con motivo de los 80 años de la plaza. Y aunque he salido varias veces a hombros, me gustaría que llegue esa gran faena que sigo soñando.

Por Víctor Diusabá RojasRodrigo Urrego B. / Especial para El Espectador

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