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Un acuerdo ético para avanzar

Es posible un entorno ambiental de equilibrio de objetivos privados y sociales, un manejo claro de los procesos productivos en forma tal que la contaminación y el impacto ambiental sean gestionados sosteniblemente, y que el eje decisional de los líderes sea ético.

Luis Carlos Villegas
30 de mayo de 2021 - 10:00 a. m.
Las empresas tienen la oportunidad de tomar decisiones que aporten al desarrollo y la construcción de paz.
Las empresas tienen la oportunidad de tomar decisiones que aporten al desarrollo y la construcción de paz.
Foto: Getty Images/iStockphoto - metamorworks

Colombia necesita con urgencia unirse en torno a un Acuerdo Ético, sobre unos mínimos. Un pacto, un propósito común, consciente y explícito, que incorpore el país de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, y no sólo territorialmente, no sólo a las instituciones (que se han quedado cortas), no sólo a los partidos políticos (que también se quedaron cortos), no sólo al sistema educativo, sino también a las organizaciones sociales de mujeres, de jóvenes, de minorías, empresariales y otras más. Se requiere amplitud e inclusión en un diálogo difícil.

Un pacto sobre mínimos, que puede incorporar temas que por más que se encuentren consignados en la ley y la Constitución no son respetados ni puestos en práctica; pero también puede ir más allá de la ley, no en su contra.

Es una búsqueda de buen vivir que, paso a paso, construya lo que para nosotros son avances fundamentales, por ejemplo: respeto a la vida, respeto y vigencia de los derechos humanos, lucha frontal contra la corrupción, inclusión de todos los sectores sociales, especialmente de aquellos habitualmente excluidos, búsqueda de la equidad social y económica, acabar con la pobreza, profundizar la democracia y lograr sostenibilidad ambiental.

Pero el interés de este artículo, con el marco anterior de fondo, es reflexionar sobre la necesaria, la imperativa contribución de la empresa a ese Acuerdo Ético: es posible un entorno ambiental de equilibrio de objetivos privados y sociales, un manejo claro de los procesos productivos en forma tal que la contaminación y el impacto ambiental sean gestionados sosteniblemente, que un proyecto productivo o de desarrollo, en general, evidencie equilibrio privado y social y no privilegie sólo el equilibrio privado, que el soborno para conseguir contratos se rechace, que la práctica de entregar comisiones a partidos, o a personas vinculados a ellos, con la intención de cooptar instituciones y ser favorecidos con leyes, políticas o con contratos, se rechace de manera contundente, que los dilemas éticos de los decisores dejen de ser estrictamente discrecionales y pasen a ser contrastados contra un marco de actuación ético adoptado empresarialmente. El eje de esta reflexión es: la empresa refleja en su actuación cotidiana el tipo de sociedad en la cual desea actuar y crear valor.

La empresa, especialmente desde los años noventa, en Colombia y a nivel mundial, ha sufrido grandes transformaciones y se ha visto sometida a una gran cantidad de nuevos compromisos y nuevas actuaciones en su relación con la sociedad. Es todo un cambio de rol de la empresa en su relación con la sociedad, acorde con los cambios ocurridos también en el rol del Estado desde la última década del siglo pasado, que a su vez refleja el modo de acumulación por el cual atraviesa el sistema capitalista.

El calentamiento global, el agravamiento acelerado del cambio climático, se revela como la gran falla del mercado y, por lo tanto, sin lugar a dudas, del actual sistema económico, y esa falla es la marca de la globalización.

La respuesta frente a esa falla global de mercado tiene en las empresas a un actor de primera línea. Sin la participación de las empresas y de todos los actores sociales no lograremos contener a tiempo la amenaza. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) propuestos por las Naciones Unidas, con un aporte sustancial de Colombia, deberían constituirse en la base para la construcción de sostenibilidad y ser un gran eje de ese pacto ético que necesitamos con urgencia.

Para aportar a la sostenibilidad de la sociedad, la empresa simplemente debe ser responsable con ella a diferentes niveles y para ello deberá trascender los análisis de materialidad que focalizan exclusivamente temas de mucho interés para la empresa.

Otro asunto de fondo en el caso colombiano, tanto para las empresas como para todo el conjunto de la sociedad, es la construcción de la paz y el acuerdo logrado con el grupo guerrillero más grande y antiguo significa un avance en esa dirección. Sin embargo, en mi opinión las empresas, o muchas de ellas, han sido displicentes con aportes de verdad sobre su actuación en medio del conflicto, no solo grandes empresas.

No es posible renovar y construir legitimidad sobre la base del temor a la verdad y la negación de la transparencia. Repito lo que dije arriba: La empresa refleja en su gestión cotidiana el tipo de sociedad en la cual desea actuar.

* Docente de la Universidad de Medellín, Facultad de Ingenierías.

Por Luis Carlos Villegas

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