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Un sobrevuelo con el hombre pájaro, a 11.500 pies de altura

De Jhonatan Florez conocía muy poco. Debo confesar, con toda honestidad, que sólo me interesé por sus hazañas hace unos meses, cuando apareció en los titulares de la prensa volando con su traje de aletas sobre Monserrate, en Bogotá.

Ronald Mayorga* Especial para El Espectador
29 de diciembre de 2013 - 11:29 a. m.
Un sobrevuelo con el hombre pájaro, a 11.500 pies de altura

“¡Este tipo está loco!”, fue lo único que pensé, aunque, con esa fascinación extraña que sentimos los que le tenemos miedo hasta a la más mínima turbulencia de un avión, busqué más imágenes de sus saltos en la internet. Allí supe que era campeón mundial de vuelo en traje con alas, que el cerro de la capital colombiana era uno de muchos saltos que incluían el Corcovado, en Rio de Janeiro, las líneas de Nazca, en Perú, y hasta la Muralla China.  Como cualquier espontáneo televidente, apagué el televisor, sin imaginarme que once días después me lo iba a encontrar de frente, en Cartagena, y no sólo eso, que me retarían a  saltar a su lado, a once mil quinientos pies de altura.

Todo ocurrió en medio de una noche de fiesta en Cartagena. Una idea que seguramente, pensaba, se iba a olvidar al día siguiente, cuando muchos preferirían ir a desayunar jugo de corozo helado y no organizar un salto desde las alturas. Mi plan iba a la perfección hasta que llamaron a la habitación del hotel.  “La avioneta está lista, Mayorga, te estamos esperando”.

¿Cómo es que un presentador de La Red, cuya única hazaña extrema ha sido nadar en las altas temperaturas del rio Pance, en Cali, termina aceptando un reto de esta magnitud? A estas alturas, yo  tampoco tengo la respuesta. Todo fue culpa de las noches de la heroica y esas ínfulas de “¿Miedo, yo?”, que se nos alborota a muchos cuando nos retan y nos dicen que no somos capaces de hacer un salto extremo.

Salí corriendo del hotel rumbo al aeropuerto Rafael Núñez, nuestro punto de encuentro.  Allá, apareció un grupo de novatos, como yo, que acababan de hacer sus saltos. Algunos habían dejado su color natural y aún palidecían. Otros tenían la misma cara de un adolescente después de su primera vez.  No tuve tiempo de pensar nada. En poco tiempo ya estaba dentro de una avioneta con capacidad para quince personas, junto a Jhonatan, el ‘hombre Pájaro’ y varios de los integrantes de Xielo SkyDive, el equipo de salto extremo. 

Fueron veinticinco minutos de un vuelo tranquilo. Adentro, Jhonatan y su equipo le sacaban el máximo provecho a las cámaras que llevan instaladas en los cascos y en los relojes para registrar cada instante previo al salto. Todo iba relativamente bien, hasta la frase “en tres minutos saltamos”.  Me sentí como los protagonistas de Almost Famous cuando iba a caer el avión.  Es el momento en el que se quieren confesar todos los pecados, en el que uno reconoce que debió dejar los vicios y haber sido más generoso con la ofrenda en la misa del domingo.  Pero cómo ya hay tiempo para nada, en segundos, estuve frente a la puerta, con el viento helado golpeándome la cara. ¡Abajo!
Lo que vino de ahí en adelante es lo más parecido a un after party en Ibiza con El Tino Asprilla, Marbelle, El Procurador, Gali Galeano y David Guetta juntos.

Saltar es sacudirse de todo, es reivindicar el poder de la libertad.

*Periodista y presentador del programa “La Red”, del Canal Caracol

Por Ronald Mayorga* Especial para El Espectador

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