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Vendedor ambulante

Me molestó que me dijera eso de la invasión del espacio público, ¿invasión? Qué palabra tan fea. Le dije que era un distribuidor para empresas multinacionales, de productos de alta rotación.

Aymer Waldir
23 de diciembre de 2013 - 05:59 p. m.

Lo miré desafiándolo. ¿Cuál ambulante?, le insistí, soy permanente en este semáforo desde hace 15 años. ¿Qué? Gracias, claro que acepto, vamos pues. Soy permanente, le dije, la que pasa es Medellín; yo sigo estable aguantando y rebuscando. Provisional será aquel de los helados, que ayer vendía chicles, anteayer lavaba parabrisas y la semana pasada vendía bonais. Tengo sitio fijo. No se inmutó, me quitó el plante. Quedé con esta cajetilla de cigarrillos para menudearla entre los que pasan y los taxistas: el servicio a bordo. ¿Usted es escritor? ¿De cuál periódico? ¿Independiente? Mejor dicho: otro desempleado. Bueno, vamos, no hay problema: a lo que quiera invitarme. Usted es el que paga. Hay que aprovechar que me dejaron entrar porque vengo con usted.

¡Servicio! Dos jugos de naranja y cuatro panes. ¿Usted también quiere algo? ¿No? Déjese atender. A los escritores también les da hambre. Si escribe un cuento de esto le cobro los derechos de autor. Yo también podría escribir si me lo propusiera y tuviera tiempo. Podría, del verbo podrir. Eso es lo que hay que aguantar con los agentes que custodian el “espacio público”. De haber nacido en otro país, no andaría en estas. De niño decía que cuando grande quería ser extranjero. Allá tienen educación, salud asegurada… y el resto: papita para el loro.

Aquí no hay oportunidad. Capacidades son las que tengo. Fíjese no más la capacidad de aguante. Cada día empezar de cero, buscando los tres golpes, si tuviera al menos el desayuno asegurado. Como hoy, que es Navidad ¿Va a publicar todo esto? Escriba pues, o ¿está grabando? ¿Quiere pan? Está caliente. Claro, llevan calentándolo como tres días. ¿Ya publicó algún libro? Buen título. ¿Sí los vendió todos? ¿Y de qué vive entonces? Usted siquiera. Me conformaría con haber cobrado sueldo de hijo, al menos hasta los 12 años. En agosto cumplo 35 de edad, 29 de trabajo, ya es tiempo de tramitar la pensión, ¿no cree? Al menos vendo mis cosas en este semáforo de la Oriental. Usted es un afortunado, con un billete de esos. ¿Aquí sí tendrán devueltas? Si quiere voy y se lo cambio con el chancero. ¿Desconfía? Entonces la cosa es mutua. Ojalá salga algo bueno de lo que le conté allá afuera. Tema sí tiene, falta ver si también talento.

¿No va a preguntar nada? ¿Qué va a escribir pues? Bueno, gracias por el desayuno. ¿Vuelve mañana? ¿O con esto ya tiene la historia? No, por nada… no más para que conversemos. Es que usted habla muy bueno. Acépteme este cigarrillo a cambio. ¿No fuma? ¿Entonces qué vicio tiene? Bueno, adiós pues, ¿nos vemos? Nos vemos en el espejo, será nos veremos. Y eso que tampoco. No creo que vuelva a verlo, pero ya sabe dónde encontrarme. Boro, boro, Marlboro.

Por Aymer Waldir

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