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Vuelva más tarde mijito

Ese día era también domingo como hoy y ya habían colgado las bombillas de colores en un árbol del parque.

ALBERTICO LIMONTA
23 de diciembre de 2013 - 06:35 p. m.

Cuando pasamos frente a la farmacia y vi que esa cosa que volaba daba vueltas y visos de colores y me dieron ganas de correr y agarrarla, pero como nunca la había visto sentí miedo también y más bien le apreté la mano a mi mamá y se la señalé; entonces ella me explicó que esa era una pompa de jabón y que no era un animal ni nada parecido, sino que era igual a un juguete que podíamos hacer en la casa con jabón y agua en un frasco, y que con un popo de mata de higuerilla se soplaba y entonces la bomba se inflaba con cuidado para que no se reventara y pudiera hacerla volar, así como hizo el niño que vimos y que ahora también está asomado en el balcón de la farmacia cantando y tocando una pandereta de tapas de gaseosa ensartadas en un alambre, porque ya comenzaron las novenas del Niño Dios y dentro de ocho días Él llega a todas las casas y les trae a todos los niños regalos, y aunque le he pedido que me traiga un triciclo, mi mamá me ha dicho que este año el Niño Dios va a estar pobre y, además, tendrá que traer más regalos, porque aquí en este pueblo de Marcelia han matado a muchas personas, así como a mi tío Manuel en la finca, y como no se sabe si al Niño Dios le alcance la plata para traerme el triciclo, esta mañana me pusieron los pantalones, la camisa y los zapatos buenos, y ella me trajo de la mano hasta la otra esquina del parque para que yo venga aquí, hasta la farmacia, salude como un niño educado y pregunte por don Carlos, que es el señor que ella me mostró, y que cuando lo vea entonces le dé un abrazo y le entregue la tarjeta que dibujé solo en una cartulina, aunque mi mamá me ayudó un poquito a pintar el yipe, y que le diga que yo vine a verlo porque quiero que me dé un aguinaldo, y por eso yo hice como ella me dijo, pero ahora me siento como triste y con pena, y quiero devolverme para la casa, porque entré a la droguería y abracé al señor que no era, y entonces él me dijo que tenía que volver después, porque don Carlos está en la finca y yo me confundí porque él es el hermano y a mí se me pareció al señor que estaba detrás del mostrador y que mi mamá me señaló ese domingo cuando conocí las pompas de jabón y me contó que era mi papá.

Por ALBERTICO LIMONTA

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