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Cortar cebolla es una de las escenas más habituales de la cocina doméstica. Bastan unos segundos frente a la tabla para que aparezca el ardor en los ojos y las lágrimas interrumpan el corte.
No se trata de una reacción emocional ni de una exageración, sino de un proceso químico que se activa en el momento en que se rompen las capas de la cebolla.
Según el portal de salud Healthline, al cortarla se liberan enzimas que reaccionan entre sí y producen un gas irritante llamado óxido de propanotial S, un agente lacrimógeno.
Cuando este gas entra en contacto con la humedad que protege los ojos, genera irritación y activa un mecanismo de defensa natural: las lágrimas, cuya función es expulsar la sustancia.
Desde la cocina, Directo al Paladar añade un dato clave: esta molécula sulfurada es altamente volátil y se inhala principalmente por la nariz, lo que ayuda a entender por qué muchos trucos caseros no logran evitar el lagrimeo.
Partiendo de ese comportamiento químico, hay prácticas sencillas que sí permiten reducir su efecto durante el corte.
Algunos métodos funcionales
Enfriar la cebolla
El frío reduce la volatilidad de los compuestos sulfurados. Tanto Healthline como El Español coinciden en que refrigerar la cebolla o meterla en el congelador entre 15 y 20 minutos antes de cortarla es uno de los métodos más eficaces y sencillos.
No cortar la raíz
La zona cercana a la raíz concentra más compuestos irritantes. Este método, popularizado por chefs profesionales como Gordon Ramsay, ayuda a reducir notablemente el lagrimeo.
Usar un cuchillo bien afilado
Un cuchillo sin filo aplasta las células de la cebolla y libera más gas. Un corte limpio y preciso reduce la cantidad de sustancias irritantes en el aire.
Ventilación inteligente
Cortar cerca de una campana extractora o usar un pequeño ventilador puede ayudar a dispersar los gases, siempre que el aire no apunte directamente al rostro.
Técnica y distancia: el factor clave
Directo al Paladar insiste en que la técnica lo es todo. Alejar ligeramente la tabla del cuerpo, evitar corrientes de aire y cortar con decisión reduce el tiempo de exposición al gas. Cuanto más rápido y limpio sea el corte, menor será el efecto en los ojos.
En conclusión, no existen trucos mágicos, pero sí buenas prácticas. Enfriar la cebolla, usar un cuchillo afilado, evitar la raíz y mejorar la técnica son métodos que pueden reducir ese ardor incómodo en los ojos.
Si te gusta la cocina y eres de los que crea recetas en busca de nuevos sabores, escríbenos al correo de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com) o al de Edwin Bohórquez Aya (ebohorquez@elespectador.com) para conocer tu propuesta gastronómica. 😊🥦🥩🥧